lunes, 15 de octubre de 2018

Una Habana bendita en novela de Antonio Arroyo

Tomado de: http://www.uneac.org.cu/secciones-periodisticas/resenas/una-habana-bendita-en-novela-de-antonio-arroyo


Imbuido por las celebraciones de la ciudad maravilla y el medio milenio que cumplirá, el actor, filólogo y teatrista Antonio Arroyo presentó en la tarde del lunes 10 de septiembre en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC su más reciente novela titulada "Bendita Habana". Aunque es una vieja idea, en la que lleva trabajando muchos años– que ya incluyó una obra musical y un audiovisual –, el resultado literario pudo ser presentado gracias al entusiasta apoyo y trabajo de Artex con su casa de Ediciones Cubanas.

En representación de esta editorial, Tania Vargas hizo la introducción al libro en la que lo calificó de una novela muy difícil, pues logra imbricar dos lenguajes — el de la televisión y el de la literatura— en una Habana como protagonista que transcurre en dos épocas: a principios del siglo XIX, con el Obispo de Espada como centro de atención, y la Cuba actual. Aunque ambos momentos se unen a través de una prenda religiosa, en la lectura se descubren paralelismos que van más allá del tiempo y las épocas.

Resaltó que la crítica la ha señalado como una obra "altamente recomendable", pues sigue una línea argumental donde hay de todo: problemas raciales tratados sin rencor, conflictos familiares y personales, cuestiones sociales, históricas y políticas de dos períodos históricos tan distantes, hasta tratar la actualidad en un estilo que calificó de "realismo limpio", pues no le hace falta regodearse en los aspectos negativos para tratar la realidad más cruda de la Habana contemporánea.

Por su parte, Bárbara Rivero consideró la novela como destacable por representar un momento particular en el discurso literario cubano actual, en el cual quebranta las normas de la composición y llega a un lenguaje conversacional hiperrealista, con un preciosismo extraordinario en la narrativa de los ambientes y la descripción de los personajes históricos.

Sus personajes son verdaderos y el autor logra combinar su lucha por la supervivencia con su confianza en la justicia, luchando contra el racismo y la desigualdad. Así logra un paralelismo en la historia, desde la actualidad hacia La Habana del siglo XIX y las obras del benefactor Obispo Espada."Ha querido revisitar el punto de partida de los ideales que dieron luz a la nacionalidad cubana", indicó, y en la lucha por una vida mejor se trata del "aquí y el ahora de nuestra Bendita Habana", concluyó.

Como parte de la entrega, Antonio Arroyo también presentó el documental que realizara en 2012 sobre Juan José Díaz de Espada, ordenado Obispo de La Habana en los primeros años del siglo XIX – entre 1802 y 1832– que vino a Cuba con afán de renovación, para tratar de llevar la ciudad a lo más moderno de la época.

De la mano de los destacados historiadores Eduardo Torres Cuevas, Eusebio Leal y el Monseñor Carlos Manuel de Céspedes se presenta la imagen de un prelado generoso, adorado por los jóvenes intelectuales de la época, que hizo valer su esfuerzo y su autoridad en función del beneficio de la ciudad.

Destacaron, entre sus más relevantes contribuciones, no solo que se hicieran los enterramientos en camposantos y la inauguración de los primeros cementerios —su legado más conocido, con el Cementerio de Espada—,  sino también la promoción a la investigación científica y el uso de las vacunas contra las viruelas —con el apoyo que le brindó al Dr. Tomás Romay—, el interés por el estudio de la música y de la filosofía —con el soporte brindado al presbítero Félix Varela—, la prédica sin piedad a favor de la supresión del comercio de esclavos, la invitación a pintores famosos del mundo para trabajar en los frescos de la ciudad y la incitación a la creación de una escuela de bellas artes e incluso la implementación de una primera reforma agraria, contra el latifundio y el acaparamiento de tierras.

