viernes, 20 de julio de 2018

Homenaje a Nicolás Guillén en su natalicio


En la mañana del martes 10 de julio, justo cuando se cumplían los 116 años del nacimiento de nuestro poeta nacional, la Fundación Nicolás Guillén le rindió homenaje en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC con un panel que sirvió para presentar una nueva edición —dedicada para esta ocasión— de su famoso cuaderno de poesías Cantos para soldados y sones para turistas.

El primero en intervenir en el panel fue el destacado poeta, crítico y promotor literario Virgilio López Lemus. Al hablar del texto de Guillén, a quien consideró "uno de los grandes poetas de la lengua española del siglo XX", esbozó el contexto literario en que fue publicado en el año 1937, las tendencias y corrientes líricas que tributaron en su obra como el intimismo, el neo romanticismo, la ironía sentimental y la poesía escrita por mujeres.

Destacó que la década de 1930 fue una época de mucha fuerza en la poesía hispanoamericana y la cultura cubana tuvo una gran influencia de la producción literaria de connotados escritores como Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Porfirio Vargas, entre otros. En ese contexto también surgió la llamada "poesía pura", floreció la poesía social y política y la corriente intimista, que tuvo una fuerte presencia en Dulce María Loynaz.

Valoró que la poesía neo romántica sí tuvo una influencia en la poesía de Guillén, con la presencia de una emotividad muy fuerte, dándole al verso un ritmo determinado con el objetivo de lograr un efecto mayor en su expresión.

Mirta Aguirre, Emilia de Portal, Serafina Núñez, Mercedes Correi, Mercedes García, Josefina Cepeda, Emilia Bernal, entre otras, fueron las más de diez mujeres que representaron el movimiento femenino que surgió con fuerza en esa época en la poesía cubana, algo que no había pasado antes en la cultura nacional y tuvo un amplio impacto en la producción literaria de entonces.

Fue una década también importante para el desarrollo de la poesía infantil y el crecimiento del interés para hablar sobre el Caribe y el Trópico. Aunque, sin lugar a dudas, fue el momento de auge de la poesía y la pintura "negrista", que se capitaliza particularmente en Guillén. Al respecto, indicó que Nicolás es de difícil clasificación dentro de la poesía negra, pues alcanza una fusión muy particular con la poesía social.

Consideró que, en la práctica, Nicolás utilizó todos estos elementos de su contexto literario para hacer más efectiva su intención social. Recalcó que "la poesía no se hace solo con palabras e ideas, sino también con vibración", por lo que la sapiencia de nuestro poeta nacional estuvo en la utilización de palabras fuertes y sonoras para que el texto no pasara desapercibido entre lectores no habituados a la poesía.

Esto fue muy importante para que sus textos se volvieran referentes de la poesía cubana, con un sentido popular del ritmo, el uso de elementos de humor, tomando como base los versos semi libres, la reiteración rítmica de palabras, la combinación de rimas consonantes y asonantes – en las que pasa de una a otra de una forma magistral -, el variado uso de estrofas y del estribillo con reiteración de versos a modo del son.

Junto a estos estilos literarios, Guillén manejó contenidos que cautivan al lector, como la solidaridad de clase, el soldado como parte de la gente pobre, el antimperialismo, el mundo de la pobreza en contraste con los turistas, la guerra injusta, la violencia militar en medio de la violencia social.  De ahí que valorara este texto como un libro "neopopularista", no sólo por la forma sino por el contenido, aunque rebasa sus fronteras pues le incluye un mensaje político que se mezcla con la vida del pueblo.

Expresó que este libro es una suerte de preámbulo para su colección El son entero — que constituye un momento de alto vuelo y uno de los más grandes momentos de la poesía cubana— y valoró que estos cantos no se limitan a los soldados y turistas cubanos, sino que se desborda al enmarcarse en el contexto caribeño, que siempre caracterizó a Nicolás.

Por su parte, la historiadora y ensayista Francisca López Civeira (Paquita) indicó que cada época tiene una expresión en la narrativa que ayuda a entender cómo las personas están viendo su entorno, lo que ayuda a los historiadores para entender el momento histórico. En ese sentido, el poemario Cantos para soldados y sones para turistas es un ejemplo claro de la expresión de la intelectualidad cubana de esa época tan convulsa en la historia nacional.

Para entenderlo, hay que situarse en el entorno social y político de la nación: el proceso revolucionario de los años 30 contra la dictadura de Gerardo Machado, el ascenso del militarismo no sólo en Cuba sino en el contexto de la aplicación de la "Política del Buen Vecino" por parte del presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, el ascenso del fascismo y la guerra civil en España.

Particularmente en Cuba entró en crisis la estructura monoproductora y monoexportadora y el gobierno de Gerardo Machado aplicó reformas desde el poder que provocaron una reacción de la sociedad, ante el desgaste político de liberales y conservadores, además de la corrupción político administrativa. Se desarrolla un movimiento cívico en el país que provocó un cambio en la psicología colectiva y la política se vuelve más popular: obreros, campesinos y mujeres empiezan a actuar de forma organizada.

Es un período muy rico en un contexto de cambio, de quiebra del poder oligárquico, con nuevas fuerzas que se hacen sentir y se incorporan a la vida política del país. "Es una eclosión en la cultura cubana", indicó, un entorno de nuevos fenómenos que tendrá su espacio de expresión en la intelectualidad. "La sociedad ha cambiado y la producción intelectual responde a esos cambios", reafirmó.

Este poemario está lleno de referencias a ese contexto histórico, con una identificación hacia los de abajo en contraposición con el poder, con la peculiaridad de que incluye a los soldados en esta clase inferior como objetos manipulados por el poder, sin diferencia del color de la piel. No obstante, recalcó que no se trata de un cuaderno pesimista pues ve la posibilidad al futuro y transmite aliento y perspectivas en el porvenir.

Denia García Ronda, directora académica de la Fundación, agradeció las conferencias ofrecidas sobre esta "excelente obra desde una perspectiva literaria" y destacó que no se trata de dos poemarios juntos, sino de dos puntos de vista para una misma situación social y política: desde la perspectiva del poder, con los soldados que son parte de "los de abajo"; y desde la influencia extranjera, específicamente los turistas, que expresan la presencia yanqui en Cuba.

Desde ese enfoque, a través de su personaje José Ramón Cantaliso, Guillén enseña La Habana profunda, la de la miseria y la tuberculosis. A la vez, demuestra su actualización en la evolución de la poesía hispanoamericana, pues el poemario viene a ser la síntesis de la influencia de la literatura de ese tiempo.

Agradeció el apoyo del Ateneo Cultural Morisco, de Sevilla en España, para la reimpresión de este cuaderno, muchos de cuyos textos han sido musicalizados por cantores cubanos y extranjeros que han asumido la obra Guillén para hacer su música. Además, agradeció a Graziella Pogolotti por el permiso otorgado para la portada del libro con la obra "Paisaje", de su padre el reconocido pintor cubano Marcelo Pogolotti.


lunes, 25 de junio de 2018

El análisis de un género que hay que venerar: el bolero

Tomado de: http://www.uneac.org.cu/noticias/el-analisis-de-un-genero-que-hay-que-venerar-el-bolero

25 de junio de 2018

El Coloquio Internacional del Festival Boleros de Oro, que se desarrolla en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC, analizó en la mañana del viernes 22 de junio "La problemática y el estado de las investigaciones en torno al bolero", durante la celebración de su mesa no. 3 bajo la conducción del Dr.C. Lino Neira Betancourt.

La primera ponencia fue presentada por las MsC. Alicia Valdés y Ailer Pérez, quienes con el título "El Festival Internacional Boleros de Oro a través de su evidencia testimonial y documental" hicieron un recorrido desde los inicios de estos Festivales para destacar que "el bolero ha marcado un sello de permanencia en la cultura cubana, el cual se ha logrado armonizar en el imaginario colectivo."

Indicaron que su validez y principal función social y cultural —que contribuye al desarrollo, vigencia y contemporaneidad del género— viene dado por su capacidad de adaptarse y vincularse a otros estilos musicales, sin que pierda su perfil y autonomía.

