miércoles, 3 de julio de 2019

A Santiago Álvarez se le recuerda entre jóvenes


Ediciones ICAIC ha presentado el libro Santiago Álvarez: un cineasta en revolución, en el que tres miembros de la Cátedra Honorífica de Periodismo Cinematográfico Santiago Álvarez exploran el amplio e intenso mundo de nuestro documentalista mayor. El texto es resultado de sus tesis de graduación de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

El análisis se centra en el mayor aporte del realizador cubano a nuestra cinematografía: el Noticiero ICAIC Latinoamericano. Sin embargo, al profundizar en su quehacer artístico, la narrativa transcurre por diversos matices: desde el original manejo de la música, para darle una especial intención a la historia del documental; la estética humanista de su obra, más allá del Noticiero, como memoria fílmica del mundo que le tocó vivir; hasta el nuevo enfoque del periodismo cinematográfico que representó su trabajo y la valoración por colaboradores y críticos.

El libro cuenta con el privilegio de un prólogo que es una joya de la literatura en función del séptimo arte. Con el título La obra documental del gran Santiago Álvarez, el Premio Nacional de Literatura Reynaldo González —quien fue director de la Cinemateca de Cuba por 11 años— hace un acucioso análisis de la trayectoria artística de su amigo, que muestra "el mayor caleidoscopio de imágenes y asuntos acumulados por un cineasta latinoamericano", fiel a una idea de servicio social y a una definición ideológica.

Reconoce en su "franqueza política" uno de los signos distintivos de su obra, pues de una forma poética, firme y persuasiva demostró su vocación socialista y la confrontación con el imperialismo en cualquiera de sus manifestaciones. Su recorrido por más de 90 países, cámara en mano como corresponsal de guerra, nos acercó a las luchas progresistas de países y continentes y a la esencia criminal del racismo, un mundo ignorado o mal atendido por el cine de entonces. "Con el Noticiero nos hicimos más cubanos, más latinoamericanos", dice el escritor, recalcando una transcendencia política de la que poco se habla.

De esa forma también nos recuerda —a aquellos que tuvimos la oportunidad— el estímulo de muchos para ir al cine cada semana, más que nada, con el objetivo de disfrutar y actualizarnos con el Noticiero, cuando no había tanta diversidad de soportes informativos y los que existían no eran suficientes. Pero la complejidad de los temas que abordó, junto a su maestría, lo obligaron a imponer formas propias y novedosas de transmitir imágenes y sonidos que rompían con lo que se conocía tradicionalmente como un "noticiario".

Es justo reconocer que el Noticiero ICAIC Latinoamericano fue, a la vez, una escuela formadora de talentos para quienes lo acompañaron. No cabe dudas de que su excelente factura le ganó fama y lo colocó entre los grandes del género documental hasta llegar a ser uno de los "maestros fundamentales del género".

La primera parte del libro, escrito por Lianet Cruz Pareta, establece los marcos de estudio con su trabajo Arte y compromiso en la gran pantalla: el Noticiero ICAIC Latinoamericano. Inicia su análisis reflejando el contexto histórico de su surgimiento, el 6 de junio de 1960 de la mano de Alfredo Guevara, como parte del impulso cultural de la naciente Revolución Cubana y del ICAIC. Sus objetivos: romper con el pasado comercial y sensacionalista de este tipo de productos y crear una contraparte efectiva a los grandes medios de comunicación, dominados por Estados Unidos y enfrascados en desvirtuar la realidad cubana.

A partir de entonces, por más de 30 años consecutivos y a través de 1492 emisiones "Cuba aparecía tal cual en la pantalla, sin publicidad, sin refinamientos burgueses, sin estereotipos y sin prejuicios sociales". La autora destaca que su carácter propagandístico no se contrapuso a su calidad artística y la propuesta constituyó una metamorfosis estilística en la intencionalidad del uso de la imagen, la dinámica del montaje, la banda sonora, la fotografía y los demás recursos técnicos, que hicieron de cada entrega un atractivo acontecimiento noticioso y artístico.

El estudio permite recorrer en detalles los más de seis lustros de quehacer del Noticiero, de sus condiciones técnico-organizativas, su autonomía, del talento de las nuevas figuras que se incorporaban al proceso de filmación, montaje, edición y sonido y, sobre todo, de la creatividad autodidacta de Santiago, innovador y refundador del género que se guiaba por la máxima de que "la necesidad es la madre de todas las invenciones". En extremo minucioso, logró imprimir un sello personal en la forma de "recrear" la noticia, con una importancia en su valor testimonial tan significativa que le valió la condición de Memoria del Mundo, entregado por la UNESCO en 2009.

Andy Muñoz Alfonso, en la segunda parte del libro, se adentra más en aspectos estéticos específicos —sobre todo la banda sonora y el montaje— con su trabajo La melodía del cambio, en la que resalta que la cosmovisión musical de Santiago le permitió "captar la esencia rítmica de los fenómenos" y romper los cánones establecidos en el cine y el periodismo.

A partir del análisis del desarrollo del cine documental en la región y el surgimiento de lo que sería el Nuevo Cine Latinoamericano, el autor profundiza en el papel del ICAIC en la "permanente y profunda subversión cultural" que planteaba la Revolución y en la búsqueda de nuevas formas de expresión estética, con urgencia en la experimentación.

Tras un rápido y sustancioso recorrido por el papel y desarrollo del sonido en el cine, se detiene en ilustrar cómo Santiago se desmarcó de la norma —que utilizaba la música para ayudar a la imagen en determinado momento— y logró una relación armoniosa y vertical de sonido e imagen, viendo "la banda sonora como un elemento que podía aportar a la narración, sobre todo a la hora de incidir emocionalmente".

Sobre esta base, Santiago se movió entre una concepción operística y su propio estilo (que el autor llama alvareziano), basado en la capacidad del montaje visual y sonoro, en el que la música cumple el objetivo de reforzar el contenido dramático de la acción. Como él mismo dijera: "Disponemos de la imagen, banda sonora (con música y efectos) y hasta de los silencios para expresarnos. Con todo eso se puede tejer una narración".

Esta es la razón principal de la tesis que se plantea: en su resultado artístico, la banda sonora desempeñaba el rol de generadora de sentido en el relato cinematográfico. Para demostrarlo, explora detalladamente en varios de sus trabajos, más allá del Noticiero, los documentales Now!, Ciclón, Hanoi martes 13,El Benny y L.B.J.

La tercera parte del libro, el texto Adiós a las armas, de Yobán Pelayo Legrá, lo conforman seis entrevistas con personalidades vinculados de alguna forma al tema, enfocados principalmente en las repercusiones "estéticas, temáticas y productivas" del fin de esta experiencia en el contexto del documental cubano.

Para Ismael Perdomo, que se incorporó a mediado de los 90 al ICAIC, el Noticiero fue "la base de todo" cuando se habla del nuevo enfoque del género en Cuba y la formación de cineastas curiosos de documentar la realidad. Sin embargo, la crisis del Período Especial y el fin del Noticiero condujo a la dispersión de sus cultivadores y la falta de recursos para continuar su desarrollo.

Por su parte, el director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo, valora que el principal aporte de esa experiencia fue "la agudeza que les brindó a muchos realizadores para acercarse a la realidad desde el ángulo más directo y efectivo", además de la tendencia crítica y la valentía de Santiago para enfrentarlas. Pero la crisis de los 90 no solo significó las limitaciones económicas, sino la disminución en la creatividad y la pobreza estética en la producción de documentales, salvo excepciones. También coincidieron con estas opiniones los cineastas Daniel Diez y Fernando Pérez, quien recuerda la peculiar mirada comprometida y militante de Santiago, "pero un militante muy abierto a todo".