martes, 4 de septiembre de 2018

Weak Evidence for Microwave Radiation in U.S. Embassy

It's the latest theory—but is it true?
Posted Sep 02, 2018 in Psychology Today
By: Robert Bartholomew Ph.D.
There is a new explanation making the rounds for the mystery illness responsible for sickening 25 U.S. embassy staff in Havana, Cuba, beginning in late 2016: microwave radiation.  On September 1, 2018, the New York Times carried the headline: "Microwave Weapons are Prime Suspect in Ills of U.S. embassy Workers."  Dr. Douglas Smith, one of the lead authors of a recent study of 21 of the affected staff members, told the Times that microwave radiation could be the culprit.  His musings have naturally received significant media attention.  Smith helped to write a recent study on the mysterious illness outbreak in Cuba in the Journal of the American Medical Association.
There's only one problem with the microwave theory: There's very little evidence to support it.  A similar explanation was proposed late last year by James Lin, an Electrical and Computer Engineer at the University of Chicago, who argued that the Cuban illnesses could have been caused by targeted microwave pulses.  The trouble with this hypothesis is that it would require a massive transmitter and the target would have to be right next to the antenna.  It's just not feasible.  Those reporting symptoms were not at the embassy, but in their own homes or in one of two major Havana Hotels.  To target staff in these venues is not only impractical, it doesn't make any sense.             
Curiously, when the JAMA study was published earlier this year, the microwave explanation wasn't even considered.  The researchers claimed that a mysterious energy source had affected the brains of their patients.  The study included phrases like "we must continue to withhold certain sensitive information" and "despite the preliminary nature of the data."  Any time scientists withhold information and ask you to trust them, it is a giant red flag.  Their study was filled with flaws and made claims that were not supported by the data.  That they began their study by stating matter-of-factly that their purpose was "To describe the neurological manifestations that followed exposure to an unknown energy source," tells you all you need to know.  This statement demonstrates from the onset, a lack of scientific rigor.  When you take away the dubious claims of white matter track changes (which are common in everything depression to normal aging) and concussion-like symptoms (for which there was no clear evidence), we are left with a classic outbreak of mass psychogenic illness.
Spread to China
Earlier this year there were claims of a similar 'acoustical attack' in China.  The Chinese twist makes the likelihood of some type the of attack even more improbable.  The manner in which the State Department responded to the new attack claims was quite sensational and unnecessarily alarmist; it issued an alert based on vague symptoms (dizziness, headache) from just two diplomats in Guangzhou.  Apart from ambiguous stomach pain, these two symptoms have to be among the two most common medical complaints in the world.  The State Department's mishandling this case is a recipe for what I call 'The Sonic Attack Scare' (or if you like, 'The Microwave Panic') spreading even further.  The U.S. has nearly 300 physical embassies, consulates and diplomatic missions around the world with thousands of employees, everywhere from Afghanistan to Zimbabwe, all with staff who are now on the lookout for strange sounds and vague feelings of illness.  This is a classic mass hysteria setup.  The groundwork has been laid for future "attacks" via mass suggestion.  As a result, this saga seems destined to continue with no end in sight.
Here's the bottom line:  It's all well and good to speculate but show us some evidence.  So far, it's not there, so I am going with Occam's Razor: The simplest explanation is the most likely. In this case, the most plausible explanation that is grounded in mainstream science is mass psychogenic illness.  Not long ago, the prestigious science journal Nature published an article by Sharon Weinberger reviewing the progress in the development of microwave weapons.  Titled, "Microwave Weapons: Wasted Energy," it concluded that "Despite 50 years of research on high-powered microwaves, the U.S. military has yet to produce a usable weapon."  Ouch!  A piece of advice: Stick with mainstream science and the known, before speculating about exotic, far-fetched explanations, and the unknown.
References
Bartholomew, Robert E., and Perez, Dionisio F. Zaldivar (2018). "Chasing Ghosts in Cuba: Is Mass Psychogenic Illness Masquerading as an Acoustical Attack?" The International Journal of Social Psychiatry 64(5):413-416.
Bartholomew, Robert E. (2018). "Neurological Symptoms in US Government Personnel in Cuba." Letter.  Journal of the American Medical Association 320(6): 602 (August 14). 320(6): 602 (August 14).
Bartholomew, Robert E., and Perez, Dionisio F. Zaldivar (2018). "Sonic Attack Claims Stir Controversy in the United States." Op Ed. Swiss Medical Weekly, February 23: 1-2.

