lunes, 27 de marzo de 2017

Fwd: “El modelo de prensa en Cuba tendrá que ser cambiado por uno en el que exista espacio tanto para la prensa oficial, como para la que no lo es” – Joaquín Borges-Triana

"El modelo de prensa en Cuba tendrá que ser cambiado por uno en el que exista espacio tanto para la prensa oficial, como para la que no lo es" – Joaquín Borges-Triana

Cuba Posible, en su esfuerzo por dar continuidad a las reflexiones sobre la prensa y la esfera pública en nuestro país, ha entrevistado al reconocido periodista Joaquín Borges-Triana, quien es una voz imprescindible del periodismo cultural cubano, donde destaca, de manera especial, su participación en la importante publicación El Caimán Barbudo. Llegue a Joaquín la felicitación del colectivo de Cuba Posible por recibimiento del Premio de Periodismo Cultural "José Antonio Fernández de Castro".

 1. ¿Qué te motiva a escribir sobre Cuba? ¿Desde qué espacio lo haces generalmente (blog, publicación digital)?

Estudié periodismo y me preparé para escribir desde algún medio de prensa. Dado que siempre he vivido en este país, por lógica natural hablo de lo que conozco y eso es  mi realidad como cubano. Ya luego hay otras motivaciones, como el amor que experimento por la cultura cubana en un sentido amplio y, de manera mucho más específica, por la música hecha desde este lugar del mundo, sobre todo la realizada por mis contemporáneos. En mi trayectoria profesional me he desempeñado en la prensa plana, revistas y periódicos; luego, con el surgimiento de las publicaciones digitales, también en ellas. Igualmente he trabajado en la radio, pero en esencia soy un hombre de la prensa escrita, ahora sin establecer distingos entre el soporte que recibe mis textos.

2. ¿Qué crees de la emergencia de toda una nueva zona de blogs y espacios periodísticos digitales que, tanto en Cuba como desde afuera, abordan problemas de la realidad nacional desde una perspectiva investigativa y crítica?

Yo creo que es algo natural, el lógico resultado del desarrollo que han tenido las TICs también entre nosotros. Además, lo analizo como parte de una riquísima tradición que ha habido en este país en cuanto a la formación de medios de prensa, sobre todo revistas, a partir de las afinidades ideoestéticas entre determinados grupos de amigos. Es algo que viene ocurriendo en Cuba y con los cubanos radicados fuera del país desde el siglo XIX. Incluso, si vas a la segunda mitad del decenio de los 80 de la pasada centuria, como expresión de ese parteaguas que representó la irrupción en el país de la generación nacida en Cuba en los 60, comenzaron a crearse en áreas como la literatura y la música disímiles fanzines, fenómeno que tuvo aún mayor auge en los 90 y que se extendió a otras parcelas de la esfera pública.

Es cierto que los fanzines eran de reducida tirada y, consecuentemente, de escasa circulación (en ocasiones, las impresiones se hacían "por la izquierda" en determinados talleres poligráficos), a lo que agregaría el que hasta el presente ese movimiento ha sido muy poco estudiado, pero en mi opinión ahí está el germen de lo que hoy está ocurriendo con el imparable surgimiento de blogs y espacios periodísticos digitales. En el florecimiento de estos medios coinciden dos factores: por un lado el auge de Internet, con las enormes posibilidades que ofrecen plataformas tan fáciles de manejar (como wordpress), y por otra parte, el arribo al sector de una nueva y muy bien formada generación, los llamados milenials, que para mí son los únicos que objetivamente están en condiciones de llevar a cabo las transformaciones que requiere tanto el periodismo hecho en Cuba, como el que se realiza en la diáspora.

3. ¿Qué crees del modelo de periodismo cubano tradicional? ¿Cuáles han sido sus logros y cuáles sus fallas?