En función de mantenerlo vivo, destacaron el trabajo realizado por José Loyola, creador de los festivales Boleros de Oro y quien ha promovido no solo su interpretación sino también la investigación. "Si el auge del bolero mantiene vivos los clásicos del género y estimula las nuevas creaciones, ello también se debe al Festival y Coloquio Internacional Boleros de Oro, que desde hace treinta años convoca intérpretes y compositores nacionales e internacionales del género", resaltaron.

Desde esa perspectiva, la idea inicial de 1987 dio pie al Festival que conocemos hoy, con un grupo de actividades colaterales que aportan desde el conocimiento por parte de varias naciones participantes y personalidades nacionales y extranjeras. Como resultado, se ha logrado el aumento y el interés de hacer acercamientos más profundos al género, en el que ha conocido de su incursión no solo en Cuba, sino también en México, Colombia, España, Brasil, Puerto Rico, República Dominicana, entre muchos otros.

En los 31 años de su existencia, en el Festival se ha examinado al bolero desde distintos ángulos como forma de expandir el conocimiento y se ha logrado una participación muy heterogénea —con periodistas, historiadores, musicólogos, filólogos, críticos literarios, etc—, con un resultado positivo de estudios que tienen disímiles perspectivas, las cuales se complementan.

 "Ha sido un vehículo para el reencuentro a gran escala de un público conocedor, con la nostalgia de los tiempos de oro del bolero, y ha roto las barreras de la falta de información e indiferencia, logrando el interés de la juventud en una música que no hace mucho le sonaba vieja". De ahí la importancia de analizar una música que merece ser venerada, reafirmaron.

La segunda ponencia estuvo a cargo de la MsC. María del Rosario Hernandez Iznaga, Decana de la Facultad de Música de la Universidad de las Artes, quien se dedicó a analizar "El bolero desde el Instituto Superior de Arte (ISA)". Durante su intervención, abogó por la necesidad de la presencia de la Universidad en estos eventos, porque "no es lo mismo cantar que interpretar un bolero": esa distancia se acerca con los estudios, con la cultura que se adquiere a través del conocimiento.

"La interpretación del bolero requiere de la expresión de todo el conocimiento cultural que se tiene, por eso es tan importante el conocimiento universitario, de la cultura general que le puede aportar al artista", reafirmó.

Comentó sobre el estudio realizado sobre la influencia que ejercen los estudios superiores en la interpretación del género y la cultura general que provee la universidad para sus ejecutores. Citó el caso de la conocida cantante Elizabeth de Gracia, quien fue el ISA cuando ya era una artista multipremiada, y encontró en ese centro de estudios —a finales de los 1980s y principios de los 90— un claustro que favoreció la enseñanza del género, con preferencia en al canto popular.

Consideró que el bolero aún se encuentra presente en el ISA, no ya con tanta incidencia en la especialidad de canto, sino en perfiles de instrumentistas, musicólogos y estudiantes de sonido, quienes han proyectado una manera novedosa de interpretarlo.

Sobre la base de estos argumentos, consideró que la universidad está preparada para ser subsede del Festival y pidió a sus organizadores que valoren la posibilidad de realizar eventos del género en ese alto centro de estudios para la próxima cita.

Al finalizar, Lino Neira presentó el libro titulado Otro tributo al bolero, de la Editorial Oriente, que contiene una rigurosa selección —realizada por Alicia Valdés— con treinta y cuatro ponencias que han sido presentadas en diversas ediciones del Coloquio Internacional Boleros de Oro.

El libro analiza el género desde diversos enfoques —que abarcan el musicológico, el ensayístico y el propiamente literario— para tratar la presencia del bolero en diferentes países de la región, su reflejo en catálogos discográficos y las interinfluencias con la música popular brasileña, el pop y otros.

Resaltó como protagonista del libro al bolero que, más que un género musical, es un fenómeno cultural completo, capaz de atraer multitudes. Abogó por la necesidad de que se recojan en textos los resultados de estos eventos teóricos y destacó el trabajo de Alicia de las Mercedes Valdés Cantero, musicóloga con sólida formación profesional, historiadora del arte y estudiosa de la música cubana, quien ha sido fundadora y coordinadora general no sólo de este Festival, sino de otros —como el de Danzón y Cubadisco—  con una gran contribución al estudio de la música cubana.


jueves, 14 de junio de 2018

Españoles y soviets

Por: Alfredo Prieto
Según Alejo Carpentier, el español que llega al Nuevo Mundo no es un hombre del Renacimiento. Tipo segundón, sin herencia ni fortuna, transpira y vehicula el imaginario de la Contrarreforma. No tiene como referente, si alguno, a Erasmo de Rotterdam, sino a San Ignacio de Loyola. Convencido de su Verdad, la única posible, se dedica entonces a lo previsible. En su nombre practica la intolerancia, construye su catedral encima del Templo Mayor e impone sus convicciones y cultura. Excluye y margina: la diferencia no tiene, de ninguna manera, derecho a un lugar bajo el sol. También practica la pureza, empezando por la de la sangre, un bluff muchas veces levantado sobre bolsas de maravedíes destinadas a limpiar ancestros. Y expulsa de sus dominios a quienes no comulguen con su credo, enviándolos afuera, a la lejana Ceuta o, con suerte e influencias, a la Universidad de Zaragoza.
En Cuba tenemos ese tipo de españoles. El reconocimiento del gobierno cubano como un actor legítimo, y la negociación en términos de igualdad y reciprocidad --dos de los rasgos distintivos del proceso de normalización de relaciones con los Estados Unidos, hoy interrumpido--, no fue para ellos, en modo alguno, motivo de celebración. Convirtieron el hecho en un ejercicio de barricada; y lo que debió haber sido fiesta o jolgorio lo transfiguraron en una suerte de funeral con tulipanes negros. Cuando se les escuchaba, sonaban como las tubas de Tchaikovski, no como el flautín de Lennon y McCartney en "Penny Lane", mucho mejor para acompañar nuevos desafíos. Cuba, sin embargo, los ha estado enfrentando con éxito desde sus orígenes como nación.
Una de sus prácticas predilectas proviene del nominalismo: lo que no se verbaliza, no existe. Si, por ejemplo, viajar a la Isla se pone de moda en los Estados Unidos, no le dan (o casi no le dan) visibilidad social a personalidades como Usher, Smokey Robinson, Madonna… El procedimiento estándar consiste en confinarlos en sus predios, aplicarles la lógica del Quijote: "mejor es no menearlo". Fábrica de Arte, Casa de la Música, Hotel Saratoga, algunos contactos sociales puntuales. No mucho para el público en grande. Y poco o nada dicen sobre el impacto de esas interacciones culturales y humanas a su regreso a los Estados Unidos, que en muchísimas ocasiones funcionan como un boomerang. Les aplican la expresión clásica: "bajo perfil". La prensa extranjera los reporta; la cubana, si acaso, solo en esos términos. Llega entonces la hora del absurdo: acudir a Internet para enterarse de lo que hicieron en La Habana o al Paquete para ver, digamos, un desfile de modas en el Paseo del Prado que para la prensa cubana nunca existió.
El problema radica, al menos en parte, en dar como válidas las presunciones de una política que, como todas, se basa en constructos. Uno consiste en propagar alto y claro la idea de que los norteamericanos que viajan a Cuba son "los mejores embajadores de nuestra política y nuestros valores", algo que no se sostiene en una sociedad donde la diversidad y la contradicción son norma. En este caso, tal vez valdrían la pena preguntas como las siguientes: ¿Los valores conservadores? ¿Los liberales? ¿Los de Donald Trump? ¿Los de Bernie Sanders? ¿Los de la izquierda norteamericana? ¿Los de gays, lesbianas, la comunidad LGTB? Ni la libre empresa, ni el libre mercado, ni las libertades individuales --incluyendo la de expresión y la democracia--, son en los Estados Unidos templos universalmente concurridos, y sin embargo esos españoles, como Timba, caen en la trampa.  
También pueden volverse de vez en cuando contra publicaciones on line, movida destinada a la aceptación acrítica de la idea de que todos los gatos son pardos. Han llegado incluso a urdir una "cronología", batido en el que se acusa hasta el totí de formar parte de un engranaje para lograr, al fin, el cambio de régimen. Para seguir con imágenes felinas, en este texto lo usual consiste en dar gato (opiniones) por liebre (hechos). Para los periodistas, reservan su mejor argumento acusándolos de cobrar por sus colaboraciones, práctica estigmatizada aun cuando el financiamiento no provenga de fuentes oficiales como la USAID. Las amenazas de despedirlos de sus empleos vuelan si se empeñan en hacer lo que, lamentablemente, no pueden hacer en los medios oficiales, aun cuando estos lleguen a vestirse de colores: un periodismo de ideas, no de consignas. Los españoles y los soviéticos funcionan con certezas; las dudas y cuestionamientos les producen urticarias.
 Asimismo, expulsaron de su cátedra a un joven profesor de Derecho cuyo izquierdismo le viene prácticamente de los genes, dejaron sin trabajo a un periodista radial holguinero por colgar en su bloc personal las palabras de la subdirectora del órgano oficial del Partido en un evento, y hasta llegaron a acusarlo de tener segundas intenciones y de promoverse a sí mismo para poder hacer su carrera en Miami, el típico modus operandi a fin de estigmatizar al otro y dejarlo fuera del juego.
Igual la emprendieron contra un periodista uruguayo, insertado de larga data en la cultura cubana y conocedor de las realidades nacionales, con independencia de que no siempre se esté de acuerdo con todo lo que escriba o diga --esto es lo natural, no una anomalía--, ni con sus percepciones y representaciones sobre la variedad de asuntos que aborda en sus textos, algunos muy complicados como para dirimirlos en una columna, riesgo del oficio en cualquier tiempo y lugar. Aquí la movida fue tan abierta como mostrenca. Primero se vistieron con los colores del PRI: llegaron a pedir su expulsión del país, como si se tratara de un asunto de seguridad nacional o de sexo con menores de edad en el Parque de la Maestranza. Después un corifeo de muy bajo costo rebasó cualquier límite de decencia apelando desde la oscuridad a romperle los dientes ("¡Múdate de país o habla fino!, recuerda que a tu edad los dientes no vuelven a salir y los implantes de piezas dentales son carísimos"). Por último, por H o por B no le renovaron su condición de corresponsal extranjero (los de flauta, dicen pito, y los de pito, flauta).
Pero el componente soviético-estalinista acciona también en estos españoles como el musguito en la hiedra. Los problemas del país siguen estando ahí mientras el barco de los medios continúa a la deriva. En lugar de prescindir del modelo autoritario-verticalista y de remplazarlo por prácticas comunicacionales horizontales y participativas, lo siguen reforzando. Eduardo Galiano lo escribió una vez: "la Revolución cubana es una obra de este mundo, pero con una prensa que a veces parece de otro planeta y una burocracia que para cada solución tiene un problema". Evidentemente, ese esquema mediático resulta hoy más disfuncional que nunca ante el impacto de las nuevas tecnologías, llegadas para quedarse y extenderse. Antes, ese modelo tenía el poder de determinar qué era la realidad; ya no.
"Entre nosotros quedan muchos vicios de la Colonia", escribió José Antonio Ramos en 1916 refriéndose a España. Pero también, hoy, de la Unión Soviética. Es como para levantarse con una pregunta romana en la cabeza: Quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