El periodista y crítico Joel del Río destaca el convincente periodismo audiovisual que constituyó la obra de Santiago, que se convirtió en el reservorio de "inquietudes, críticas y cuestionamientos que se tenían respecto a la práctica del socialismo en ese momento". La realizadora Rebeca Chávez —para quien "no había escuela como esa"— insiste en el montaje como el principal aporte del Noticiero, que "desencartonó" el lenguaje clásico con que se realizaban a nivel internacional y tuvo una influencia imprescindible en la producción cubana de documentales.

El libro culmina con una muestra fotográfica, breve pero ilustrativa, de la intensidad del trabajo y compromiso político de Santiago: en su visita a Vietnam con Ho Chi Minh, al Chile de Salvador Allende, con Haydée Santamaría y muchas otras personalidades de la cultura cubana y mundial, con Lázara Herrera, su esposa, y con Fidel Castro.

Los jóvenes han investigado y han escrito sobre una figura cimera del cine, referencia esencial para hablar del documental cubano. Mucho se aprende entre sus páginas y es bienvenido este acercamiento desde las diferentes aristas que se aborda; pero mucho queda también por analizar para que no se pierda el trascendental legado de Santiago Álvarez y de tantos otros realizadores, que es profundizar en la historia de la cultura cubana.

martes, 25 de junio de 2019

Homenaje a Nicolás Guillén en el 30 aniversario de su desaparición física


Tomado de: http://www.uneac.org.cu/noticias/homenaje-nicolas-guillen-en-el-30-aniversario-de-su-desaparicion-fisica#Cuba

La Fundación Nicolás Guillén, adscrita a la UNEAC, ha preparado en La Habana un programa de actividades del 10 al 16 de julio, cuando se cumplen 30 años de la desaparición física del poeta nacional.

El homenaje comenzará el miércoles 10 a las 10 de la mañana en la Alameda de Paula, cuando el Dr. Eusebio Leal, Historiador de La Habana, dejará inaugurada una estatua y una tarja conmemorativa al destacado poeta e intelectual cubano en ese emblemático lugar de la ciudad. Durante la tarde, en la calle de la poesía (frente a la Fragua Martiana), habrá lectura de poemas y venta de libros de la colección "Palma sola", de Ediciones Sensemayá.

El jueves 11 de julio será el Centro Dulce María Loynaz el encargado del homenaje, en su espacio "Gentes y lugares de La Habana" el presentador Ciro Bianchi tendrá como invitada a Nancy Morejón y se declamarán poemas de Guillén en las interpretaciones de los actores Obelia Blanco y Alden Knight.

En el "Sábado del libro" del 13 de julio, a las 10 de la mañana, el escritor y ensayista Virgilio López Lemus presentará en la Calle de Madera de la Plaza de Armas el libro "SóngoroCosongo" y el lunes 15 a las 9:30am se desarrollará en la UNEAC el coloquio "Cultura y Revolución", que contará en el panel con los destacados escritores Keith Ellis (de Jamaica), Abel Prieto, Nancy Morejón y Luis Álvarez Álvarez.

A las 2 de la tarde, la galería Villa Manuela de esa institución abrirá la exposición fotográfica "Iba yo por un camino…" y a las 5 pm Abel Prieto presentará el libro de Luis Álvarez titulado "Cuando la luz del mundo crece. Sesquicentenario de la Asamblea de Guáimaro".

El programa de homenajes al poeta culminará el martes 16 de julio a las 10 de la mañana, con una peregrinación al panteón de las FAR en el cementerio de Colón, donde el Ministro de Cultura Alpidio Alonso tendrá a su cargo las palabras de recordación. A las 4 de la tarde de ese mismo día, la calle de madera de La Habana Vieja acogerá el final del programa para presentar su trascendental poemario "Una paloma de vuelo popular".

sábado, 18 de mayo de 2019

Entregado el Premio Rafael Alberti a Eusebio Leal

El patio del Liceo Artístico y Literario de la Habana, en la Plaza de la Catedral, acogió en la tarde del jueves 16 de mayo la ceremonia de entrega del premio Rafael Alberti, que otorga anualmente la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Andalucía, la Embajada de España en Cuba, la Casa de la Poesía y la familia Alberti-León. En esta ocasión, el homenajeado de honor fue el Dr. Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, quien recibió la distinción por la obra de toda la vida, junto a los destacados intelectuales españoles Luis García Montero, Benjamín Prado y Joan Carles Fogo Vila.

Aitana Alberti, hija del reconocido poeta y pintor español, dio la bienvenida y destacó que este año, además de celebrarse el 500 aniversario de La Habana, se cumplen 20 años del fallecimiento de su padre y se ha concebido este encuentro como un homenaje para promover el conocimiento y estudio de su poesía, recordar sus versos, los espacios que habitó y su compromiso social y político. El poeta y ensayista Virgilio López Lemus, quien recibió este premio en 2018, recordó al destacado poeta de la generación del 27 español, su relevancia en las letras castellanas y sus batallas políticas, tanto en su tierra como en el exilio.

Por su parte, Eusebio Leal al recibir el premio resaltó el papel de la Sociedad Andaluza y de este galardón en la preservación de la herencia de los naturales de esa región española quienes, a pesar de haber sido un grupo pequeño de inmigrantes, dejaron una huella indeleble en la cultura cubana.

Resaltó que el mejor regalo de esta herencia es que hablamos con las manos, con los ojos, con las intenciones, que su cultura se refleja en la arquitectura, en las rejas, en la famosa Giraldilla, además del sentido místico y poético conque vemos las cosas. En esta ocasión, el legado andaluz se refleja en la obra de Rafael Alberti, cuya hija ha mantenido vivo su recuerdo y ha sido capaz de "escribir con caracteres lo que está inscrito con letras invisibles en el alma de los cubanos".

El Excmo. Sr. Juan Fernández Trigo, Embajador de España en Cuba, al hacer la clausura agradeció la presencia de destacadas personalidades de la cultura cubana en la ceremonia y destacó el premio como una forma de honrar la figura de Alberti, artista muy comprometido con su país y reconocido como un hombre de reconciliación, demostrando también su grandeza como hombre de la cultura.

El cierre de la ceremonia contó con fragmentos de "Invitación a un viaje sonoro", cantata de Rafael Alberti para verso, laúd y piano, interpretada por Aitana y el dúo Amanecer; además del grupo de danza española "Fé Andaluza".