viernes, 24 de agosto de 2018

El lenguaje es política

Ridiculizar el lenguaje no sexista es una forma grotesca de defender una posición de poder
Hablar de lenguaje no sexista levanta ampollas que nada tienen que ver con las palabras, la gramática o la lingüística y mucho con el poder y la política. El lenguaje es ideología, representa una sociedad y una cultura y, por supuesto, representa un poder. Renunciar al lenguaje sexista es renunciar a continuar ejerciendo el poder. Y ahí es donde encontramos la resistencia numantina de quien custodia el sistema patriarcal. No defiende el lenguaje. Está defendiendo una ideología y estamos hablando de política por mucho que nos quieran hacer ver otra cosa. Hablemos claro, el corporativismo masculino está defendiendo la mirada androcéntrica, patriarcal y machista que los sitúa, a ellos —porque mayoritariamente son hombres— en el centro del poder.
La lengua, y con ella el lenguaje, evoluciona de acuerdo a las necesidades de cada época. Tiene la capacidad de reflejar la realidad y también de ayudar a construirla. Por ello mismo, necesita adaptarse a los cambios y si no lo hiciera seríamos incapaces de comunicarnos. Aún estaríamos hablando de abarrir en vez de destruir; de dolioso en vez de dolorido o de hisopo en vez de húmedo, o de darve, citerior, gumía o zacatín, por poner unos ejemplos. ¿Quién nos entendería? Nadie, o quizás sólo las personas que ocupan los sillones de la Real Academia Española. Parece que hay paladines de la lengua que no quieren admitir la capacidad de renovación, evolución y adaptación que lleva implícita cualquier lengua. Peor aún, defienden la inmovilidad como un valor en positivo en vez de una debilidad manifiesta y contraria a la esencia de toda lengua.
Ya somos muchas las que no nos sentimos incluidas en el masculino gramatical
Y en esta defensa nos encontramos periódicamente con campañas agresivas y absurdas que usan falacias y ataques furibundos para ridiculizar los argumentos de quienes defendemos el lenguaje no sexista. Nos dicen que el genérico masculino, en tanto que género no marcado, es inclusivo del femenino. Pues les decimos que no, que no lo incluye ni lo pretende. El masculino a veces es específico y a veces genérico. Requiere de un esfuerzo para entender cuando incluye a unos y otras o solo a unos, e incluso sólo a unas. Ya somos muchas las mujeres —y algunos hombres— que no nos sentimos incluidas —así, con a— en este masculino gramatical. Entendemos que este masculino es, sencillamente, un instrumento para invisibilizar, silenciar y menospreciar a las mujeres y así perpetuar un patriarcado que no nos quiere con voz, ni en el espacio público, ni en la toma de decisiones. Esta es la verdadera intención que subyace en el mal llamado masculino genérico.
Y si vamos de las falacias argumentativas a los ejemplos concretos, la situación llega al ridículo cuando se satirizan las formas dobles. Volvemos a repetirlo, no estamos a favor del uso indiscriminado de las formas dobles; ni tampoco queremos hablar de cebros y cebras; de jirafas y jirafos o de señoro y periodisto, ni estamos en contra de la economía del lenguaje, a la que defendemos con ahínco desde el periodismo. Pero sabemos que el lenguaje tiene múltiples recursos para expresar la realidad sin necesidad de señalar el sexo o de recurrir a las formas dobles, que dicho de pasada, se hacen servir con más frecuencia de lo que parece y nadie se sorprende cuando se dice "señoras y señores". Podemos utilizar genéricos, nombres abstractos y epicenos; substituir el nombre por un pronombre; utilizar determinantes sin marca de género; elidir el sujeto; eliminar el artículo… y así hasta una infinidad de mecanismos que determinados lingüistas y académicos —con o— parecen ignorar.
Esto, señores, es lo que hacemos, y ridiculizar la propuesta feminista de lenguaje no sexista es una forma perversa y grotesca de defender una posición que, se diría, no tiene argumentos. Ustedes lo saben bien. No estamos hablando de lenguaje, hablamos de ideología y de política. Porque a través de la lengua nos construimos, nos socializamos e interpretamos el mundo. Si las mujeres no aparecemos ¿dónde estamos? Ocultas, silenciadas, en casa. Como nos quiere el patriarcado. Así que, señores, no es que confundamos la gramática con el machismo, es que el uso académico de la lengua, que no ella, es machista, y en consecuencia el lenguaje, entendido como la capacidad humana que conforma el pensamiento, perpetúa este machismo. Y, sí, el lenguaje no sexista es un arma ideológica y política capaz de reflejar otra realidad y contribuir a la destrucción del poder patriarcal. Y claro, esto duele. Lo sabemos.
Isabel Muntané es periodista y codirectora del máster Género y Comunicación (UAB).