miércoles, 13 de junio de 2018

The change in world geopolitics, with Trump

I apologize for the enthusiastic analysts, but it's such a ridiculous fanfare the Trump's meeting with Kim Jong-un. Especially because it diverted attention from the real news: the kick that the United States has given to its alliance with Europe in the strategy of "neoliberal globalization", whose main architects were Reagan and Thatcher back in the 1980s.
The media machine has created the global danger of North Korea, which is not, precisely for this: to make believe that Emperor Trump is a great negotiator, when it is known that the signed document does not lead to any concrete formal commitment.
Let's be serious: what danger can represent a country like North Korea, which occupies 1.28% of the territory of the United States, supposedly has less than 1% of world's nuclear weapons and is surrounded by powers and enemy military forces, that they will not let him launch the first rocket.
It is fair and very important for North Korea to finally end its war with the United States (which never ended, because what was signed in 1953 was an "armistice" and the artificial division of the two Koreas was the Yankee solution to his defeat). From that perspective, sitting at the negotiating table with the head of the empire (not the current leader in South Korea) is Kim's great diplomatic success (after dominating the nuclear cycle).
What will come out of all this? Only time will tell. There is no doubt that we are witnessing a dramatic change in world geopolitics ... and not precisely because of the meeting with Kim.

martes, 12 de junio de 2018

El cambio en la geopolítica mundial, a propósito de Trump

Que me disculpen los entusiastas analistas, pero es una ridiculez tanta fanfarria a la reunión de Trump con Kim Jong-un. Sobre todo porque desvió la atención de la verdadera noticia: el puntapié que le ha dado Estados Unidos a su alianza con Europa en la estrategia de "globalización neoliberal", cuyos principales arquitectos fueron Reagan y la Tatcher allá por los años 1980s.

La maquinaria mediática ha creado de Norcorea el peligro mundial que no es, precisamente para esto: hacer creer que el emperador Trump es un gran negociador, cuando se sabe que el documento firmado no lleva a ningún compromiso formal concreto.

Vamos a ser serios: qué peligro puede representar un país como Corea del Norte, que ocupa 1.28% del territorio de los Estados Unidos, supuestamente tiene menos del 1% de las armas nucleares en el mundo y está rodeado de potencias y fuerzas militares enemigas, que no le van a dejar lanzar el primer cohete.

No nos confundamos: es justo y de mucha importancia para Corea del Norte acabar finalmente su guerra con los Estados Unidos (que nunca terminó, pues lo que se firmó en 1953 fue un "armisticio" y la división artificial de las dos Coreas fue la solución yanqui a su derrota). Desde esa perspectiva, sentarse en la mesa de negociaciones con el jefe del imperio (que no con el líder de turno en Corea del Sur) es el gran éxito diplomático de Kim (tras dominar el ciclo nuclear).

Qué saldrá de todo esto? Solo el tiempo dirá. Lo que no cabe dudas que estamos asistiendo a un cambio dramático en la geopolítica mundial... y no precisamente por la reunión con Kim.

jueves, 7 de junio de 2018

El sector privado, ¿enemigo?