Las personalidades españolas que recibieron el premio fueron el granadino Luis García Montero, destacado poeta y ensayista, director del Instituto Cervantes; el madrileño Benjamín Prado, reconocido novelista, ensayista y poeta; y el catalán Joan Carles Fogo Vila, doctor arquitecto y relevante ensayista que ha dedicado gran parte de su obra al estudio de la vida y los espacios habitados del poeta.

lunes, 18 de marzo de 2019

La industria del odio entre cubanos

La industria del odio entre cubanos y contra #Cuba sigue dando resultados: usan resentimientos, medias verdades, falsos argumentos, viejos mitos, suposiciones, mentiras. 
Es triste ver cómo gente con cerebro, intoxicada de tanta información chatarra, repiten esos argumentos y crean confusión, frustraciones y enemistades con sus propios amigos, viejos colegas, familias, vecinos de antaño.
Pero lo más triste es que produce, sobre todo, mucho dinero para quienes la organizan y lucran con nuestras pasiones inflamadas. Y lo seguirán haciendo mientras se priorice el enfrentamiento. Tienen mucha experiencia en eso porque lo vienen haciendo desde varias generaciones. 
Vaya vil manera de ganarse la vida!
Sé que me acusarán de viejo recalcitrante comunista o, cuando menos, de tonto engañado por la propaganda de la dictadura castrista, anclado en el pasado. Cuánto daño nos hace la desmemoria!

miércoles, 20 de febrero de 2019

Los locutores a debate en preparación del IX Congreso de la UNEAC


Tomado de: http://www.uneac.org.cu/noticias/los-locutores-debate-en-preparacion-del-ix-congreso-de-la-uneac
Un profundo debate se generó en la asamblea previa al IX Congreso de la UNEAC en la sección de Locución de la Asociación de Cine, Radio y Televisión, que tuvo lugar en la sala Rubén Martínez Villena en la tarde del martes 19 de febrero.
Rosalía Arnáez y Marialina Grau, presidentas de la Asociación y de la sección, respectivamente, dieron lectura a los informes que presentan al Congreso sobre el trabajo realizado, que dio pie a las reflexiones de los asistentes.
Las tensiones que se dan entre la capacitación y las capacidades de empleo, a partir del hecho de que muchos han pasado los diplomados sobre locución pero pocos consiguen llegar a hacer radio o televisión; la necesidad de encontrar vías prácticas para la formación de los locutores, por la intensidad de su trabajo y el movimiento habitual que tienen entre diferentes medios; la poca estimulación salarial que reciben y la importancia de preservar la calidad del trabajo, evitando el verbalismo y las muletillas, entre otros males, cuidándose de las influencias de las televisoras externas, fueron algunas de las preocupaciones expresadas.
Se insistió en el respeto a la ética y a la profesión, a la preparación cultural general de los profesionales y a la necesidad del acceso a la información, por todas las vías posibles, para poder ofrecer un servicio de calidad en nuestros medios. Fueron identificados como elementos claves para lograrlo la interpretación, con naturalidad y credibilidad, del trabajo que se realiza pues para llegar a la razón hay que persuadir y convencer. De ahí la importancia de contar con los locutores y no menospreciar la formación que tienen, pues son capaces de dominar las técnicas que permiten transmitir los mensajes con la suficiente seguridad para involucrar emocionalmente al receptor.
Un tema que causó mucho interés fue la marginalizacion de los locutores en algunos medios y su sustitución por periodistas, actores o personalidades públicas famosas, siguiendo un patrón extranjero que en ocasiones va en detrimento del oficio. Algunos de los presentes incluso abogaron por que quienes asuman ese trabajo reciban un entrenamiento como locutores - que incluya una evaluación - pues estarán encargados de transmitir valores y mensajes relacionados no solo con el lenguaje y la voz.
Sin embargo, se concluyó que cada vez hay un mayor acercamiento entre el periodismo y otras manifestaciones artísticas con la locución, las cuales pueden coexistir y retroalimentarse mutuamente en beneficio del producto que se entrega al público. Rosalía Arnáez puntualizó que lo más importante entonces será defender la buena locución de todas aquellas personas que lo hagan: sean artistas, meteorólogos, periodistas, locutores profesionales o cualquier otro. Asimismo, no se debe renunciar a encontrar vías comunes entre todas las instituciones y organizaciones involucradas, en beneficio de la calidad y del oficio.
Miguel Barnet, presente en el debate, coincidió con que la profesión del locutor ha estado subvalorada en algunos medios e hizo hincapié en la entonación, la interpretación de la noticia y la cultura integral del locutor. Por su parte, el vicepresidente primero, Luis Morlote resaltó la reunión como una sesión de trabajo que logró profundizar en las principales preocupaciones del gremio, lo que debe ser el estilo de la sección y de la organización. Elogió a esta sección por haber realizado eventos que son paradigmáticos en el trabajo de la UNEAC, pero se requiere explotar mejor la organización para ponerla al servicio de esta profesión.
La compañera Olga González, funcionaria del Comité Central del Partido, valoró altamente la asamblea al considerar que se realizó desde el compromiso y la profesionalidad. Recalcó que los locutores tienen un vínculo muy especial con el pueblo, que les reconoce en la familiaridad de sus voces y la presencia en los medios, lo que entraña una gran responsabilidad para quienes lo realizan. "Los locutores son la voz de la Revolución", reafirmó, y se debe trabajar en defensa de la calidad, de la articulación de estrategias conjuntas frente a las carencias materiales y los obstáculos que se puedan presentar, más aún en el contexto analizado, donde se van desdibujando las fronteras entre las profesiones. 
Al finalizar el encuentro fueron elegidos como delegados al IX Congreso de la UNEAC los locutores Luis Alarcón Santana, Rosalía Arnáez, Marialina Grau e Idania Martínez Grandal. Rosalía también fue elegida como candidata al ejecutivo de la Asociación y al Consejo Nacional de la organización, junto a Marialina Grau en este último caso. A su vez, Marialina fue ratificada como presidenta de la sección, acompañada por Miguel Sierra de vicepresidente y Yumié Rodríguez de secretaria.

Juan Almeida Bosque: un comandante de leyenda


Tomado de: http://www.uneac.org.cu/noticias/juan-almeida-bosque-un-comandante-de-leyenda
Un emotivo homenaje a propósito del aniversario 92 del nacimiento del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque fue organizado en la mañana del lunes 18 de febrero en la sala Villena de la UNEAC.
Los populares acordes de la canción "La Lupe", interpretada por el Coro Nacional Infantil acompañado al piano por su directora, la maestra Digna Guerra, dieron inicio a la celebración. Ante una sala llena de público, que contó con la presencia del Presidente de la UNEAC Miguel Barnet y los hijos y familiares del músico Comandante, el Dr. Héctor Terry Molina —colaborador cercano de Almeida— tuvo a su cargo las palabras centrales.
El Dr. Terry recordó el intenso trabajo del Comandante en la antigua provincia de Oriente —donde lo conoció—, considerándolo un "maestro político y administrativo", pues su método de trabajo fue como una escuela para saber gobernar. Entre otros ejemplos, mencionó la verificación personal del cumplimiento de las tareas, el estilo de trabajar ayudándose unos a otros y en cooperación, para que las soluciones salieran de conjunto, la atención a las epidemias y a la salud del pueblo, la importancia que le daba a la limpieza y el embellecimiento de las ciudades y pueblos, el olfato que le caracterizaba para conocer a la población y seguir la sabiduría popular.
Numerosas anécdotas demostraron lo que de calificó como "la sensibilidad exquisita" de Almeida, que no se limita a su música y poética, sino al trabajo constante con la gente, atendiendo personalmente los programas sociales de la Revolución y transformando cada pedazo de la geografía en beneficios para el pueblo: escuelas y hogares para ancianos, para impedidos físicos y mentales, preocupación constante sobre los programas maternos, de supervivencia infantil y control de las epidemias, en momentos que había mucho por hacer.
"Almeida fue un combatiente de leyenda", concluyó el Dr. Terry, al tomar en cuenta su procedencia social, su alegría y su altruismo, el permanente vínculo que tuvo con el pueblo, su carisma popular y su profunda convicción política, su fidelidad y su confianza en Fidel y la Revolución.
Fragmentos del documental "Dos historias y un creador", de la realizadora cubana Norma Heras León, recordó pasajes de la participación del Comandante en la epopeya histórica de la Revolución, contados por él mismo con esa forma desenfadada de referirse a las mayores heroicidades. El video de la canción "Así te recordamos, comandante", escrita por el General Robertico Valdés - también presente en la conmemoración - fue el más emotivo cierre con que culminó la velada.
El escritor y Embajador Oscar Oramas, organizador del homenaje junto a Nisia Agüero, ratificó la vigencia de la famosa frase del Comandante Almeida de "Aquí no se rinde nadie" en una situación internacional tan compleja como la actual, cuando se agravan las amenazas imperiales contra Cuba y Venezuela.

martes, 19 de febrero de 2019

Los humoristas de la UNEAC en Asamblea


Tomado de: http://www.uneac.org.cu/noticias/los-humoristas-de-la-uneac-en-asamblea
La asamblea de la sección de Humorismo de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC, previa al IX Congreso, se realizó en la tarde del lunes 18 de febrero en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC con la presencia del Presidente y el Vicepresidente primero de la UNEAC.
Un resumen del trabajo de la Asociación, leído por su presidente Pancho González, dio inicio al encuentro. Por su parte, la presidenta de la sección, Cirita Santana, particularizó en las actividades realizadas y destacó que el humor ha traspasado las fronteras del género, pues ya hay muchas mujeres humoristas en Cuba. Además resaltó la importancia de que el humor sea inteligente, fresco, cubano y que haga reflexionar: como dijera nuestro José Martí, que sea "un látigo con cascabel en la punta".
Un primer planteamiento, que ha sido constante entre los artistas de la Asociación, fue la demanda de una estrategia definida y si existen resultados concretos en la lucha contra del "intrusismo profesional", que sigue golpeando y afecta la calidad del humor, así como la credibilidad del arte que ellos expresan.
La falta de crítica en la prensa con relación al humorismo, entre otras manifestaciones artísticas; el absurdo proceso burocrático de solicitar los guiones de los humoristas en sus presentaciones; la necesidad de publicar —por escrito— muchos de los proyectos de humoristas que se presentan, con el fin de dejar la memoria histórica del trabajo que realizan; la falta de humor en la radio, a pesar de la historia que tiene, los problemas que enfrenta la televisión con los proyectos humorísticos y la necesidad de convocar a escritores jóvenes para revitalizarlos, fueron varios de los principales temas discutidos.
Miguel Barnet señaló la necesidad y demanda de humor en el pueblo, que ocupe todas las áreas de la sociedad y rompa la solemnidad y las carencias cotidianas. Recalcó que "la Revolución cubana, incluso en los momentos más duros, ha sido una revolución con pachanga" e históricamente la población cubana ha recurrido al humor para relajar de nuestras dificultades, con una sensibilidad especial para el humor inteligente, agudo, cáustico.
Morlote resaltó la necesidad de retomar la diversidad de programas humorísticos que tuvimos en momentos anteriores en nuestros medios de difusión e insistió en la importancia de que la UNEAC sea el espacio permanente de los artistas para conducir sus preocupaciones y, desde la sección, debatir soluciones viables a los problemas. 
En la asamblea se ratificó a Cirita Santana como su Presidenta, quien estará acompañada de Esteban Averhoff como vicepresidente y Carmita Ruiz como Secretaria. Cirita fue también elegida como precandidata al ejecutivo de la Asociación, mientras Kike Quiñones fue seleccionado como candidato al Consejo Nacional de la UNEAC y se eligieron además, como delegados al Congreso, a Cirita Santana y Kike Quiñones.

lunes, 18 de febrero de 2019

Los titiriteros y los artistas de teatro para niños en Congreso


Con la presencia del vicepresidente primero de la UNEAC, Luis Morlote, y la compañera Olga González, funcionaria del Comité Central del PCC, en la tarde del viernes 15 de febrero la sección de Teatro para niños y de títeres, perteneciente a la Asociación de Artistas Escénicos de La Habana, celebró en la sala Rubén Martínez Villena su asamblea previa al IX Congreso de la UNEAC.

El presidente de la Asociación, Francisco González (Pancho), dio lectura al informe sobre el trabajo realizado en los últimos años, haciendo una síntesis de la atención brindada a los miembros, las actividades y premios promovidos por la organización y los problemas enfrentados. Por su parte, la presidenta de la sección, Gladys Casanova, también informó sobre las particularidades de su trabajo, comenzando con un minuto de silencio en homenaje a Armando Morales, destacado actor titiritero y fundador del Teatro Nacional de Guiñol, fallecido recientemente.

Entre los temas de mayor interés se expresó la preocupación por el "intrusismo profesional" y la entrega indiscriminada de licencias artísticas, las que deberían ser otorgadas por organismos con capacidad para ello. Payasos improvisados en escuelas, hospitales y centros de recreación, que no representan los valores de la cultura cubana, el enriquecimiento irregular de algunas personas y el amiguismo han sido algunos de los resultados de esas prácticas. Funcionarios de las instituciones culturales presentes indicaron que ya se ha tomado debida nota de este asunto, a partir de quejas anteriores, y se encuentran enfrascados en la toma de decisiones al respecto.

Un pronunciamiento importante de la reunión fue la disposición de los artistas presentes en apoyo a Venezuela y en las zonas afectadas por el tornado en La Habana. En este último caso, se expresó la necesidad de ayuda para la rehabilitación del teatro La Edad de Oro y el único museo de marionetas del país, que sufrieron daños en el municipio 10 de octubre.

Otros temas planteados fueron la solicitud de retomar y mantener las actividades que se han realizado y que tienen una historia en la Asociación, como "La Bacanal" y la distinción "Majadaonda"; la responsabilidad de entregar los premios de cultura comunitaria a los artistas que tengan una incidencia real en los barrios, junto al pueblo; la promoción y evaluación de las creaciones artísticas de forma fluida y el uso de las redes sociales; así como la importancia de definir las prioridades de la sección para el trabajo a realizar, los recursos que se deben asignar y las actividades a programar.

Morlote insistió en la importancia de  crear y mantener sistemáticamente un espacio de participación colectiva para decidir las prioridades del trabajo de los creadores y resaltó que la UNEAC debe profundizar en su función de la organización que es, para ser capaz de escuchar y responder a los intereses de los artistas. 

Al final del encuentro, los miembros de la sección ratificaron a Gladys Casanova como su presidenta, junto a Doris Vargas de vicepresidenta y Yumié Rodríguez como secretaria. Además eligieron como sus delegados al Congreso a Christian Medina y Julio García Cordero, este último también es la propuesta para ser miembro del Consejo Nacional de la UNEAC, mientras Ana Rojas Estévez fue seleccionada como propuesta para la candidatura del ejecutivo de la Asociación.

viernes, 15 de febrero de 2019

La música popular a debate en preparación al Congreso de la UNEAC

Un balance del trabajo realizado por la sección de Intérpretes de Música Popular de la Asociación de Música fue realizado en la mañana del martes 12 de febrero en la sala Bertold Brecht de la capital, como reunión preparatoria del IX Congreso de la UNEAC.
El encuentro estuvo presidido por Miguel Barnet y Luis Morlote, Presidente y Vicepresidente primero de la organización; Olga González, del Comité Central del Partido; Nereida López, del Sindicato de la Cultura; Angel Bonne, Presidente de la Sección, y Marta Bonete, del Instituto de la música, entre otros funcionarios de la cultura, la radio y la televisión.
El Presidente de la Asociación de Música, Guido López Gavilán, realizó una amplia introducción en la que destacó los principales resultados del trabajo realizado, lo que no significa que se esté conforme con la solución a todos los problemas planteados por la membresía. Especialmente, se refirió a la promoción de géneros musicales, los premios entregados y la atención a los miembros en la medida de las posibilidades de la organización, entre otros temas.
La primera propuesta a debate fue la idea de subdividir a este amplio grupo de creadores en tres secciones, que particularizara a trovadores, vocalistas e instrumentistas. La idea era facilitar la comunicación con ellos a profundidad y conducir más eficientemente sus preocupaciones. 
Sin embargo, la necesidad de garantizar mejor la unidad de los artistas fue más valorado por los presentes, en lugar de dispersar sus intereses. Se insistió en la importancia de enfrentar de conjunto problemas comunes, que van más allá de esa especialización, como la banalización de la música, la monetarización de la creación artística y el financiamiento de proyectos culturales viables. 
El ciberespacio y la gran influencia de internet en la creación y la difusión musical, la sonoridad del entorno público, el necesario apoyo de las instituciones culturales y la deficiente promoción artística en las escuelas, en detrimento de la educación popular, el mal gusto que impera en muchos lugares a partir de decisiones empresariales y la falta de espacios en dónde los trovadores puedan encontrar una remuneración adecuada, fueron algunos de los temas iniciales de discusión.
Otras preocupaciones de gran interés se relacionaron con la atención a las programaciones culturales en los espacios estatales y privados, sobre todo en función de evitar el amiguismo; la desaparición de eventos culturales de arraigo popular y promoción artística de calidad, como el Concurso Adolfo Guzmán entre otros, y la reducción considerable de la vida nocturna de la ciudad en beneficio de la música grabada lo que, además de afectar la promoción, disminuye la posibilidad de fuentes de trabajo para muchos de los artistas profesionales que ponen muy en alto la música cubana.
Asimismo se analizó la necesidad de profundizar en la remuneración a los músicos, en correspondencia con la preparación y la calidad del arte que brindan; la baja representación de las empresas musicales en relación con el incremento del turismo y la deficiencia en la enseñanza de la música popular en nuestras escuelas, con la necesidad de crear programas que la integren.
Muchos otros fueron los temas a debate que, a decir del Vicepresidente Morlote, deben formar parte de la plataforma de trabajo del nuevo liderazgo que surja del proceso electoral, como ejercicio cotidiano, para utilizar creativamente la inteligencia colectiva de los artistas.
El encuentro culminó con un llamado, por parte de Olga González, a resolver los viejos problemas y a no permitir que los nuevos se añejen, a canalizar mejor las preocupaciones y no cansarse en el empeño de tratar de hallar las soluciones.
Al finalizar el encuentro se dio a conocer el nuevo liderazgo de la sección, que estará a cargo de Orlando Vistel como Presidente, Miguel Patterson vicepresidente y Emilia Morales de secretaria. Como delegados al Congreso por la sección asistirán Miguel Patterson, José Loyola, Orlando Vistel, Emilio Morales, Rembert Egües y Angel Bonne.
Además, se eligieron como Candidatos al Consejo Nacional de la UNEAC a Miguel Patterson, José Loyola y Orlando Vistel; este último también electo como miembro del ejecutivo de la Asociación de Música.

miércoles, 9 de enero de 2019

The Real Story Behind the Havana Embassy Mystery (from Vanity Fair)

U.S. officials say dozens of diplomats in Cuba were felled by a sonic "attack." But the likeliest culprit is far less futuristic—and much more terrifying.
Jack Hitt / January 6, 2019 5:00 PM
The most dire diplomatic crisis of the Trump administration, or maybe just the weirdest, began without much notice in November 2016, some three weeks after the new president was elected. An American working at the U.S. Embassy in Havana—some call him Patient Zero—complained that he had heard strange noises outside his home. "It was annoying to the point where you had to go in the house and close all the windows and doors and turn up the TV," the diplomat told ProPublica. Zero discussed the sound with his next-door neighbor, who also worked at the embassy. The neighbor said, yeah, he too had heard noises, which he described as "mechanical-sounding."
Several months later, a third staffer at the embassy described suffering from hearing loss he associated with a strange sound. Before long, more and more people at the embassy were talking about it. They, too, started to get sick. The symptoms were as diverse as they were terrifying—memory loss, mental stupor, hearing problems, headaches. In all, some two dozen people were eventually evacuated for testing and treatment.
The outbreak at the U.S. Embassy in Cuba wasn't the only mysterious illness to pop up in the headlines. Around the same time that embassy officials were preparing to fly home, more than 20 students at an Oklahoma high school suddenly came down with baffling symptoms—uncontrollable muscle spasms, even paralysis. A few years before, a similar incident at a school in upstate New York had caught the attention of the local Fox News affiliate, which sent parents into a panic over the possibility that their children had been stricken by an unidentified immune disorder. But the Cuban mystery, the Trump administration insisted, was different. It was not some environmental mishap, but something far more diabolical.
Encouraged by U.S. officials, the media quickly unfurled a story that the mysterious sound was an "attack"—an act of war. Some kind of "acoustic weapon" had been secretly aimed at the diplomats, in an effort to reduce them to brain-damaged zombies. The story got told with a side helping of Cold War envy. Private contractors and the Pentagon's own hip military lab, the Defense Advanced Research Projects Agency, had long been working to develop an arsenal of sound weapons. There had been some limited success with cumbersome devices like MEDUSA (Mob Excess Deterrent Using Silent Audio) and LRAD (Long Range Acoustic Device), designed to cause excruciating ear pain to disperse mobs on the ground and pirates at sea. The dream, of course, was to get past such giant blunderbusses to something more portable and powerful, like a Flash Gordon ray gun. But the air force, after some experiments, concluded that any such effort using sound waves would be "unlikely" to succeed due to "basic physical principles." If someone had developed a portable acoustic weapon, they had leapfrogged well beyond the skill set of a Raytheon or Navistar and into the arsenal of Q Branch from the Bond movies.
For the past year, the effort to crack the mystery of which technology could have caused the physical symptoms in Cuba has sparked a ferocious nerd fight—one that has pitted scientist against scientist, discipline against discipline, The New York Times against The Washington Post. New theories have emerged, only to be knocked down or marginalized by the evidence, or put down by the petty sarcasm of rivals and skeptics.
Sift through these scientific feuds and media battles, however, and you will end up at a single unified theory that fully explains the diverse symptoms of the injured diplomats, as well as the seemingly inexplicable circumstances surrounding their ailments. Unlike a futuristic gun, it turns out, the cause of the pain and suffering at the American Embassy in Havana appears to be as old as civilization itself. Over the centuries it has been responsible for some of the most confounding epidemics in human history, from the Middle Ages in Europe to Colonial America. And in Cuba, it appears to have been weaponized for our time, opening up a whole new battlefield in Donald Trump's war on reality.
From the time it was reopened by Barack Obama in July 2015, after a half-century of Cold War tensions, the American Embassy in Havana felt like a place in the crosshairs. C.I.A. agents returned to Cuba under the same regime that the agency had repeatedly tried and failed to overthrow. During the 2016 campaign, Trump signaled he would "terminate" the new open-door policy, and met publicly with aging veterans of the failed Bay of Pigs invasion.
Tensions spiked in September 2017, after Secretary of State Rex Tillerson summoned home some two dozen afflicted diplomats and staffers to undergo medical tests at the University of Pennsylvania. When someone suggested that the diplomats might be allowed to return to Havana once their health improved, Tillerson freaked. "Why in the world would I do that when I have no means whatsoever to protect them?" he huffed to the Associated Press. "I will push back on anybody who wants to force me to do that." Even before any cause had been discovered, the State Department's medical director, Charles Rosenfarb, seemed to rule out the usual candidates for any overseas affliction—molds, viruses, ill-advised shellfish. "The patterns of injuries," he insisted, "were most likely related to trauma from a non-natural source." The government had already decided that foul play was afoot—and that the primary suspect was a secret weapon.
One of the chief difficulties of using sound that people can hear as a weapon is that it dissipates quickly. That means you have to make the sound really, really loud to start with, so it can still do damage by the time it reaches the target. "To harm someone from outside a room, a sonic weapon would have to emit a sound above 130 decibels," said Manuel Jorge Villar Kuscevic, a Cuban ear-nose-and-throat specialist who examined the evidence. That's a roar comparable to "four jet engines on the street outside a house"—a blast that would deafen everyone in the vicinity, not just a single target.
Another bug in the initial sonic-weapon theory was exposed by … a bug. As the diplomats prepared to undergo a battery of tests, the Associated Press leaked a recording made in Cuba by one of the two dozen afflicted staffers and posted it on YouTube. Although the sound had been described in a number of contradictory ways, some of those who heard it experienced something like a high-pitched, high-frequency stridulation. In short, it sounded like chirping. And, in fact, once experts listened to the YouTube recording, there was an almost embarrassing revelation. What did many hear? Crickets.
Literally, crickets. Specifically, Gryllus assimilis, a.k.a. the Jamaican field cricket, also known sarcastically among bug experts as the "silent cricket." And while Gryllus can get as loud as, say, a vacuum cleaner, it's not noisy enough to cause deafness. Or, others argued, the sound might be cicadas. ProPublica's groundbreaking investigation into the embassy mystery last winter quoted a biology professor named Allen Sanborn as saying that the only way a cicada could injure your hearing was if "it was shoved into your ear canal."
By January 2018, some of the government's own experts had ruled out a sonic attack. In an interim report, the F.B.I. revealed that it had investigated sound waves below the range of human hearing (infrasound), those we can hear (acoustic), and those above our hearing range (ultrasound). The conclusion: there was no sonic cause to the physical symptoms experienced by the diplomats.
But the Trump administration was not about to let good science stand in the way of politics that satisfies the base. The State Department slashed American staff in Havana by 60 percent and downgraded the posting to a "standard tour of duty"—a designation reserved for the most dangerous embassies, such as those in South Sudan and Iraq. A day after the F.B.I. ruled out a sonic attack, Marco Rubio, who despised Obama's policy of restoring relations with his family's homeland, gaveled open a hearing on Cuba before the Senate Foreign Relations Committee. As far as Rubio was concerned, the "attacks" were a given—as were the weapon and the assailant. "There is no way that someone could carry out these number of attacks, with that kind of technology, without the Cubans knowing about it," he told Fox News. "They either did it, or they know who did it."
After the hearing, Senator Jeff Flake, who had been briefed on the evidence, said out loud what the scientists already knew: that there was no proof Cuba had anything to do with the symptoms experienced by embassy staffers. "The Cubans bristle at the word attack," he told CNN during a visit to Havana. "I think they are justified at doing so. The F.B.I. has said there is no evidence of an attack. We shouldn't be using that word."
In reply, Rubio essentially told Flake to shut the fuck up. "It is impossible to conduct 24 separate & sophisticated attacks on U.S. Govt personnel in #Havana without the #CastroRegime knowing about it," Rubio tweeted. "Any U.S. official briefed on matter knows full well that while method of attack still in question, that attacks & injuries occurred isn't." Rubio, like many in the Republican Party, was copying the playbook of the man he had tried so hard to defeat for the presidency: if you repeat misinformation often enough, and angrily enough, it starts to take on the shape of reality.
Cuban officials, still operating under the Enlightenment principles of science, reacted with disbelief, and sometimes snark. "It is evident that to attack #Cuba some people don't need any evidence," tweeted José Ramón Cabañas, Cuba's ambassador to the United States. "Next stop UFOs!!"
Not long after Rubio's hearings, a new sonic theory emerged from scientists at the University of Michigan and Zhejiang University, in China. After reverse-engineering the sound on the audiotape, they concluded that ultrasound signals from an everyday device—a burglar alarm, say, or a motion detector—crossed with those from a secret surveillance system could produce a sound like the YouTube cricket. But the new theory, known as intermodulation distortion, didn't catch on, for the same reason the F.B.I. investigation was dismissed: because Rubio and others in the administration continued to insist that there had to be malicious intent involved. Rubio's paranoia sustained a major blow in March, when the medical team that had been allowed to examine 21 of the patients published its finding in The Journal of the American Medical Association. Given the limited data, the article's 10 authors couldn't get very specific. "Because of security and confidentiality considerations," they wrote, "individual-level demographic data cannot be reported." But investigating this "novel cluster of findings" and "neurotrauma," they found that the victims suffered from a wide range of symptoms: balance issues, visual impairments, tinnitus, sleep disorders, dizziness, nausea, headaches, and problems thinking or remembering.
They also concluded that while the patients experienced this assortment of brain-rattling symptoms, they couldn't find what should have been clear evidence of concussion in the brain scans and other tests. "Most patients had conventional imaging findings, which were within normal limits," the medical team reported, noting that the few scattered anomalies could "be attributed to other pre-existing disease processes or risk factors." The scientists wrapped up their report with a sentence that expressed their bafflement: "These individuals appeared to have sustained injury to widespread brain networks without an associated history of head trauma." According to one author, the team enjoyed referring to this contradiction as the "immaculate concussion."
With the medical doctors left scratching their heads, and a sonic weapon ruled out by the F.B.I., enterprising scientists continued their search for a sonic explanation. In September, The New York Times published a breathless front-page story that read like a Tom Clancy novel: "Members of Jason, a secretive group of elite scientists that helps the federal government assess new threats to national security, say it has been scrutinizing the diplomatic mystery this summer and weighing possible explanations, including microwaves."
The article reached back three decades, to the early era of sonic research. Those were the days when spooky words like "neurowarfare" were coined, and scientists dreamed of developing a weapon that could induce "sonic delusions." The Russians, the Times added suggestively, had also been working on this. Then, carriage return, new paragraph:
"Furtively, globally, the threat grew."
There was even talk, the Times trembled, of a sonic weapon capable of "beaming spoken words into people's heads." And the threat could be coming to fruition, the paper warned, thanks to new research based on an old finding. The potential weapon might rely on a phenomenon known as the Frey effect, in which a tiny pulse of microwaves is aimed at one's ear, raising the temperature inside the ear by an amount so small it can't be measured—around a millionth of a degree. That would be enough, though, to ever so slightly rattle the moisture molecules and create an acoustic effect. Sadly, the suspected weapon had been downgraded from a sonic ray gun to a high-tech version of a popcorn-popper.
There were several obvious problems with this theory. An "inside the skull" explanation, for instance, doesn't account for the sound that the diplomats in Havana recorded. But before anyone could dive into the scientific details, a tiny press skirmish broke out between the Times and The Washington Post, which took a blue pencil to the Clancy plotline. "Microwave weapons is the closest equivalent in science to fake news," Alberto Espay, a University of Cincinnati neurologist, told the Post. Kenneth Foster, a bioengineer who delineated the Frey effect way back in 1974, called the entire idea "crazy." The microwaves involved, he told the Post, "would have to be so intense they would actually burn the subject." Or, as he put it vividly a decade ago, "Any kind of exposure you could give to someone that wouldn't burn them to a crisp would produce a sound too weak to have any effect."
If you view what happened to the diplomats in Havana as an "attack," you must look for something capable of producing such an assault. It would have to emit a sound that varied widely from listener to listener. It would have to strike only people who worked at the embassy. It would have to assail them wherever they happened to be, whether in their homes or staying at a hotel. It would have to produce a wide range of symptoms that seemed to bear no relation to one another. And it would have to start off small, with one or two victims, before spreading rapidly to everyone in the group.
As it happens, there is and always has been one mechanism that produces precisely this effect in humans. Today it's referred to in the medical literature as conversion disorder—that is, the conversion of stress and fear into actual physical illness. But most people know it by an older, creakier term: mass hysteria. Among scientists, it's not a popular term these days, probably because "mass hysteria" summons the image of a huge mob, panicked into a stampede (with a whiff of misogyny thrown in). But properly understood, the official definition, when applied to the events in Havana, sounds eerily familiar. Conversion disorder, according to the International Journal of Social Psychiatry, is the "rapid spread of illness signs and symptoms among members of a cohesive social group, for which there is no corresponding organic origin."
We tend to think of stress as something that afflicts an individual who is enduring heavy psychological pain. But conversion disorder, or mass psychogenic illness, as it is also known, is essentially stress that strikes a close-knit group, like an embassy under siege, and behaves epidemiologically—that is, it spreads like an infection. Because the origins of this affliction are psychological, it's easy for those on the outside to dismiss it as being "all in the victim's mind." But the physical symptoms created by the mind are far from imaginary or faked. They are every bit as real, every bit as painful, and every bit as testable, as those that would be inflicted by, say, a sonic ray gun.
"Think of mass psychogenic illness as the placebo effect in reverse," says Robert Bartholomew, a professor of medical sociology and one of the leading experts on conversion disorder. "You can often make yourself feel better by taking a sugar pill. You can also make yourself feel sick if you think you are becoming sick. Mass psychogenic illness involves the nervous system, and can mimic a variety of illnesses."
Scientists in Cuba were among the first to realize that the outbreak at the American Embassy conformed to mass hysteria. Mitchell Valdés-Sosa, director of the Cuban Neuroscience Center, told The Washington Post, "If your government comes and tells you, 'You're under attack. We have to rapidly get you out of there,' and some people start feeling sick … there's a possibility of psychological contagion."
Some American experts who were able to review the early evidence concurred. "It could certainly all be psychogenic," Stanley Fahn, a neurologist at Columbia University, told Science magazine.
If you retrace the key events and anomalies of the outbreak at the embassy in Havana, every step of the way corresponds to those in classic cases of conversion disorder. The first few staffers hit by the symptoms were C.I.A. agents working on hostile soil—one of the most stressful positions imaginable. The initial conversation between Patient Zero and Patient One referenced only the odd sound; neither experienced any symptoms. Then, a few months later, a third embassy official reported that he was losing his hearing due to a "powerful beam of high-pitched sound." As word spread quickly throughout the small, tight-knit complex of diplomats and other staff, Patient Zero helped sound the alarm. "He was lobbying, if not coercing, people to report symptoms and to connect the dots," says Fulton Armstrong, a former C.I.A. officer who worked undercover in Cuba.
According to ProPublica, Patient Zero informed Ambassador Jeffrey DeLaurentis, in a telling phrase, that "the rumor mill is going mad." So a meeting was called, which spread the word even further. Over the next weeks and months, more than 80 staffers and their families came forward to complain of a dizzying and seemingly unrelated range of symptoms: deafness, memory loss, mental stupor, head pain. Many reported hearing the strange noise, but they couldn't seem to agree on what it sounded like. One described it as "grinding metal," and another called it a "loud ringing." Yet another compared it to feeling the "air 'baffling' inside a moving car with the windows partially rolled down."
The sound also moved around a lot. The first four complaints all came from C.I.A. agents working undercover in Havana, who reported hearing the noise at their homes. But then others claimed that they had been felled by the mysterious sound while staying temporarily at Havana hotels, specifically the Hotel Capri and the Hotel Nacional.
Within days of the first report, U.S. officials like Rubio tipped the scale of belief toward a super-secret sonic ray gun, issuing press releases that referred to "acoustic attacks." The State Department's medical director uttered this exquisite contradiction: "No cause has been ruled out," he insisted, "but the findings suggest this was not an episode of mass hysteria." Rather than waiting for actual data and expert analysis, officials immediately leapt to the most exotic possible explanation. The outbreak in Havana certainly could have been caused by a mysterious unheard-of secret weapon. But the story, as it has developed in the media, has always worked backward from the idea of a sonic attack. The cause was a given; the only question was which branch of acoustic science was responsible.
Government secrecy made things worse. "We will not release information," the State Department declared, "that violates individuals' privacy or reveals their medical conditions." The government also ignored data that didn't fit its preferred theory. Early on, there was an outbreak of symptoms among Canadian officials in Havana, one of whom lived next door to Patient Zero. But Canada and Cuba enjoy good relations, so it made no sense for Cuba to be attacking Canadians. Likewise, an isolated report of a similar "attack" at the U.S. Embassy in China briefly made the news, but was eventually dropped from the narrative. U.S. officials further loaded the dice by selecting the people sent home for testing—presenting an incomplete and misleading set of data for doctors to examine.
When The Journal of the American Medical Association published the report by the initial medical team, it also ran a hand-wringing editorial undermining the very article it was publishing. The "initial clinical evaluations," the JAMA editors observed, "were not standardized." The "examiners were not blinded," and some of the ailments were based on "patient self-report." There was a "lack of baseline evaluations and the absence of a control." Those factors, the editors concluded—along with the fact that many of the reported symptoms "occur in the general population"—meant that the results of the study are "complicated." The editors added a disclaimer, much like the one in Bush v. Gore (don't ever cite this case in the future!), urging "caution in interpreting the findings."
The editors suspected that skeptical scientists would attack the study, which is exactly what happened. The chief editor of Cortex, Sergio Della Sala, ridiculed the authors' methods, specifically for setting a low bar for reporting embassy staffers as "impaired"—resulting in "numerous false positives." Take the symptom of tinnitus. Some 50 million Americans—one in six people—experience ringing in the ears. If the JAMA scientists had assessed "any group of normal, healthy people" using the same criteria they applied to the diplomats, Della Sala pointed out, they would have found "several of them performing below the chosen cut-off score in one or another test."
So, between the shaky medical study and the government secrecy, the description of the patients that emerged has always remained vague. Bartholomew, the medical sociologist, calls this the data equivalent of "a fuzzy Bigfoot photo." That is to say, every nonexistent creature captured in an out-of-focus photograph is typically just blurry enough to permit anyone to see whatever they want to see, like Chupacabra, or the Ivory Billed Woodpecker, or Ebu Gogo, or batsquatch, or the Lizard Man of Scape Ore Swamp.
The authors of the JAMA study noted that they briefly considered conversion disorder, but dismissed it after screening for "evidence of malingering." Malingering means to fake illness, which was a very weird thing for the JAMA authors to say. "Malingering was in the literature about 60 years ago," says Bartholomew, somewhat bemused. "So I'm not sure what literature they were looking at." Conversion disorder isn't faking illness. Conversion disorder is being panicked into actual illness.
In December, a new study found that 25 embassy staffers tested positive for real, physical symptoms—in this case, impairments to balance and cognitive functions. "What we noticed is universal damage to the gravity organs in the ear," the study's lead author told the Times. But a closer look at the study itself, experts say, reveals that it found no such thing. "This paper only reports statement of deficits without giving any evidence, or scores, or methods, or statistics, or procedures," explains Della Sala, the editor of Cortex. "It is far below par, and would not pass the scrutiny of any respected neuropsychology outlet." In other words, he says, the symptoms cited in the study may be testable. But that alone "does not necessarily support an organic cause."
Psychological contagion, it turns out, happens all the time. Bartholomew, who is writing a book on the subject, sets aside time each week to scour the Internet for unrecognized instances of mass psychogenic illness all over the world. "If you go on Google and type in 'mystery illness in school' or 'mystery illness in factory' or 'mystery illness' in general, you'll get a lot of outbreaks," he says. Sometimes the public doesn't know that the illnesses were actually diagnosed, he adds, because one way to treat conversion disorder is to keep calm, let the stressful situation pass, and watch the symptoms disappear. That's what happened in that outbreak of paralysis at an Oklahoma high school in 2017, around the time the U.S. diplomats were headed home. The superintendent, Vince Vincent, ordered tests for mold issues or water poisoning, which found nothing, and followed up by reassuring parents that health officials had diagnosed the problem as "conversion disorder," and that everyone was safe. If, however, you make a big deal about an outbreak, the way Rubio and the State Department did, you can add to the hysteria and make things worse.
It doesn't help that discussions of mass hysteria typically revolve around the craziest and most extreme examples. Every standard article on mass psychogenic illness seems obligated to cite the Salem witch trials, with detailed descriptions of the young girls' convulsions and trances. Or there's a mention of the barking children in Holland in 1673, or the laughing epidemic that broke out at a girls' boarding school in Tanzania in 1962. The outbreak of "meowing nuns" in the Middle Ages usually warrants a mention, as does choreomania—the dancing frenzy—that gripped the German city of Aachen seven centuries ago.
But what's most striking about episodes of mass hysteria is how the symptoms—and suspected causes—change over the centuries to fit each moment and culture. Several centuries ago, they were taken as evidence of the invisible reality of witchcraft or spiritual possession, because that made total sense at the time. After World War I, and Germany's infamous use of mustard gas to burn or kill thousands of soldiers, psychological contagion started to be triggered by smells. Depression-era Virginia, apparently, was especially susceptible to outbreaks of gas fears, which the local authorities eventually traced to organic causes ranging from backed-up chimneys to phenomenal farting. After the group panic that broke out over Orson Welles's legendary broadcast of a Martian invasion in 1938, a later survey showed that one out of every five people who flipped out actually thought it was a German gas attack. And during World War II, a small town in Illinois became convinced that it was under siege by a mysterious assailant who became known as the "Mad Gasser" of Mattoon.
Today, in an age defined by an invasion of noise pollution, funny sounds may be emerging as the new catalyst for conversion disorder. Beyond the omnipresent clicks and chirps alerting us of our new duties to our gadgets and appliances, sound has already been weaponized. Convenience stores deploy high-frequency devices as teen repellents, and the C.I.A. has tortured suspected terrorists with round-the-clock broadcasts of the Meow Mix theme or, for the most intractable, the Bee Gees. But increasingly, people all over the world report being sickened by persistent humming sounds. The Taos Hum, heard by thousands, has long plagued areas of New Mexico. In the late 1990s, the Kokomo Hum caused more than 100 people in Indiana to suffer headaches, light-headedness, muscle and joint pain, insomnia, fatigue, nosebleeds, and diarrhea. (A firm hired to investigate the mystery left the cause, as with so many cases of psychological contagion, as a mystery.) Canadians in Ontario now worry about the Windsor Hum. A Web site called the World Hum Map has identified some 7,000 locations around the world, searchable in the "World Hum Sufferers Database."
Psychological contagion typically occurs in places where people are thrown together under pressure, and where escape is difficult—hence monasteries in the Middle Ages, or modern-day schools, factories, and military bases. In terms of locations under pressure, embassies are strong candidates, especially when a considerable number of the staff are undercover spies. One C.I.A. agent told me that these low-grade panics happen a lot. Writing in The New Yorker in 2008, the novelist and former British spy, John le Carré, made the case that spies are susceptible to a unique form of hysteria. One of his first missions, he recounted, was to accompany a superior on a late-night rendezvous with a mysterious source. But the source never arrived. Only later did le Carré realize that his boss was a bit touched, and there had probably been no source in the first place. "The superbug of espionage madness is not confined to individual cases," he warned, in a prescient nod to the embassy in Havana. "It flourishes in its collective form. It is a homegrown product of the industry as a whole."
Bartholomew suggests that le Carré's "espionage madness" is a harbinger of things to come. In 2011, an epidemic broke out among a dozen kids at a school in Le Roy, New York. The children were suddenly overtaken by speech impediments, Tourette's, and muscular twitches. Health officials quickly suspected the symptoms were the result of psychological contagion, but the local Fox News channel stoked the outbreak by amplifying one doctor's diagnosis that the kids were suffering from a "PANDAS-like" strep infection. Outraged parents formed an advocacy group, and Erin Brockovich showed up demanding an investigation that would discover the "real" cause. Fake news fueled a real illness, and scientific evidence was rejected in favor of pre-determined beliefs. Eventually the Fox rage subsided, and the symptoms went away.
The Le Roy outbreak was intensified by texts and tweets, fanning the fear and ramping up the number of kids who reported symptoms. Social media has a toxic way of creating tight, sealed-off, le Carré spy dens everywhere. Since 2000, Bartholomew says, there have been more events of mass psychogenic illness than there were in the entire previous century. The prescribed treatment for psychological contagion—avoiding inflammatory rhetoric and letting everyone calm down—will be increasingly difficult in the age of the Twitter Presidency, when the populace is regularly needled into fits of panic.
This fall, the Joint Chiefs of Staff were briefed by several experts about the mysterious noise at the embassy in Havana. Among them was James Giordano, chief of neuroethics studies at Georgetown University, who believes that there is a "high probability" that the diplomats in Cuba were attacked by a "directed energy" weapon. After the briefing, Giordano reported that the Joint Chiefs expressed interest in "the idea of brain sciences as forming at least one vector to the new battle space."
Then, as scientists are prone to do, Giordano switched from English to the kind of sci-fi word salad rarely heard beyond the bridge of the starship Enterprise, when Scotty carries on about tachyon pulses and anti-time convergences.
"The most likely culprit here," Giordano explained, "would be some form of electromagnetic-pulse generation and/or hypersonic generation that would then utilize the architecture of the skull to create something of an energetic amplifier or lens to induce a cavitational effect that would then induce the type of pathologic changes that would then induce the constellation of signs and symptoms that we're seeing in these patients."
Machete one's way through all the Star Trek syntax and twaddle, and what Giordano is telling us, in sum, is both true and terrifying. There is a new battlespace in America's ongoing war over what is real, and it can be found inside the architecture of our own skulls.