Scientists doubt alleged “sonic attacks”

August 23, 2018
WASHINGTON, DC – Since late 2016 until recently, staff of the U.S. embassy in Havana (including some who were reportedly part of the local CIA station / https://www.thenation.com/article/what-the-us-government-is-not-telling-you-about-those-sonic-attacks-in-cuba/) began to complain of a broad range of symptoms, including headaches, hearing loss, vertigo, insomnia, weakness, fatigue, memory problems, loss of concentration and others. They associated these symptoms to noises of uncertain description and origin, which were dubbed by the U.S. government as "sonic attacks," a name that was enthusiastically adopted by the media. A few Canadian diplomats and some routine travelers to Cuba have also since been reported to have experienced similar symptoms.  
Without any proof, the Trump administration alleged that Cuba was behind the "attacks," although, in the face of growing evidence against such a theory, it has since traded the "attack" term for the accusation that Cuba has "failed to protect" U.S. diplomatic personnel. The Cuban government has vehemently denied it; and it is hard to imagine that Cuba would take such foolish steps to endanger the fragile gains of the change in Cuba policy under the Obama administration. In any event, the matter rapidly escalated to a confrontation between the two countries.  
The U.S. unilaterally withdrew much of its personnel from the embassy in Havana, expelled most Cubans form their embassy in Washington, and later issued a travel alert warning of the "dangers" of travel to Cuba. These measures, along with other restrictions imposed by the Trump administration, have seriously damaged the modest improvement in relations implemented by the Obama administration, especially but not only the routine consular activities necessary for travel between the two countries.
The cause of these reported health complaints remained a mystery, at least apparently until the administration commissioned a study of the affected individuals by a group of experts based at the University of Pennsylvania (https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2673168). Their high-profile study, published in March of this year in the prestigious Journal of the American Medical Association, alleged that the symptoms were neurological problems akin to mild concussions, without evidence of impacts or other brain injury, even postulating a possible new syndrome that required further research. They did not put forward an explanation for the cause or the mechanism of the reported health effects, and the report was accompanied by a commentary and an editorial that highlighted numerous shortcomings of its underlying science.
Most importantly, however, the study discounted the possibility that the health complaints could be explained as a mass psychogenic episode (an episode of psychological origin). These are events that occur when a group of closely related individuals under stress—as was the case of the U.S. embassy personnel—manifest a group of apparently unrelated symptoms of unknown cause, including those reported from Havana.  
The term "mass hysteria" has also been commonly used to describe this phenomenon, but it is emotionally-charged and very misleading: it suggests that the individuals involved are "crazy" or are faking the symptoms. That is not the case. In true psychogenic episodes the symptoms experienced by the individuals are real, and they come about because of as yet poorly understood relationships between the brain and other body systems. It can happen to any of us.  
But the story hardly ends there. As early as January of this year, Robert E. Bartholomew, PhD, an expert on psychogenic illnesses, forcefully challenged the congressional testimony of the State Department's medical director, who rejected a psychological cause. Bartholomew, who described reading the testimony "in stunned disbelief," elegantly described how the incident fit perfectly the characteristics of a mass psychogenic episode (https://www.psychologytoday.com/us/blog/its-catching/201801/sonic-attack-not-mass-hysteria-says-top-doc-hes-wrong). "If these same symptoms were reported among a group of factory workers….you would get a very different diagnosis, and there would be no consideration to a sonic weapon hypothesis." Indeed, I have been witness to more than one such episode in industrial environments in my long career evaluating workplace health hazards.
And there is more.  
In a letter to the Guardian in June of 2018, a group of 15 experts from the U.S., UK, Germany and Cuba wrote—in reference to the Pennsylvania study—that the "work is deeply flawed, and does nothing to support the attack theory." (https://www.theguardian.com/world/2018/jun/01/cuba-sonic-attack-conspiracy-theories-and-flawed-science).  
Two other experts, in yet another article (https://thepsychologist.bps.org.uk/volume-31/july-2018/neuropsychological-impairments-everybody-has) which was later published as a letter in the Journal of Neurology—showed that the method of analysis of the Pennsylvania study sponsored by the State Department used a "pseudo-scientific approach." They concluded that "it is hard to understand how claims like this….could pass any meaningful peer-review process." A critique as harsh as this is seldom seen in such a serious scientific journal.  
And last but not least, ten scientists recently published four scathingly critical letters in the very Journal of the American Medical Association in which the results of the Pennsylvania study originally appeared (https://www.buzzfeednews.com/article/emilytamkin/jama-letters-criticism-sonic-attacks-study-pennsylvania). The scientists include those mentioned above, plus others from several countries and prestigious academic institutions. They point in their letters to the multiple scientific flaws of both the methods and conclusions of the Pennsylvania study, which are far too numerous to try to summarize here.
So where does this "mystery" stand today? For one, it seems certain that the Pennsylvania study was deeply flawed, and that psychogenic factors—if not the sole cause of the episode–certainly played an important part. But perhaps the best statement of where things stand can be found in the words of the group of fifteen scientists mentioned above, who also wrote that "we hope that sober and calmer heads will prevail in de-escalating this frenzy, avoiding a chill in both diplomatic relations and scientific collaboration between the U.S. and Cuba." (https://www.theguardian.com/world/2018/jun/01/cuba-sonic-attack-conspiracy-theories-and-flawed-science).  
Manuel  R. Gómez, DrPH, MS, CIH has an undergraduate degree from Harvard in Biochemistry, a master's in Environmental Health from Hunter College, and a doctorate in Public Health from Johns Hopkins.  He has been an expert in occupational and environmental health for more than three decades, evaluating chemical and physical hazards on workplace environments.