Por: Oniel Díaz
Hace unos días, la revista de cultura cubana La Jiribilla publicó el artículo "¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?" firmado por Luis Toledo Sande. En este material, el autor abordó el peligro que puede representar para la Revolución y la construcción del socialismo en Cuba la existencia de un sector privado sin regulaciones ni control de algún tipo.
Esta cita del texto en cuestión resume su tesis central: "Pensar que no se debe poner límites al enriquecimiento, o al menos controlarlo, supone abogar por una libertad de empresa que no llevaría a tener un sector privado que, además de obtener sus ganancias, sirva al desarrollo del país con afán socialista".
Si bien esta preocupación es totalmente verídica, discrepo en varias cuestiones argumentadas por el autor. La fórmula "control, exigencia y disciplina", única opción de política hacia el trabajo por cuenta propia, que se repite hasta el cansancio y que se asume en la publicación, ha demostrado su insuficiencia para hacer que el país se ponga en la línea de arrancada de la carrera hacia el desarrollo.
Abordar el fenómeno del sector privado en Cuba desde una arista política, requiere considerar adecuadamente las condiciones reales del mundo en que vivimos y no de aquel en el que creemos vivir.
Insistir a esta altura en desconocer la aspiración de las personas a prosperar y a tener mejores condiciones de vida, es, precisamente, un craso error político. El artículo falla en ese sentido al afirmar que "…sería ingenuo imaginar que quienes se hagan de negocios particulares estarán pensando primordialmente en asegurar la construcción del socialismo y no en fomentar sus ingresos personales o familiares".
La preocupación de asegurarse la vida y prosperar está presente en todos y cada uno de los habitantes de este planeta. ¿O los trabajadores de nuestras empresas estatales concurren a sus deberes laborales únicamente por vocación socialista? ¿Optaría entonces el autor por eliminar los salarios para contribuir al ahorro nacional? Estoy seguro de que no. Es hora de que, sin convertirlos en nuestro credo, se acepte que el interés y las necesidades materiales de las personas son fuerzas que operan en nuestra sociedad.
El problema a enfrentar en Cuba en cuanto a la economía de mercado no es la existencia de un sector privado que haya copado los espacios políticos imponiendo su agenda por encima de intereses nacionales ni que conspire con intereses foráneos para subvertir el orden interno. Mucho menos que haya ocurrido un proceso de privatizaciones al mejor estilo neoliberal. Si tenemos un sector privado con los defectos que todos conocemos es porque no hemos sido capaces de garantizarle un marco legal y condiciones que, además de establecer las lógicas restricciones, defina reglas de juego claras y que fomenten su desempeño saludable.
Por supuesto que las cosas no son tan sencillas; persisten contradicciones reales de la economía nacional que son difíciles de resolver. Pero en el fondo yace un hecho: no se termina de asumir al sector privado como un actor económico de grandes potencialidades y que tiene que mucho por aportar.
Mientras no se supere el criterio de que el cuentapropismo es válido únicamente como mecanismo para generar empleo y para liberar al Estado de cuestiones de importancia menor, no podremos avanzar.
La toxicidad de una economía de mercado libérrima está más que demostrada. Pero igualar en el debate a las gigantescas transnacionales con las pequeñas empresas y los cuentapropistas es una exageración. Las últimas siguen siendo las fórmulas organizativas de producción más extendidas, y son protegidas en varios países. Se pueden mencionar como ejemplos, además de China y Vietnam, no pocas naciones de nuestra área e incluso con gobiernos progresistas o de izquierda.
La CEPAL, organismo internacional que Cuba preside desde hace unas semanas, tiene investigaciones y recomendaciones políticas claras de cuánto pueden las pequeñas empresas y los trabajadores autónomos contribuir al desarrollo, la prosperidad, y cómo emplearlas para disminuir brechas de desigualdad.
Hay que saber mirar hacia el exterior sin complejos y estar dispuestos a aprender de cualquier experiencia valiosa. Contrario a esto, Toledo Sande no reconoce los resultados de China y Vietnam en su tratamiento a la economía de mercado ya que el modo de producción asiático "es tan ajeno a la cultura del país como la realidad sueca (…)".
¿De dónde salió el socialismo que adoptó como modelo este país? ¿Acaso tenía Cuba en 1961 alguna similitud con la Alemania del siglo XIX o la Rusia zarista? El conocimiento humano, la mayor riqueza que hemos creado como especie, se construyó sumando e integrando los aportes de las diferentes civilizaciones que han poblado el planeta a lo largo de su historia.
En cambio, en el debate se prefiere oponer al sector estatal y el privado al afirmar que "…no basta que numéricamente la propiedad social sea básica: es indispensable que resulte eficiente y que la privada no le pase por encima ni en los hechos ni a nivel simbólico".
Esta filosofía de la "competencia" no es saludable para Cuba y resulta totalmente estéril. Ni la empresa estatal es necesariamente igual a socialismo, ni la empresa privada es el epítome del mal.
Que las industrias estratégicas permanezcan en manos del Estado no contradice la necesidad de que ambos sectores se integren para impactar en el crecimiento y desarrollo de este. Esa debería ser la principal preocupación, cuidando especialmente que los grupos sociales más desfavorecidos se beneficien también.
Un elemento inexacto de los críticos cubanos del papel del mercado, y que emplea Toledo Sande en su análisis, es vincular la desaparición de la URSS a las reformas orientadas hacia el mercado que se realizaron en ese país durante la Perestroika. Ese proceso no puede simplificarse de esa manera. Las causas del desastre fueron más diversas, algunas de las cuales, por cierto, también llevan años reproduciéndose lentamente en nuestro país.
Sin apego a lo sucedido en la URSS, se intenta establecer que los pequeños empresarios fueron los que se repartieron el enorme aparato empresarial soviético y causaron el derrumbe. Nada más lejos de la verdad.
Quienes se erigieron de un día para otro como poderosos empresarios multimillonarios fueron los burócratas, los directivos "socialistas" y toda una pléyade de funcionarios que de ser defensores de una sociedad proletaria pasaron a ser típicos capitalistas. De este hecho, el autor extrae una conclusión incorrecta. Al sector privado no hay que controlarlo por este motivo, porque los que se repartirían el país si se diera una transición capitalista en Cuba no están en la paladar de la esquina, ni detrás del volante de un almendrón. Esto es algo que el autor de "Bombas…" sabe muy bien.
Espero que una afirmación tan inexacta no tenga la intención de levantar sospechas contra las personas de altos ingresos. Este es otro camino políticamente errado. Visibiliza además una contradicción: ¿Preferimos a los "ricos" extranjeros? ¿A ellos sí les damos garantías y condiciones para abrir sus negocios? ¿Acaso no opera en esos casos la plusvalía extraída del trabajo de sus empleados cubanos? ¿El sector privado cubano es una bomba de tiempo contra el socialismo, y a nuestros capitalistas proveedores extranjeros les agradecemos la confianza cada año en la Asamblea Nacional por esperar a que cumplamos el pago de nuestras deudas?
Es antipatriótico y un motivo de vergüenza nacional que se prefiera contratar a una empresa extranjera cuando se puede obtener el mismo servicio a través de un cubano trabajando por su cuenta, o incluso mediante otra empresa estatal. Hay casos de sobra para sostener esta afirmación.
Urgen coherencia y pragmatismo en Cuba. No hablo de dirigir el país con parámetros técnicos como si fuera una empresa. Pero hay que desterrar el "subjetivismo politicista" como refiriera el Dr. Oscar Fernández en un comentario enviado a La Jiribilla con motivo de "Bombas…" para referirse al daño que nos ha hecho y nos sigue haciendo la subestimación de las ciencias y realidades económicas.
Tal parece que ha surgido en el último año un miedo atroz al desarrollo del sector privado y cooperativo en Cuba. Quienes los critican como herramientas ineficaces para Cuba, ¿qué tienen que ofrecer como alternativa? ¿Cincuenta años más de centralización excesiva y tirar por la borda los lineamientos y la conceptualización del modelo económico que le ha costado años de discusión a este país? ¿Ampliar con fuerza el experimento de las cooperativas no agropecuarias? ¿Propondrán fórmulas que vayan en la dirección de socializar verdaderamente las empresas estatales, donde los trabajadores elijan a sus directivos y puedan decidir realmente sobre todos los asuntos de las empresas?
No se trata de entregar el país a las leyes del mercado, sino de usarlas. Si Toledo Sande dice con razón que las leyes de la plusvalía existen en Cuba y que no se pueden ignorar, hacerlo con las leyes del mercado puede tener también consecuencias catastróficas.
Si queremos sacar a Cuba del hoyo económico en el que está, tendremos que aprender a dominar las fuerzas del mercado de la misma manera en que los humanos aprendieron a dominar el fuego hace millones de años.
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El artículo que dió origen a esta respuesta:
¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?
Luis Toledo Sande • Cuba          

Hay quienes en Cuba no toleraban oír hablar de la propiedad privada, y ahora estiman desatinado hacer críticas o expresar preocupaciones, por leves que sean, sobre peligros que podrían darse o se dan en ella. Alguien ayer abanderado, sin matices, de la propiedad social, puede hoy abogar apasionadamente por el fomento de la privada para eliminar escollos asociables con la prolongación de la Ofensiva Revolucionaria de 1968.

Tales reacciones no salen del aire. Restablecer formas de propiedad privada como las interrumpidas aquel año, y acaso otras, se ha considerado insoslayable para evitar el agotamiento de una centralización que se había valorado como necesaria. La economía reclama mayor dinamismo, eficiencia, pero sin entregar el país a las leyes del mercado. Estas, dejadas de la mano, conducirían a un tipo de sociedad que ni de lejos sería la equitativa por la que Cuba ha hecho grandes esfuerzos y sacrificios.

Todo eso estará claro en el pensamiento con que —Partido, Estado, participación popular mediante— la nación se ha planteado alcanzar la solvencia necesaria para que el país sea vivible y no se asfixie en una resistencia sin salida. No obstante, si se pone el oído a la vida, se perciben señales o pruebas de que alcanzar ese logro vital sin sucumbir al pragmatismo economicista del capitalismo puede ser un deseo mayoritario, pero no necesariamente unánime, ni tendría por qué serlo.

El asunto es complejo, y Cuba no puede ni ha de aislarse del mundo; pero ¿debe por eso confiar el futuro socialista que busca a formas de capitalismo de Estado o del modo de producción asiático? En el nombre del primero el núcleo es capitalismo, y el segundo, aunque se actualice, es tan ajeno a la cultura del país como la realidad sueca u otras marcadas por una socialdemocracia que se concibió para cerrar puertas al socialismo que parecía erigirse en la euroasiática URSS y en algunos territorios europeos.