De inicio habría que aclarar que el modelo de periodismo que funciona en nuestro país no es cubano, sino que fue importado de la Unión Soviética. Eso es algo sin discusión y demostrado por estudiosos del tema como el desaparecido Julio García Luis. Ese modelo no funcionó en la otrora comunidad de Europa del Este y, obviamente, ha tenido grandes limitaciones al aplicarse A Cuba, sobre todo en la medida que ha transcurrido el tiempo. Como logros yo mencionaría la voluntad de servir al pueblo y que ha caracterizado al periodismo en Cuba durante estos años; también aludiría al  esfuerzo por ofrecer la mayor información posible acerca del acontecer internacional; en áreas como la cultura, el deporte, la ciencia, en sentido general (más allá de etapas con mayor o menor amplitud de miras) los cubanos han podido estar al tanto de lo que sucede en cualquier rincón del mundo. Esos son logros incuestionables.

En cuanto a las fallas, yo diría que la prensa en el país no ha desarrollado modelos de autogestión y si lo ha hecho, no ha podido implementarlos; no se ha conseguido una verdadera eficacia informativa; asimismo hay falta de mayores espacios de reflexión y debate sobre temas de la agenda pública. Empero, la principal falla, en mi opinión, es que, en virtud del modelo imperante, los intereses periodísticos tienen que subordinarse a los intereses partidistas y de ahí que entre nosotros no acabe de quedar claro qué es el periodismo y para qué lo queremos.

4. Por un tiempo ya, y sobre todo en los últimos meses, se han publicado y reproducido ataques (e incluso amenazas) contra blogs, espacios informativos e individuos que no son parte de la plataforma periodística/ bloguera estatal. Algunas de estas entidades han sido acusadas de "ilegítimas" por informar una visión "contrarrevolucionaria", cuando se han planteado formas de revitalizar el propio concepto de revolución; se les ha tildado de mercenarias, cuando lo que han procurado es tener una plataforma básica que les permita existir. ¿Cuál es tu opinión sobre esto? ¿Cuán necesario es repensar el concepto de legitimidad en este contexto?

Primero, me parece importante dejar claro que entre los blogs, espacios informativos e individuos que no son parte de la plataforma periodística/ bloguera estatal hay de todo, como en la viña del señor. El tiempo de ser ingenuos pasó de moda y en esa variopinta comunidad hay quienes están ahí solo por ganar dinero, cosa que en lo personal yo no le critico a nadie, pues conozco de casos que me han comentado escriben para tal o más cual de estos nuevos medios porque con lo que ganan ahí pueden pagarse el alquiler en La Habana, cosa que no pueden hacer con el mísero sueldo que se da en los medios de prensa estatales. Eso por una parte.

Por otra, en cuanto a los ataques, no se puede obviar que entre nosotros hay un grupo (todavía grande e influyente) de personas que, incluso signadas hasta por buenas intenciones, tras el cierre de la rica etapa vivida en los años 60, en los que las polémicas de todo orden eran una forma de trasmitir y cuestionar las contradicciones entre la realidad y el ideal en el ámbito intelectual y en la esfera social, se han amoldado y educado en la idea  de específicos modelos de comportamiento, de "univocidad" y de intolerancia, al punto de convertirse en ejercitadores ambulantes de un criterio travestido, fuera de la imprescindible divergencia de opiniones. Esos extremistas o sectarios dogmáticos están prestos a sobrevalorar a cualquiera, convirtiéndole por un párrafo o por dos frases, en el enemigo. Ellos están "más allá" de la polémica. Ocurre que en Cuba la superestructura no se ha transformado tanto como se ha pretendido.