Los científicos dudan de los supuestos “ataques sónicos”

Agosto 22, 2018
WASHINGTON, DC – Desde fines de 2016 hasta hace poco, el personal de la embajada de Estados Unidos en La Habana (incluidos algunos que, según informes, formaban parte de la estación local de la CIA) comenzó a quejarse de una amplia gama de síntomas, incluyendo dolores de cabeza, pérdida de audición, vértigo, insomnio, debilidad, fatiga, problemas de memoria, pérdida de concentración y otros. Estos ruidos fueron asociados a  ruidos de descripción y origen inciertos que el gobierno de Estados Unidos denominó "ataques sónicos", un nombre adoptado con entusiasmo por los medios de comunicación. También se ha informado que algunos diplomáticos canadienses y algunos viajeros casuales a Cuba han experimentado síntomas similares.
Sin ninguna prueba, la administración Trump alegó que Cuba estaba detrás de los "ataques", aunque, a pesar de la creciente evidencia contra tal teoría, desde entonces ha cambiado el término "ataque" por la acusación de que Cuba "no protegió" al personal diplomático de  Estados Unidos El gobierno cubano lo ha negado con vehemencia; y es difícil imaginar que Cuba tomaría medidas tan tontas para poner en peligro los frágiles logros del cambio en la política hacia Cuba bajo la administración Obama. En cualquier caso, el asunto rápidamente escaló hasta un enfrentamiento entre los dos países.
Estados Unidos retiró unilateralmente a gran parte de su personal de la embajada en La Habana, expulsó a la mayoría de los cubanos de su embajada en Washington y luego emitió una alerta de viaje advirtiendo de los "peligros" de viajar a Cuba. Estas medidas, junto con otras restricciones impuestas por la administración Trump, han dañado seriamente la modesta mejora en las relaciones implementadas por la administración Obama, en especial, pero no solo, las actividades consulares rutinarias necesarias para viajar entre los dos países.
La causa de estas denuncias de problemas de salud siguió siendo un misterio, al menos aparentemente, hasta que la administración encargó a un grupo de expertos con sede en la Universidad de Pensilvania un estudio de las personas afectadas.
Ese estudio de alto perfil, publicado en marzo de este año en el prestigioso Journal of the American Medical Association, alegó que los síntomas eran problemas neurológicos similares a conmociones cerebrales leves, sin evidencia de impactos u otra lesión cerebral, incluso postulando un posible nuevo síndrome que requeriría de mayor investigación. No presentaron una explicación de la causa o el mecanismo de los efectos informados sobre la salud.  El informe fue acompañado por un comentario y un editorial que puso de relieve las numerosas deficiencias de la ciencia subyacente.
Sin embargo, lo más importante es que el estudio descartó la posibilidad de que las quejas acerca de la salud se pudieran explicar como un episodio psicogénico de masa (un episodio de origen psicológico). Estos son eventos que ocurren cuando un grupo de personas estrechamente relacionadas bajo estrés —como fue el caso del personal de la embajada de Estados Unidos— manifiesta un grupo de síntomas aparentemente no relacionados y de causa desconocida, incluidos los reportados desde La Habana.