Acaso conceptos claros y controles eficaces no sean suficientes, pero sí indispensables si se quiere edificar un socialismo plenamente participativo, con el pueblo en el centro de las decisiones, para no perder el rumbo de una Revolución cuya esencia radica en haber sido y ser hecha por los humildes, con los humildes y para los humildes. Las excepciones pueden ser luminosas, pero son minoritarias.

Que lo planeado como una cooperativa municipal pase a ser una empresa privada con sucursales desde Guantánamo hasta Pinar del Río puede acarrear males de difícil reversión, o sin retorno. La influencia del despropósito aumenta si la entidad no produce presillas para tendederas, sino algo tan vital como viviendas, tarea con serios déficits acumulados y de la cual el Estado no debe desentenderse. Siempre serán útiles las rectificaciones necesarias. Pero frente a males mayúsculos poco valdrían autocríticas y lamentaciones. El dueño de la exitosa empresa se las arreglaría, y recursos no le faltarán, para tener testaferros que, enmascarados como presidentes de cooperativas territoriales más o menos “modestas”, den la cara por él.

¿Es fácil lograr controles perfectos, invulnerables, e impedir que surjan millonarios? Cabe suponer que no lo es. Por eso mismo se requiere aplicar las medidas prácticas más eficaces, no solo para que no surjan monstruos, sino incluso para que también los réditos de las entidades que cumplan las leyes se reviertan de veras en la sociedad, según lo establecido. Con ese fin se ha creado un sistema de impuestos que seguramente podrá perfeccionarse. Pero sería ingenuo imaginar que quienes se hagan de negocios particulares estarán pensando primordialmente en asegurar la construcción del socialismo, y no en fomentar sus ingresos personales, o familiares.

Como en otros tiempos, en el nuevo sector privado puede haber y habrá patriotas que no han renunciado ni renunciarán a los grandes ideales de la Revolución, y estén dispuestos a seguir defendiéndola hasta con las armas si fuera necesario. Ahora bien, no hace falta negar esa posibilidad, o realidad, para saber que la base del proyecto socialista radica en la propiedad social bien entendida, ni para saber por qué el imperio como sistema —no solo un “mago” suyo como el “encantador” Barack Obama— apuesta por ese sector y proclama que únicamente en él tiene Cuba personas emprendedoras, y soluciones.

Para impedir descarrilamientos no basta la propaganda enfilada a sustentar valores y a decir que aquí el socialismo —aún en construcción, y con tremendos obstáculos que vencer— es irreversible, y el capitalismo no podrá volver jamás. Aunque todo eso está muy bien como reclamo de rumbo y defensa del deber ser, la experiencia internacional muestra que no cabe confiar en supuestas irreversibilidades como si fueran un hecho fatal, inevitable, designio de dioses. Junto con la propaganda bien intencionada, y sustentaciones de los más altos ideales, se requieren mecanismos que de veras funcionen como se desea y se necesita que hagan.

Lucidez y prevención resultan indispensables, pero estarán inseguras si entre los seres humanos encargados de cuidarlas no priman la ética, la disciplina y la honradez. Sería incauto suponer que estas se hallan del todo garantizadas cuando no faltan indicios de desorden y comportamientos aberrantes, para no hablar de escandalosos actos delictivos probados. Estos, aunque no suela informarse sobre ellos en la prensa tanto como se debería, son la expresión más ostensible de violaciones desarrolladas al amparo de una insuficiente asunción de lo que significa la propiedad social, a veces entendida como una entelequia que no le pertenece a nadie o es patrimonio del Estado, no del pueblo.

Para que la redistribución social de las ganancias se distorsione, o naufrague, basta el relajamiento más o menos generalizado, aunque fuese a bajos niveles, del orden, la convivencia y la legalidad. El mal se agrava si actúan unos cuantos —¿pocos?— inspectores venales y otros agentes del orden que, en lugar de cumplir sus funciones, las supediten al logro de ganancias y prebendas inmorales. Por ese camino proliferan la defraudación del fisco y pueden darse casos en que, si lo establecido y legal es, digamos, la tenencia de un solo restaurante, alguien se las amañe para ser dueño de varios establecimientos de ese tipo, y de otros, como hoteles, y quién sabe cuántos más.

Pensar que no se debe poner límites al enriquecimiento, o al menos controlarlo, supone abogar por una libertad de empresa que no llevaría a tener un sector privado que, además de obtener sus ganancias, sirva al desarrollo del país con afán socialista. Se fomentarían propietarios privados que acabarían teniendo una influencia social y económica contraria al fin de construir el socialismo. Ese es un propósito para el cual no basta que numéricamente la propiedad social sea básica: es indispensable que resulte eficiente y que la privada no le pase por encima ni en los hechos ni a nivel simbólico.

La escasa o nula inclinación de Fidel Castro a la aparición de ricos —no ya de millonarios como los que van surgiendo— no era cuestión de manual, sino voluntad práctica de prevenir males. Uno de ellos, y no el menor, sería la imagen de prosperidad dable a la vía privada en menoscabo de la social, vistos los hechos desde el egoísmo. A lo que el desequilibrio representaría simbólicamente, se añadiría en los hechos el influjo deformante de lo que puede recibir distintos nombres, pero equivaldría a comprar conciencias, por los “favores” que el rico puede prestar a quienes le rodean, y por el deseo de emularle que su nivel de vida incentive en otros que no han llegado a ser ricos, pero lo añoran. Máxime si los salarios en el sector social son insolventes.

Hace poco, de visita el autor de este artículo en un pueblo de cuyo nombre sí quiere acordarse, pero no viene al caso mencionarlo porque tal vez no sería un caso aislado, los candidatos a diputados por el territorio al Poder Popular fueron recibidos con cordialidad, esperanzas y euforia justificadas. La mayor aportación para el recibimiento —un lechón asado— no fue obra del colectivo, sino de un propietario rico que, a su vez, es delegado de su circunscripción. No hay por qué negarle el derecho a serlo, y llevar a cabo en ello una buena labor, ni escatimarle el reconocimiento de buenas intenciones; pero hechos e imágenes tienen su propio valor en la realidad, en la vida.

A lo largo del país el enriquecimiento de un propietario de finca—terrateniente, aunque no sea latifundista— puede haber venido de tierras otorgadas por el Estado, incluso por la vía de la fundacional Reforma Agraria, que no se concibió para fomentar desigualdades, sino para erradicar o mermar las que existían, y prevenir otras. Además, no todos los ricos se hallan en el sector agrícola, que tampoco se libra forzosamente de las generalidades, y el enriquecimiento puede proceder de varias fuentes, no siempre de la consagración al trabajo y de ganancias bien habidas.

Entre dichas fuentes figura la explotación de unos seres humanos por otros, realidad medularmente opuesta a los ideales socialistas, pero que ocurre siempre que alguien medra con la plusvalía extraída del trabajo ajeno. Eso no lo impide el mero hecho de que alguien entusiasta y bien intencionado quiera suponer que Cuba es un caso tan particular que en ella no funcionan las leyes de la historia y de la economía. Estas son palmarias y actúan aunque no se les quiera tener en cuenta ni se mencione el marxismo. Acaso operen con mayor fuerza cuando se incurre en omisiones tales.

Y hay otras fuentes posibles, o comprobadas, de enriquecimiento. Dos pueden guardar especial relación entre sí: una, aludida ya, es la ineficiencia —que no es inevitable, sino a menudo fruto de errores y desidias— de la propiedad social; otra, la corrupción, las malversaciones, la pérdida de lo que debería llegar al erario público para beneficio ciudadano, y toma otro camino. Como si todo eso fuera poco, nada autoriza a ignorar que entre las vías para hacerse rico en Cuba puede hallarse el dinero recibido del exterior, y no precisamente de un reservorio creado, en Marte, para financiar la equidad en el planeta Tierra.

Vale recordar lo sucedido en lo que fueron la Unión Soviética y el campo socialista europeo. De la corrupción surgieron en esos lares mafias que calzaron fruitivamente —ni siquiera furtivamente en todos los casos, sino quizás ante la vista pública— el desmontaje del socialismo y la suplantación de este, desde dentro, por la maquinaria capitalista. En ningún lugar se debe decretar que tales deformaciones sean imposibles. Tampoco en Cuba, aunque exista el firme propósito de impedir que ocurran.

Este país, que está rodeado por un entorno mundial capitalista, viene de un capitalismo dependiente contra el cual unas décadas de afán socialista pueden no blindar lo bastante el triunfo deseado. Téngase especialmente en cuenta que sus relaciones con el exterior incluyen de manera descollante, y traumática, la hostilidad de una potencia imperialista vecina que apuesta por aplastarlo y borrar de la faz de la tierra el “mal ejemplo” que él viene dando al mundo desde 1959.

Nada de eso puede desconocer Cuba, ni siquiera por la creencia de que esta nación ha tomado un camino del cual no hay fuerza alguna capaz de desviarla. Salvo que, por su excepcionalidad, real o supuesta, le nazcan millonarios y millonarias que, dados con vehemencia a estudiar a fondo El manifiesto comunista, La historia me absolverá y los documentos del Partido, abracen como la pasión de su vida construir el socialismo. Pero ¿hay por qué contar con que así sea? ¿No sería aconsejable más bien tener presente la propia historia de la nación, en caso de que no se quisiera mirar al mundo?

Cuba viene de una trayectoria en la cual el independentismo halló inicialmente líderes surgidos del seno de la opulencia, con mayor o menor grado de crisis, o sin ella, y al final de la Guerra de los Diez Años lo representaban y defendían básicamente patriotas ubicados en sectores de menos recursos económicos, pobres incluso. Así, radicalizándose, llegó esta nación a la gesta de 1895, y a la etapa de luchas que, iniciada en 1953, le abrió en 1959 el rumbo que la ha traído hasta hoy.

Si para la Cuba de su tiempo halló Martí la palabra de pase en crear, José Carlos Mariátegui entendió el socialismo como un acto de creación heroica. Que los toros sean indóciles, no será razón para ignorarlos, sino para agarrarlos por los cuernos y tratar de que no funcionen como bombas de tiempo contra el socialismo.

sábado, 2 de junio de 2018

Cuba ‘sonic attack’ conspiracy theories and flawed science

Letter from world scientists to the UK Guardian newspaper.


Science works best when qualified people can evaluate evidence without political pressure to draw poorly founded conclusions, say 15 neuroscientists and physicists

Friday 1 Jun 2018 / 16.59

As neuroscientists and physicists we have no reason to dispute that US diplomats living in Cuba heard loud noises, or that they reported feeling ill afterwards. Some US politicians have seized on these reports to construct conspiracy theories in which they imagine a mysterious disease-causing "sound ray gun" – something that isn't possible with today's technology. These same politicians have used their positions of authority to present their speculations to a credulous public as though they are fact. The pronouncements, in turn, have led to international confrontation and hysteria, resulting in the removal and expulsion of diplomats, and travel advisories. Now, an apparently analogous incident has been reported in China.

A "preliminary communication" from the University of Pennsylvania, with US government support, published in the prestigious Journal of the American Medical Association (JAMA), has been used to buttress this putative "acoustic attack" idea with science. In fact, that work is deeply flawed, and does nothing to support the attack theory. We thus applaud the recent paper by Sergio Della Sala and Robert McIntosh, for its thoughtful criticisms of the JAMA report, and praise the effort described in the Guardian (Cuba calls on US and Canada to investigate 'sonic attack' claims, 29 May) to engage in an international scientific collaboration to study any connection between the illnesses and sound. Science works best this way, when qualified people can evaluate evidence without political pressure to draw poorly founded conclusions. 

We hope that sober and calmer heads will prevail in de-escalating this frenzy, avoiding a chill in both diplomatic relations and scientific collaboration between the US and Cuba.

Mark M Rasenick, University of Illinois College of Medicine

György Buzsáki, New York University

Mark S Cohen, University of California, Los Angeles

Alan C Evans, Montreal Neurological Institute

Karl J Friston, University College London

Janina R Galler, Harvard University

Rainer Goebel, Maastricht University

Steven A Hillyard, University of California, San Diego

May-Britt Moser, Norwegian University of Science and Technology

Gregory V Simpson, Think-Now

Robert Turner, Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences, Leipzig

Mitchell Valdés-Sosa, Cuban Center for Neuroscience

Pedro Valdés-Sosa, Cuban Center for Neuroscience

John Darrell Van Horn, University of Southern California

Arno Villringer, Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences, Leipzig

martes, 22 de mayo de 2018

La industria azucarera en Cuba y los retos de su proceso de reestructuración

Tomado de: http://www.uneac.org.cu/noticias/la-industria-azucarera-en-cuba-y-los-retos-de-su-proceso-de-reestructuracion
Las lamentables consecuencias sociales que trajo consigo el proceso de reestructuración de la industria azucarera cubana en los últimos años fue el tema que abordó la tertulia que organiza la Sección de Literatura Histórico-Social de la Asociación de Escritores, en la tarde del jueves 17 de mayo, en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC.
El panel estuvo a cargo de la Dra. Ana Vera, quien coordina la elaboración de un libro sobre el tema - a solicitud de esa Asociación y de la Sección - que temporalmente lleva el título "La industria azucarera cubana, memoria y sociedad" e incluye a varios autores, con el objetivo de hacer un recorrido por el desarrollo de la industria azucarera en nuestro país y sus desafíos, a partir del proceso de reestructuración que se inició en la década del 2000.
"Es un panel y un libro muy emocional, porque aborda el tema del cierre de centrales, un proceso que, en la práctica, trae consecuencias sociales muy dolorosas", indicó. Explicó que el libro se estructurará en tres partes: una inicial con los antecedentes históricos, una segunda con los cambios realizados entre los siglos XX y XXI y una parte final que recoge varias experiencias realizadas por investigadores del ramo en casos específicos del país.
Las presentaciones se iniciaron con las palabras del profesor Oscar Almazán, quien hizo un detallado recorrido por el surgimiento y desarrollo de esa industria en el país, que no puede sustraerse del origen mismo de la nacionalidad cubana y del progreso en otros sectores paralelos, como el ferrocarril y las comunicaciones.
El Dr. Roca, por su parte, elaboró su presentación refiriéndose a la evolución de la industria en el período revolucionario, desde la ley de reforma agraria y las zafras del pueblo, pasando por el surgimiento de la cooperativización de la industria y el plan cañero, los surgimientos de los Complejos Agro Industriales (CAI) y el Ministerio del Azúcar, que le dio a la industria azucarera en Cuba una gran fortaleza.
Sin embargo, la desaparición del campo socialista y la URSS provocó un retroceso muy grande en este sector, ante lo cual se tuvieron que tomar medidas para enfrentar una de las crisis económicas más graves en la historia del país. Tras una serie de pasos que intentaron reforzar la industria, se comenzó a aplicar la "Tarea Álvaro Reinoso" que, "con aciertos y desaciertos" – indicó -, se trató de adaptar la estructura del ramo a las nuevas condiciones, reduciendo gastos y consumos con el fin de hacerlo más eficiente.
Los especialistas José Luis Martín y William Espronceda expusieron sus experiencias de investigación realizados en el CAI Camilo Cienfuegos antes, durante y después de la aplicación de la Tarea Álvaro Reinoso en ese coloso, uno de los más grandes de la región occidental, en el que el deterioro progresivo de los medios y las condiciones de trabajo, los recursos y las disponibilidades hicieron que al final se tomara la decisión de que fuera cerrado. Ese es el momento en que surge la idea de la reubicación laboral de sus trabajadores y la formación profesional en otros sectores, donde "el estudio como empleo" se asumió como una variante a aplicar entre los más de cinco mil empleados.
Ana Vera presentó los resultados de su investigación sociológica, como consecuencia de la aplicación de estas medidas en otros centrales, resaltando las dificultades de poder analizar la dimensión humana de estos cambios económicos en un área donde escasean las fuentes documentales. La insatisfacción, la desesperanza, los problemas de gobernabilidad locales, los cuestionamientos populares a las razones y formas en que se desarrolló esta Tarea en muchos lugares, la mala administración de los recursos desmontados – muchos de ellos con valor histórico y patrimonial– fueron algunos de los resultados de su exploración.
Del público también se escucharon aportes importantes al análisis, como la necesidad de ver al central azucarero en Cuba más como un fenómeno socio-económico que como una fábrica. De ahí que, al analizar este proceso, estamos viendo el resultado de la aplicación de una medida que pudo tener racionalidad económica pero no cumplió en gran medida con los objetivos socio-culturales y políticos, de lo que aún se lamentan muchos en el campo cubano.
Se resaltó la importancia del quehacer de las ciencias sociales en la toma de decisiones económicas y políticas en el país, del estudio de la cultura relacionada a la historia del trabajo, al movimiento obrero y revolucionario de las comunidades, el proceso de "des-campenización" y "des-ruralización" de la primera industria del país, entre otras.
Igualmente se profundizó en el análisis de los procesos de reestructuración o cierres de centrales no como un hecho aislado, sino como parte de un proceso histórico – que ha ocurrido antes en Cuba y que no sólo ha sucedido en nuestro país– con las consecuencias que ello trae en todos lugares, el fundamento económico y comercial que obligó al país a tomar esa medida y las diversas visiones que puede generar, a partir de la forma en que se desarrolló ese proceso. Considerar todas esas variables hará del libro que se elabora un aporte útil y necesario a la historia económica del país.

martes, 8 de mayo de 2018

Feliz cumpleaños Karl Marx, ¡tenías razón!

New York Times, 5 de mayo de 2018

SEÚL, Corea del Sur — El 5 de mayo de 1818, en la ciudad sureña de Tréveris, Alemania, ubicada en la pintoresca región vinícola del valle del Mosela, nació Karl Marx. En esa época, Tréveris era diez veces más pequeña que ahora, que tiene una población cercana a los 12.000 habitantes. Según uno de los biógrafos recientes de Marx, Jürgen Neffe, Tréveris es una de esas ciudades donde "aunque no todos se conocen, hay muchas personas que saben bastante de los demás".

Estas restricciones provinciales no iban con el ilimitado entusiasmo intelectual de Marx. Fueron pocos los pensadores radicales de las principales capitales europeas de su época que no conoció o con quienes no rompió por motivos teóricos, entre ellos sus contemporáneos alemanes Wilhelm Weitling y Bruno Bauer; el "socialista burgués" de Francia Pierre-Joseph Proudhon, como lo etiquetaron Marx y Friedrich Engels en su libro El manifiesto comunista, y el anarquista ruso Mikhail Bakunin.

En 1837, Marx se negó a seguir la carrera de leyes que su padre —quien era abogado— había planeado para él y, en cambio, se sumergió en la filosofía especulativa de Georg Wilhelm Friedrich Hegel en la Universidad de Berlín. Se podría decir que a partir de ahí todo fue de mal en peor. El gobierno prusiano y su conservadurismo profundo no vieron con buenos ojos ese tipo de pensamiento revolucionario (la filosofía de Hegel proponía un Estado liberal racional) y, para inicios de la siguiente década, la trayectoria académica de profesor universitario que Marx escogió había sido bloqueada.

Si alguna vez pudiera haber una argumentación convincente para demostrar los peligros de la filosofía, sin lugar a duda sería el descubrimiento que hizo Marx de Hegel, cuya "melodía grotesca y escabrosa" le causó repulsión en un principio, pero pronto lo tendría bailando delirante por las calles de Berlín. En una carta de noviembre de 1837, escrita con la misma exaltación, Marx le confesó a su padre: "Quería abrazar a todas las personas que estaban paradas en la esquina".

En este bicentenario del nacimiento de Marx, ¿qué lecciones podríamos obtener de su peligroso y delirante legado filosófico? ¿Cuál sería exactamente la contribución duradera de Marx?

En la actualidad, parecería que su legado está vivo y en buena forma. Desde el inicio del milenio, han surgido una cantidad incalculable de libros, desde trabajos académicos hasta biografías populares, en los cuales se respalda en términos generales la lectura que Marx hizo del capitalismo y su relevancia imperecedera para nuestra época neoliberal.

En 2002, en una conferencia en Londres a la que asistí, el filósofo francés Alain Badiou declaró que Marx se había convertido en el filósofo de la clase media. ¿Qué quiso decir? Creo que su intención fue señalar que, en estos días, la opinión liberal y educada coincide de forma más o menos unánime en que la hipótesis básica de Marx es correcta: el capitalismo es impulsado por una lucha de clases profundamente divisiva en la que la clase minoritaria en el poder se apropia del excedente de mano de obra de la clase trabajadora mayoritaria, a manera de ganancia. Incluso economistas liberales como Nouriel Roubini aceptan que la convicción de Marx de que el capitalismo tiene una tendencia inherente a autodestruirse sigue siendo tan profética como lo fue desde un inicio.

Sin embargo, en este punto se termina la unanimidad de forma abrupta. Aunque la mayoría coincide con el diagnóstico del capitalismo que ofreció Marx, las opiniones para encontrar la manera de tratar su "trastorno" están absolutamente fraccionadas. Además, en este punto radican la originalidad y la gran importancia de Marx como filósofo.

Primero que nada, seamos claros: Marx no llegó a una fórmula mágica para poder abandonar las enormes contradicciones sociales y económicas que conlleva el capitalismo global (según Oxfam, en 2017, el 82 por ciento de la riqueza en el mundo fue a parar en manos del uno por ciento más rico del planeta). No obstante, lo que Marx sí consiguió por medio de su pensamiento materialista fue obtener las armas críticas para socavar la declaración ideológica del capitalismo que lo muestra como la única opción.

En El manifiesto comunista, Marx y Engels escribieron lo siguiente: "La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia".
Marx estaba convencido de que el capitalismo los convertiría en reliquias. Por ejemplo, los avances que se están logrando en los diagnósticos médicos y las cirugías gracias a la inteligencia artificial corroboran el argumento de El manifiesto… según el cual la tecnología iba a acelerar en gran medida la "división del trabajo" o la desprofesionalización de esas carreras.

Para entender de mejor manera cómo fue que Marx logró un impacto mundial tan duradero —uno que podría ser más importante y tener mayor alcance que el de cualquier otro filósofo anterior o posterior a él—, podemos empezar con su relación con Hegel. ¿Qué tenía el trabajo de Hegel que cautivó de tal forma a Marx? Como le informó a su padre, los primeros encuentros con el "sistema" de Hegel —que se construye a sí mismo mediante la superposición de negaciones y contradicciones— no lo habían convencido en su totalidad.

Marx descubrió que los idealismos de finales del siglo XVIII de Immanuel Kant y Johann Gottlieb Fichte que dominaban el pensamiento filosófico a inicios del siglo XIX daban tanta prioridad al pensamiento mismo, que se sostenía que se podía inferir la realidad por medio del razonamiento intelectual. Sin embargo, Marx se rehusó a respaldar la realidad que proponían esos pensadores. En un giro irónico al estilo hegeliano, era todo lo contrario: el mundo material determinaba todo el pensamiento. Como Marx lo menciona en su carta: "Si los dioses habían habitado antes por encima del mundo, ahora se habían convertido en su centro".

La idea de que Dios —o los "dioses"— moraban entre las masas, o estaban "en" ellas, por supuesto que no era nada nuevo en términos filosóficos. No obstante, la innovación de Marx fue poner de cabeza la deferencia idealista, no solo ante Dios, sino ante cualquier autoridad divina. Mientras que Hegel no quiso ir más allá de la defensa del Estado liberal racional, Marx dio un paso más adelante: como los dioses ya no eran divinos, no había necesidad de un Estado.

El concepto de la sociedad sin clases y sin Estado definiría las ideas que tenían del comunismo tanto Marx como Engels y, por supuesto, la historia ulterior y atribulada de los "Estados" comunistas (¡qué ironía!) que se materializaron durante el siglo XX. Aún queda mucho por aprender de esos desastres, pero su relevancia filosófica permanece incierta, por decir lo menos.

El factor clave del legado intelectual de Marx en nuestra sociedad actual no es su "filosofía", sino su "crítica", o lo que describió en 1843 como "la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer los resultados a los que conduzca como en el de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder". Marx escribió en 1845: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo".

La opresión racial y sexual se han añadido a la dinámica de la explotación de clases. Los movimientos que luchan por la justicia social, como Black Lives Matter y #MeToo, tienen una especie de deuda tácita con Marx por su búsqueda sin remordimientos de las "verdades eternas" de nuestros días. Estos movimientos reconocen, como lo hizo Marx, que las ideas que rigen cada sociedad son las de su clase dirigente y que derrocar esas ideas es fundamental para el verdadero progreso revolucionario.

Nos hemos acostumbrado al mantra entusiasta que señala que para efectuar un cambio social tenemos que cambiar nosotros. Sin embargo, no basta el pensamiento racional o tolerante, pues las estructuras del privilegio masculino y de la jerarquía social ya distorsionaron las normas del pensamiento, incluso el lenguaje que utilizamos. Cambiar esas normas implica cambiar los cimientos mismos de la sociedad.

Citando a Marx: "Un orden social nunca se destruye antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas para las que es suficiente, y las nuevas relaciones superiores de producción nunca remplazan a las previas antes de que hayan madurado las condiciones materiales para su existencia dentro del marco de la  sociedad anterior".

Podría decirse que la transición hacia una sociedad nueva donde el valor de un individuo finalmente sea determinado por las relaciones interpersonales, y no por las relaciones con el capital, ha demostrado ser una tarea bastante complicada. Como lo he mencionado, Marx no ofrece una fórmula universal para promulgar el cambio social.

No obstante, sí ofrece una poderosa prueba de fuego intelectual para ese cambio. De acuerdo con esto, estamos destinados a seguir citándolo y probando sus ideas hasta que por fin alcancemos el tipo de sociedad que luchó por crear, una sociedad que deseamos cada vez más personas.
Jason Barker es profesor adjunto de Filosofía en la Universidad Kyung Hee de Corea del Sur y autor de la novela "Marx Returns".

Happy Birthday, Karl Marx. You Were Right!

By Jason Barker
(Mr. Barker is an associate professor of philosophy)
April 30, 2018
SEOUL, South Korea — On May 5, 1818, in the southern German town of Trier, in the picturesque wine-growing region of the Moselle Valley, Karl Marx was born. At the time Trier was one-tenth the size it is today, with a population of around 12,000. According to one of Marx's recent biographers, Jürgen Neffe, Trier is one of those towns where "although everyone doesn't know everyone, many know a lot about many."
Such provincial constraints were no match for Marx's boundless intellectual enthusiasm. Rare were the radical thinkers of the major European capitals of his day that he either failed to meet or would fail to break with on theoretical grounds, including his German contemporaries Wilhelm Weitling and Bruno Bauer; the French "bourgeois socialist" Pierre-Joseph Proudhon, as Marx and Friedrich Engels would label him in their "Communist Manifesto"; and the Russian anarchist Mikhail Bakunin.
In 1837 Marx reneged on the legal career that his father, himself a lawyer, had mapped out for him and immersed himself instead in the speculative philosophy of G.W.F. Hegel at the University of Berlin. One might say that it was all downhill from there. The deeply conservative Prussian government didn't take kindly to such revolutionary thinking (Hegel's philosophy advocated a rational liberal state), and by the start of the next decade Marx's chosen career path as a university professor had been blocked.
If ever there were a convincing case to be made for the dangers of philosophy, then surely it's Marx's discovery of Hegel, whose "grotesque craggy melody" repelled him at first but which soon had him dancing deliriously through the streets of Berlin. As Marx confessed to his father in an equally delirious letter in November 1837, "I wanted to embrace every person standing on the street-corner."
As we reach the bicentennial of Marx's birth, what lessons might we draw from his dangerous and delirious philosophical legacy? What precisely is Marx's lasting contribution?
Today the legacy would appear to be alive and well. Since the turn of the millennium countless books have appeared, from scholarly works to popular biographies, broadly endorsing Marx's reading of capitalism and its enduring relevance to our neoliberal age.
In 2002, the French philosopher Alain Badiou declared at a conference I attended in London that Marx had become the philosopher of the middle class. What did he mean? I believe he meant that educated liberal opinion is today more or less unanimous in its agreement that Marx's basic thesis — that capitalism is driven by a deeply divisive class struggle in which the ruling-class minority appropriates the surplus labor of the working-class majority as profit — is correct. Even liberal economists such as Nouriel Roubini agree that Marx's conviction that capitalism has an inbuilt tendency to destroy itself remains as prescient as ever.
But this is where the unanimity abruptly ends. While most are in agreement about Marx's diagnosis of capitalism, opinion on how to treat its "disorder" is thoroughly divided. And this is where Marx's originality and profound importance as a philosopher lies.
First, let's be clear: Marx arrives at no magic formula for exiting the enormous social and economic contradictions that global capitalism entails (according to Oxfam, 82 percent of the global wealth generated in 2017 went to the world's richest 1 percent). What Marx did achieve, however, through his self-styled materialist thought, were the critical weapons for undermining capitalism's ideological claim to be the only game in town.
In the "Communist Manifesto," Marx and Engels wrote: "The bourgeoisie has stripped of its halo every occupation hitherto honored and looked up to with reverent awe. It has converted the physician, the lawyer, the priest, the poet, the man of science, into its paid wage laborers."
Marx was convinced that capitalism would soon make relics of them. The inroads that artificial intelligence is currently making into medical diagnosis and surgery, for instance, bears out the argument in the "Manifesto" that technology would greatly accelerate the "division of labor," or the deskilling of such professions.
To better understand how Marx achieved his lasting global impact — an impact arguably greater and wider than any other philosopher's before or after him — we can begin with his relationship to Hegel. What was it about Hegel's work that so captivated Marx? As he informed his father, early encounters with Hegel's "system," which builds itself upon layer after layer of negations and contradictions, hadn't entirely won him over.
Marx found that the late-18th-century idealisms of Immanuel Kant and Johann Gottlieb Fichte that so dominated philosophical thinking in the early 19th century prioritized thinking itself — so much so that reality could be inferred through intellectual reasoning. But Marx refused to endorse their reality. In an ironic Hegelian twist, it was the complete opposite: It was the material world that determined all thinking. As Marx puts it in his letter, "If previously the gods had dwelt above the earth, now they became its center."
The idea that God — or "gods"— dwelt among the masses, or was "in" them, was of course nothing philosophically new. But Marx's innovation was to stand idealistic deference — not just to God but to any divine authority — on its head. Whereas Hegel had stopped at advocating a rational liberal state, Marx would go one stage further: Since the gods were no longer divine, there was no need for a state at all.
The idea of the classless and stateless society would come to define both Marx's and Engels's idea of communism, and of course the subsequent and troubled history of the Communist "states" (ironically enough!) that materialized during the 20th century. There is still a great deal to be learned from their disasters, but their philosophical relevance remains doubtful, to say the least.
The key factor in Marx's intellectual legacy in our present-day society is not "philosophy" but "critique," or what he described in 1843 as "the ruthless criticism of all that exists: ruthless both in the sense of not being afraid of the results it arrives at and in the sense of being just as little afraid of conflict with the powers that be." "The philosophers have only interpreted the world, in various ways; the point is to change it," he wrote in 1845.
Racial and sexual oppression have been added to the dynamic of class exploitation. Social justice movements like Black Lives Matter and #MeToo, owe something of an unspoken debt to Marx through their unapologetic targeting of the "eternal truths" of our age. Such movements recognize, as did Marx, that the ideas that rule every society are those of its ruling class and that overturning those ideas is fundamental to true revolutionary progress.
We have become used to the go-getting mantra that to effect social change we first have to change ourselves. But enlightened or rational thinking is not enough, since the norms of thinking are already skewed by the structures of male privilege and social hierarchy, even down to the language we use. Changing those norms entails changing the very foundations of society.
To cite Marx, "No social order is ever destroyed before all the productive forces for which it is sufficient have been developed, and new superior relations of production never replace older ones before the material conditions for their existence have matured within the framework of the old society."
The transition to a new society where relations among people, rather than capital relations, finally determine an individual's worth is arguably proving to be quite a task. Marx, as I have said, does not offer a one-size-fits-all formula for enacting social change. But he does offer a powerful intellectual acid test for that change. On that basis, we are destined to keep citing him and testing his ideas until the kind of society that he struggled to bring about, and that increasing numbers of us now desire, is finally realized.
Jason Barker is an associate professor of philosophy at Kyung Hee University in South Korea and author of the novel "Marx Returns."