Ahora bien, para mí hay algo aún peor que lo anterior. Me refiero a que la intolerancia (problema que, como advirtiese Octavio Paz, no estaría tanto en el tipo de doctrina que se porta sino en la forma) entre cubanos que piensan distinto a la hora de discutir un problema, va más allá de las diferencias políticas e ideológicas, para formar parte de nuestra (in)cultura cotidiana. Pensar lo que otro nos dice y admitir que puede tener parte de o toda la razón, para nosotros es una proeza y así, hemos obviado una moraleja de Jorge Luis Borges: "Hay que saber elegir los enemigos, porque al final terminamos pareciéndonos a ellos". De ahí el hecho cierto de que entre nuestros compatriotas perduran las equívocas tendencias que confunden el debate y la discrepancia de corte intelectual, en el peor de los casos, con el linchamiento del enemigo o, en la menos desafortunada de las situaciones posibles, con el mero y llano intercambio de cortesías, por lo que promover y auspiciar la discusión con las múltiples voces e ideas de la esfera pública, no es solo un acto legítimo, sino también indispensable para progresar en la aspiración de alcanzar alguna vez un diálogo carente de dogmas y juicios totalizadores, en el que predomine un consenso signado por una buena dosis de serenidad y respeto.

5. El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no ha implicado un abandono de proyecciones de asedio a la soberanía cubana, específicamente, de la mentalidad de "cambio de régimen" promovida por Estados Unidos. La Administración Trump, a todas luces, no va a marcar un cambio de paradigma en este sentido.  ¿Cómo lograr potenciar un periodismo y una blogosfera participativos, críticos y renovados, pero a la vez, responsables, dentro del contexto del ya tradicional acoso que vive Cuba en su relación a su vecino del Norte?

Es difícil, muy difícil, pero hay que hacerlo, a pesar de cualquier tipo de Administración que prevalezca en Estados Unidos. El modelo de prensa en Cuba, tarde o temprano, tendrá que ser cambiado por uno en el que exista espacio tanto para la prensa oficial como para la que no lo es y donde, como expresé anteriormente, los intereses periodísticos no estén subordinados a los intereses partidistas.

sábado, 11 de marzo de 2017

Hablando del aborto

Por: Zaida Capote Cruz
Tomado de: https://asambleafeminista.wordpress.com/2017/03/09/hablando-del-aborto/

Estábamos en un panel sobre el discurso político en uno de los "Último
jueves" de la revista Temas y, en medio del intercambio final con el
público, mencioné el aborto y la posición de vulnerabilidad de ese
derecho conquistado hace tanto por las mujeres cubanas. Por un lado me
preocupa la insistencia en la necesidad de estimular la maternidad
como la clave del dilema poblacional que enfrenta Cuba, haciendo a un
lado o considerando menos decisivos otros factores como la ingente
emigración a los Estados Unidos —que debe haberse contenido un poco
tras la revocación de la llamada ley de pies secos, pies mojados— o la
inflación creciente y la reducción de los servicios sociales y
prestaciones que, aunque existentes, en la práctica no están
funcionando como se necesita.[1]

Mencioné además mi sorpresa ante un anuncio en la revista Palabra
Nueva, de la arquidiócesis de La Habana, donde se desplegaba un
llamado contrario a ese derecho constituido. "La nueva persona que se
ha formado EXISTE Y ESTÁ VIVA desde el mismo momento de la
fecundación", rezaba, para proseguir con tres lemas más: "El aborto:
destruye la vida", "Él tiene derecho a vivir" y "no arranques de ti la
vida que brota de tus mismas entrañas…".[2] Tras la discusión se me
acercó uno de los presentes para aclararme que no debía yo hablar del
aborto como un "derecho", sino como una "elección". Cualquiera
pensaría tal corrección razonable; sin embargo, ya sabemos cuánta
capacidad de elección tienen las mujeres que deciden acudir a un
aborto contra la voluntad de la sociedad, la familia o la pareja. En
Cuba el acceso al aborto legal, gratuito y seguro es un derecho de
toda mujer fértil, sea cual sea su situación social. Pensarlo como un
derecho de las mujeres suma contexto, pues la elección es previa a la
decisión, y es individual. Y en cada caso proviene de circunstancias
distintas. Cuando una mujer decide abortar, ya hizo su elección. El
derecho es, por el contrario, un bien colectivo, para todas por igual;
nos iguala a todas en el acceso a la salud.

La disminución de la calidad de los servicios médicos y la morosidad
en la atención primaria parecen complicar el proceso. No estoy muy al
tanto de los datos. Pero la percepción de que un derecho conquistado
corre peligro se confirma con el reciente premio a una cantante
cubana, en Viña del Mar, por una canción de tintes evangélicos,
contraria al aborto, coherente con lo más retrógrado del contexto
político chileno.[3] La débil regulación del espacio público, la poca
atención a los mensajes flotantes en el ambiente común, la lentitud en
discutir con claridad los temas pendientes sobre cómo organizar
nuestras vidas en sociedad (da lo mismo si se trata del Código de
Familia o de la Ley de Cine), traen aparejados el afianzamiento de
discursos sumamente conservadores y hasta contrarios a lo promulgado
por nuestras leyes y nuestras prácticas culturales.

En el contexto latinoamericano, el caso de Cuba es casi excepcional.
Salvo en Ciudad de México y en Uruguay, creo, donde el derecho al
aborto fue legislado hace poco tiempo, en el resto de América Latina y
el Caribe aún es ilegal y en muchos países incluso está sujeto a
penalización. En algunos se lucha apenas porque se autorice el aborto
terapéutico —no libre, seguro y gratuito—, y ni siquiera así han
podido avanzar. Nuestros cuerpos son el territorio donde se dilucida
el destino nacional, su apropiación por el Estado forma parte de la
razón política del patriarcado y es difícil renunciar a ese poder,
entender que las únicas derechohabientes sobre su cuerpo son (somos)
las mujeres mismas. Un hecho como la revolución cubana consiguió
horadar esa telaraña viciosa de sujeción de las mujeres a la biología
y lo corporal, y en su apelación a la incorporación al trabajo
regularizó la práctica del aborto libre, seguro y gratuito como parte
del sistema de salud pública y contribuyó a la vivencia íntima del
placer sin culpa, con la disponibilidad, además, de métodos
anticonceptivos. La situación hoy es, cuando menos, preocupante.

Hace poco pasó por La Habana Mabel Bellucci y nos dejó su libro
Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo, sobre la larga
lucha por la legalización del acceso al aborto seguro, libre y
gratuito en Argentina. Es un libro magnífico en su multiplicidad
porque integra las voces de quienes protagonizaron esas luchas,
compilando materiales de difícil localización, rebuscando en los
recuerdos y los archivos de las participantes, reuniendo testimonios
diversos y ofreciendo, asimismo, rutas para la solidaridad con el
ejemplo de grupos de trabajo, apoyo y activismo que acompañan a
mujeres que abortan fuera de la ley. El libro, que se lee como el
relato múltiple de una experiencia común, compartida y sostenida a lo
largo de varias décadas, comienza su registro en los años 70 del siglo
pasado y funciona también como un manual de instrucciones que cada
quien puede aprovechar para aprender o decidir cómo actuar en casos
semejantes. A mí me alegró mucho saber que gente que quiero y con la
que sin embargo nunca hablé del tema ha estado muy metida en esa
lucha. Estoy segura de que cuando vuelva a Buenos Aires veré la ciudad
con otros ojos, pensando en esa historia antes ignorada que el libro
de Mabel nos pone ante los ojos.

Me hizo recordar un par de novelas de los años 20 en que aparecían
sendas escenas de aborto ilegal, con toda su sordidez y, por supuesto,
sus mortíferas consecuencias. En La gozadora del dolor (1922), de
Graziella Garbalosa, y La gallega (1927), de Jesús Masdeu puede
hallarse ese testimonio de época, porque el tema se discute desde hace
mucho, desde que el primer aborto inseguro cobró su primera víctima.
La legalización y el libre acceso al aborto seguro en el sistema de
salud pública cubana es otra de las conquistas cuya permanencia
depende de cómo gestionemos el espacio público y las intervenciones en
él. Es preciso no olvidarlo.

[1] Véanse, a propósito, las recientes "Disposiciones jurídicas para
proteger la maternidad de la mujer trabajadora", publicada en la
Gaceta Oficial de Cuba, número 7, extraordinario, el 10 de febrero de
2017.

[2] La imagen adjunta proviene de la página 17 del número 265,
correspondiente a diciembre de 2016, de esa publicación.

[3] No conozco la canción de marras. Escribo a partir de la discusión
del premio en https://paquitoeldecuba.com/2017/03/01/rapera-cubana-contra-un-derecho-de-la-mujer-chilena-y-con-el-aplauso-de-granma/

jueves, 9 de marzo de 2017

Mujeres e ideología de género

Por: Alberto Roque Guerra
jueves, 9 de marzo de 2017

Hoy, cuando pasado el Día Internacional de la Mujer, se reproducen los silencios en relación a las féminas en la mayoría de los espacios y contextos, quiero referirme a la ideología de género.

El término en cuestión, enarbolado por la Iglesia Católica Apostólica y Romana, se refiere a los principios ideológicos que inspiran las luchas de los movimientos de derechos humanos feministas y de las personas trans.

El Estado Vaticano y sus dispositivos de poder bien engrasados pretenden asirse con la peregrina idea de que la dominación masculina es parte de una Ley moral natural. Es decir, las bases del patriarcado y toda su carga maligna, violenta y excluyente no es ideología, es natural, inamovible y justifica los crímenes pretéritos y presentes contra las mujeres.

En tiempos pasados, ellas no tenían almas y eran consideradas brujas, categoría específica para denominar y condenar su herejía, ahora son negadas y demonizadas cuando transgreden ese orden «natural», que descaradamente pretenden presentarlo como desideologizado.

El aborto y la transexualidad son las zonas más delimitadas como blancos de la ideología de género patriarcal. Son temas recurrentes y obsesivos sobre los cuales se construyen nuevos regímenes de verdad.

El tema del aborto ocupó recientemente algunos espacios noticiosos, cuando la rapera cubana Danay Suárez recibiera el premio especial Gaviota en el Festival de Viña del Mar de Chile. Además de cambiar la letra de su canción (por el que sería automáticamente descalificada) amplió su posición en contra del aborto durante sus palabras de agradecimiento.

Suárez tiene todo el derecho a expresar su opinión y aunque ha nacido y crecido en un país donde el aborto es legal y se garantizan los derechos reproductivos de las mujeres cisgénero (no transgénero) heterosexuales, fue laureada extraordinariamente desde basamentos patriarcales y conservadores. Si esto no es ideología que alguien me explique la excepcionalidad de este premio y por qué en Chile y en la mayoría de los Estados que se autoproclaman laicos en la región el aborto sigue siendo ilegal.

Aunque el periódico Granma y algunos sitios digitales se pronunciaron favorablemente sobre el premio a la cantante cubana, no hicieron mención a sus palabras. Quiero pensar que no lo sabían, que fueron superficiales, pero ahora que lo saben me preocupa profundamente: la rapera Danay Suárez no está sola en Cuba, las posiciones Pro Vida (antiaborto) son más frecuentes de lo que creemos y están en todos los niveles del tejido social cubano.

Resulta llamativo que exista todo un marco conceptual desde la Bioética personalista (estandarte de la ideología cristiana, fundamentalmente católica) que considera el comienzo de la vida humana desde la concepción y en consecuencia al aborto terapéutico como moralmente inaceptable. Dicho enfoque es muy fuerte en América Latina.

Hablando de silencios y omisiones cómplices es necesario destacar que los opositores a la llamada ideología de género a nivel global y local hacen mutis en relación a las muertes maternas durante el embarazo y al parto y no está clara su posición ética sobre aquellas que son víctimas de la violencia machista.

Aunque hasta el mismísimo Papa Francisco y la Bioética personalista muestran preocupaciones serias y profundas en cuanto a la conservación de la vida y el medio ambiente, jamás se refieren al papel de la ideología de género patriarcal en la depredación ambiental, tal y como lo plantea el ecofeminismo y sus diferentes corrientes.

Que nadie lo dude, la lucha por la equidad y los derechos de las mujeres es ideológica. Las féminas son más que una clase social y debe desarraigarse de la academia, de la cultura y de la política de todos los atributos y roles que impliquen su subordinación natural al patriarcado.

Cuando digo mujeres se hace extensivo a las mujeres migrantes, a las mujeres de piel negra, a las mujeres transexuales, a las mujeres lesbianas, a las que se resisten fluidamente a las asignaciones culturales dominantes de lo femenino, a las trabajadoras sexuales y también a los hombres. Porque no habrá equidad de género si no se producen cambios profundos y radicales en todos los seres humanos.

Más que flores y homenajes sindicales y mediáticos formales a las mujeres por el 8 de marzo, se requiere de cambios en el plano de las ideas. [Santos Suárez, 9 de marzo de 2017].

jueves, 2 de marzo de 2017

El asunto de las croquetas

Por Dr.C. Juan Triana Cordobí, 27 de Febrero de 2017
Tomado de: http://oncubamagazine.com/columnas/el-asunto-de-las-croquetas/

Estaba sentado en el contén de la acera cuando me vio llegar al parque, ya conectado él a la WI-FI, yo en busca de la conexión. Me miró sonriente y no dejó que me sentara, me dijo de inmediato: "Te equivocaste en aquel artículo de la puerta de los P. El asunto no es que los chóferes solo abren una hoja de la puerta delantera para que los pasajeros suban; lo que tenías que haberte preguntado era si esa es la puerta más conveniente para facilitar que los pasajeros suban, si lo que se quiere en realidad es facilitar ese asunto".

Y siguió: "Si el propósito real fuera facilitar la entrada entonces la puerta de subida debía ser la del medio y así no se producirían los tranques en los pasillos y el chofer no tendría que estar diciendo constantemente '¡Arriba, caballero, avanzando hacia atrás!'".

Su argumento fue demoledor, me di cuenta de que podía haber cometido lo que en estadísticas se llama error tipo dos; esto es, aceptar algo falso. Asumí que el propósito de la "regulación" que establece que la subida en los ómnibus es por la puerta delantera era facilitar el acceso al servicio. Sin embargo, Goyo, que de no ser por él mismo y por la herencia hubiera sido un magnífico artista de la gráfica, con grandes trazos dibujó un "P" en la calle, me hizo el diagrama de flujo de los pasajeros en el interior del ómnibus y yo me quedé sin argumentos.

Entonces me preguntó: "¿Con tantos ingenieros en transporte y otras cosas tú crees que alguien no se ha dado cuenta antes que yo? Aquí faltan otras cosas, pero talento, mi herma, talento todavía se sobra".

Regular es quizás el mayor de los retos para cualquier gobierno, ya sea local o nacional, de izquierda o de derecha, capitalista o socialista. Hacerlo bien es el más duro de todos los ejercicios, es quizás una de las metas más difíciles de lograr.

Salvo muy raras excepciones, las regulaciones generan ganadores y perdedores. El arte está en que el saldo de la regulación sea positivo. Para lograr que sea ese el resultado hay que validar de manera precisa el propósito de la regulación y su coherencia con el fin deseado. Por eso es importante aclarar un grupo de aspectos. Por ejemplo:
¿Cuál es el propósito real de la regulación, qué se pretende con ella?
¿Es consistente ese propósito con aquellos otros objetivos más estratégicos / decisivos / importantes?
¿Cuándo se debe implementar la regulación?
¿Cómo se debe implementar para que sus efectos dejen un saldo positivo?
¿Hay un mínimo de condiciones para hacerla cumplir?
¿El costo de hacer efectiva esa regulación es mayor que los beneficios que reporta?
¿Cuáles son los impactos colaterales que provoca?
¿Quiénes se benefician? ¿Quiénes se perjudican?

Hay, además, que tener un sistema de información que alimente esa decisión, y permita informar a los regulados y a aquellos otros que, sin ser regulados, son afectados por esa regulación.

También hay que tener un sistema de contrapesos que permita las correcciones adecuadas si estas son necesarias. El mejor de los propósitos a lograr puede malograrse si no existen esos contrapesos que, por omisión, den la capacidad a los regulados de anteponer sus propios argumentos y llegar a consensos que hagan mas eficiente esa regulación.

Aferrarnos a regulaciones extemporáneas parece no ser el mejor de los caminos para solucionar algo. Recuerdo siempre que a inicios de este proceso de transformaciones iniciado en 2007, el Presidente cubano tomó un grupo de decisiones para erradicar algunas de esas regulaciones extemporáneas; como por ejemplo, la prohibición de que los cubanos pudiéramos tener de forma legal una conexión de telefonía celular, o aquella otra que nos convertía en extraños en nuestros propios hoteles (nuestros en el sentido exacto de la palabra, pues son propiedad de todo el pueblo) o la que no nos permitía comprar y vender nuestras propias casas, o la que nos impedía viajar al exterior cuando cada cual lo decidiera si lograba los recursos necesarios.

Esas "regulaciones / prohibiciones" ya eliminadas, mientras existieron generaron formas de comportamiento ciudadano para nada cercanas a nuestras aspiraciones, promovieron cadenas de corrupción, permitieron apropiaciones de rentas que no eran producto del trabajo y facilitaron el enriquecimiento ilícito de muchas personas. Lo peor: generaron en nuestra población una cultura de tolerancia cuyos costos aún estamos pagando.

Nadie en el mundo de hoy, de cualquier filiación ideológica o política, se atreve a negar la necesidad de los sistemas regulatorios, en especial en la economía. Los argumentos de su necesidad se mueven en un intervalo que justifica su existencia debido a la necesidad de corregir las fallas del mercado, hasta aquel otro extremo que los admite como "sustituto" total del mercado. Nosotros también nos hemos debatido dentro de esos extremos y aún lo hacemos.
No hay sistemas regulatorios perfectos, todos son perfectibles. No hay regulaciones eternas, todas terminan siendo sobrepasadas por nuevas realidades y nuevos fenómenos que requieren de nuevas regulaciones, distintas a las anteriores.

Nos pasa eso hoy en Cuba: tenemos una economía y una sociedad mucho más diversas, hay nuevos agentes económicos y actores sociales, han surgido nuevas necesidades y relaciones entre esos agentes y todo ello obliga a nuevas regulaciones; pero, sobre todo, a que esas nuevas regulaciones respondan a estos nuevos tiempos.

El "asunto almendrones" es solo un caso de regulaciones que producen efectos no deseados. Tan o más importante que el primero son otros como el "asunto sustitución de importaciones" o el "asunto promoción de exportaciones", o el "asunto inversión extranjera" o el "asunto libreta de abastecimiento", el "precios topados", "no contratación directa de trabajadores en firmas y compañías extranjeras en Cuba", etcétera.

Al final son todos temas asociados a sistemas regulatorios que no generan los incentivos adecuados y no producen los efectos esperados, o producen junto a los efectos esperados otros no deseados que provocan un saldo negativo final. Hay muchos más, como es de esperar, pero no es el propósito listarlos todos.

Como casi siempre ocurre, es mucho más fácil hablar sobre las regulaciones que hacerlas e implementarlas. Eso también es cierto.

Un buen amigo especialista en temas de economía institucional me dijo una vez que la peor regulación es casi siempre alguna que ha durado tanto que se ha desvinculado del propio objeto y sujeto de la regulación.

Pero también me afirmó que resulta decisivo entender los límites de la regulación y que esos límites están primero que todo en el sistema legal que protege a los ciudadanos de cada país, incluso de esas mismas regulaciones y de la forma en que en ocasiones se aplican.

Traigo una anécdota recién vivida: El sábado 25 de febrero de 2017 frente a la tienda la Época fui testigo de una de esas raras situaciones que se han hecho a veces cotidianas. Galiano, 11 de la mañana, invierno típico cubano (30 grados centígrados) un señor de unos 65 años arrastraba, sudoroso, un carrito improvisado (una caja de plástico con cuatro ruedas) dentro de la cual había unos veinte paquetes de croquetas de las que venden en los mercados en pesos cubanos con 10 unidades por paquete. Dos inspectoras lo detuvieron y preguntaron por el origen de las croquetas, a lo cual el respondió que eran compradas en un mercado cercano. Una de las inspectoras le dijo que podía ser multado por ¡acaparamiento!

Me llamó la atención la figura usada para tipificar la supuesta transgresión, en especial porque no he encontrado nunca una norma que defina cuántas croquetas adquiridas por una sola persona la convierte en un "acaparador".

¿Y si las croquetas son para la fiesta del cumpleaños de su nieta? ¿Y si son para un "motivito temba" con los "antiguos del pre"? ¿Si se las quiere enviar a su numerosa familia de alguna provincia lejana donde las Prodal no llegan?

No se cómo terminó aquel incidente, pero se me quedó en la mente la expresión del hombre de las croquetas, vi el desamparo dibujado en su rostro, ante la necesidad de tener que explicarle a alguien que lo presumía acaparador sin haberlo demostrado, cuál era el destino de sus croquetas.

En parte ese incidente me provocó escribir estas líneas. También me convenció de que una parte importante de la efectividad de las regulaciones –quizás decisiva–está en las personas encargadas de hacerlas cumplir.

Hoy tenemos la ventaja de tener definiciones importantes sobre el futuro del país, que junto a nuestra Constitución deben servir de marco de referencia a cualquier regulación. Teniendo ambos documentos delante, creo que debemos preguntarnos, como al inicio de las transformaciones: ¿Cuán obsoletas han quedado algunas de las regulaciones actuales? ¿Cuáles otras regulaciones necesitamos? ¿Cómo asegurarnos de que su implementación nos produzca un saldo positivo?

jueves, 23 de febrero de 2017

Esa gran plaza de toros que es La Habana

En La Habana caminar por la calle es un placer que se extiende cada vez más. La justificación es que las aceras están en muy mal estado... como si las calles estuvieran mejor!

Aunque en 1899 el gobierno interventor americano prohibió la corrida de toros en Cuba -por suerte, algo que se agradece!- cubanos y cubanas han demostrado llevar en la sangre un fuerte componente ibérico para demostrar su estirpe, mejor que el famoso Masantín. Jóvenes, adultos y ancianos, muchas veces hasta con niños en brazos o en carritos, desafían los más diversos peligros de la vía pública para practicar esa vieja tradición del tiempo colonial: torear! Y Oleee! Ahora con mayor peligro para sus vidas: ante carros y motos.

No importa que sea en la céntrica calle 23, en la caótica 10 de Octubre o la peligrosísima Vía Blanca, la gente se lanza al ruedo, lo mismo para parar carros -ahora con más desesperanza con las nuevas regulaciones, con brazos alzados en medio de la calle-, que para cruzar semaforos, jugar a lo que sea o simplemente pasear, porque los toros les tienen que respetar. Es una frenética competencia entre humanos y animales de la cual, gracias al poder divino y a la habilidad Ibérica que han desarrollado los habitantes de esta ciudad, la gran mayoría de las veces salen ilesos. 

Solo la gran mayoría de las veces. Porque si no hay más accidentes fatales en La Habana es porque los choferes hacen maravillas para sortear baches, almendrones, ausencia de señales visibles, escombros, guaguas largas y desenfrenadas... y toreros!