El término "histeria colectiva" también se ha usado comúnmente para describir este fenómeno, pero tiene una carga emocional y es muy engañoso: sugiere que los individuos involucrados están "locos" o que están fingiendo los síntomas. Ese no es el caso. En los episodios psicógenos verdaderos, los síntomas experimentados por los individuos son reales y se producen debido a las relaciones todavía poco conocidas entre el cerebro y otros sistemas del cuerpo. Puede sucederle a cualquiera.
Pero la historia difícilmente termina ahí. Ya en enero de este año, el doctor Robert E. Bartholomew, un experto en enfermedades psicogénicas, desafió enérgicamente el testimonio ante el Congreso del director médico del Departamento de Estado, quien rechazó una causa psicológica. Bartholomew, quien describió haber leído el testimonio "con asombro e incredulidad", describió con elegancia cómo el incidente se ajustaba a la perfección a las características de un episodio psicogénico masivo.
"Si estos mismos síntomas hubieran sido reportados entre un grupo de obreros fabriles… se obtendría un diagnóstico muy diferente, y no se consideraría la hipótesis de un arma sónica". Es más, he sido testigo de más de un episodio de este tipo en entornos industriales en mi larga carrera evaluando los riesgos para la salud en el lugar de trabajo.
Y hay más.
En una carta a The Guardian en junio de 2018, un grupo de 15 expertos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Cuba escribieron —en referencia al estudio de Pensilvania— que "el trabajo es profundamente defectuoso y no hace nada para apoyar la teoría del ataque".
Otros dos expertos, en un artículo adicional que se publicó más tarde como una carta en el Journal of Neurology, demostraron que el método de análisis del estudio de Pennsylvania patrocinado por el Departamento de Estado utilizó un "enfoque pseudocientífico". Llegaron a la conclusión de que "es difícil entender que reclamos como este… podría pasar cualquier significativo proceso de revisión por otros expertos". Una crítica tan dura como esta rara vez se ve en una publicación científica tan seria.
Y por último, pero no menos importante, recientemente diez científicos publicaron cuatro cartas mordaces y críticas en el propio Journal of the American Medical Association en el que aparecieron originalmente los resultados del estudio de Pensilvania. Los científicos incluyen a los mencionados anteriormente, más otros de varios países e instituciones académicas de prestigio. Señalan en sus cartas los múltiples defectos científicos de los métodos y las conclusiones del estudio de Pensilvania, que son demasiado numerosos como para tratar de resumirlos aquí.
Entonces, ¿en qué plano se encuentra hoy este "misterio"? Por un lado, parece cierto que el estudio de Pensilvania fue profundamente defectuoso, y que los factores psicogénicos, si no fueron la única causa del episodio, ciertamente desempeñaron un papel importante. Pero quizás la mejor declaración de dónde están las cosas se pueda encontrar en las palabras del grupo de 15 científicos mencionados anteriormente, que también escribieron: "esperamos que mentes sobrias y más calmadas prevalezcan en el desescalamiento de este frenesí, y que eviten un congelamiento tanto en las relaciones diplomáticas como en la colaboración científica entre Estados Unidos y Cuba".
Manuel R. Gómez, PHD, MS, CIH tiene una licenciatura en Bioquímica de Harvard, una  maestría en Salud Ambiental del Hunter College y un doctorado en Salud Pública de Johns Hopkins. Ha sido un experto en salud ocupacional y ambiental durante más de tres décadas, evaluando los peligros químicos y físicos en los entornos de trabajo.
Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal