domingo, 8 de septiembre de 2013

El juego de las armas químicas

En el preludio de una guerra, desde los Estados Unidos se dijo:
“En este conflicto, los Estados Unidos se enfrentan a un enemigo que no tiene compasión por convenciones o reglas morales. No tenemos ambiciones, sólo eliminar la amenaza y restaurar el control de aquel país para su propio pueblo y haremos todos los esfuerzos para alejar a civiles inocentes del dolor... Superaremos este momento de peligro y haremos el trabajo de la paz. Defenderemos nuestra libertad; le daremos libertad a otros y triunfaremos”.
“La gravedad de este momento se asocia a la gravedad de la amenaza que las armas de destrucción masiva plantean al mundo… estas no son afirmaciones: son hechos, corroborados por muchas fuentes, algunas de ellas provienen de los servicios de inteligencia de otros países”.
Aunque lo parezca, estas no son las palabras recientes del Presidente Obama sobre la inminente invasión a Siria. Las primeras corresponden al discurso que dio inicio a la invasión a Irak, leído por el Presidente George W. Bush el 20 de marzo de 2003; las segundas, a la infame presentación del entonces Secretario de Estado Colin Powell ante el Consejo de Seguridad, el 5 febrero de 2003, en la cual “demostró” la existencia de armas químicas en ese país. La vida nos reveló después la cruda realidad.
En esta ocasión estamos ante un escenario más inverosímil, pues el Presidente Obama no sólo usa los mismos argumentos imperiales sino que, además, expresa que no necesita la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para realizar una acción armada contra Siria, lo cual implica un descrédito total hacia ese órgano internacional. Para colmo, proviene de alguien a quien se le entregó en 2009 el Premio Nobel de la Paz y ahora dice que, en ese momento, él había indicado que no se lo merecía. ¿Se podrá ser más cínico?
Y los heraldos de la guerra vuelven a estar acompañados de argumentos sobre armas químicas, como 10 años atrás.
Resulta que de las tres armas llamadas “de exterminio en masa” (AEM) –nuclear, biológica y química– esta última es la de más fácil acceso a los países menos desarrollados, a pesar de su complejidad tecnológica, pues sus materias primas pueden ser obtenidas con mayor facilidad.
Por eso se adoptó, desde 1992, una Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenamiento y Uso de las Armas Químicas (CAQ), que es el tratado internacional más completo al que se ha llegado con relación al desarme de AEM. Además, para velar por su cumplimiento, se creó la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAC), como organismo internacional relacionado con las Naciones Unidas y con sede en La Haya, a la que ya se han incorporado 188 países.
Llama la atención que, hablando de la existencia y el uso de armas químicas y teniendo un organismo internacional con carácter tan universal como la OPAQ, poco se refieren a ella en estos momentos los medios internacionales de prensa.
De los Estados que forman parte de la OPAQ, Albania, India, Libia, Rusia y los Estados Unidos habían declarado 71’195.086 Toneladas Métricas (TM) de agentes químicos de guerra y sus portadores, así como 8,680’079 municiones de este tipo. Desde el inicio de las operaciones de destrucción, la OPAQ ha verificado que el 89,71% de estos arsenales han sido destruidos… pero todavía quedan cuatro de esos países con importantes arsenales de armas químicas: Iraq, Libia, Rusia y los Estados Unidos.
De acuerdo a las declaraciones iniciales de estos países, a Rusia aún le quedan en estos momentos 15’992.129 TM de estos materiales bélicos y a los Estados Unidos 2’857.500 TM. Todos ellos, se supone, en plena disposición combativa. [i]
Por otra parte, la Convención sobre Armas Químicas inicialmente llamaba a los Estados a destruir sus arsenales antes del 29 de abril de 2007, o sea, 10 años después de su entrada en vigor. Sin embargo, los Estados podían pedir una extensión de este término por 5 años y, a solicitud de Estados Unidos y Rusia, en diciembre de 2006 se acordó que el nuevo plazo sería el 29 de abril de 2012.
El tiempo siguió pasando, los 2 Estados Partes con mayores reservas de armas químicas declaradas (Rusia y Estados Unidos) volvieron a fallar en sus compromisos y la OPAQ tuvo que tomar nuevas medidas para continuar extendiendo el plazo, con el consiguiente descrédito a ese tratado internacional. De hecho, Rusia ha declarado que necesitará por lo menos hasta el 2015 para destruir sus arsenales y los Estados Unidos indicó que hasta el 2021. La bola pica y se extiende.
Siria ha reconocido públicamente que tiene armas químicas y es uno de los 8 Estados que no se han incorporado a la OPAQ, igual que otros países árabes como Egipto y, en su momento, Libia e Iraq. La Libia de Khadafi decidió declarar sus armas químicas y entrar a la OPAQ, con sus regulaciones de destrucción de sus arsenales químicos, tras la invasión a Iraq, y estos últimos se convirtieron en defensores de esa organización al desaparecer el régimen de Saddam Hussein.
De acuerdo a las declaraciones de la propia OPAQ, “Siria no es Estado Parte de la Convención sobre Armas Químicas y, por tanto, no está legalmente sometida a las prohibiciones de ese tratado contra su desarrollo, producción y almacenamiento”. Sin embargo, aclara que Siria es parte del Protocolo de Ginebra de 1925 y el Protocolo de 1968, en el que se compromete a no usar armas químicas o biológicas contra otro Estado.
Pero su firma, junto a los otros Estados árabes antes mencionados, tuvo una reserva: que ello no implicaba el reconocimiento del Estado de Israel. Y aquí surge un elemento clave en toda esta compleja situación internacional, del cual no hablan ahora los medios internacionales por pura conveniencia política.
El desarrollo de este tipo de armas no convencionales en el Medio Oriente, según sus propios promotores, se realizó en respuesta al fortalecimiento militar y la amenaza que ha constituido el estado de Israel en esa zona, que no pertenece a ninguna de las convenciones internacionales que regulan las Armas de Exterminio en Masa y de la que se conoce tiene arsenales de los tres tipos: nucleares, químicos y biológicos.
Las acusaciones contra Israel –y su posterior reconocimiento– por el uso de fósforo blanco contra la población de Gaza en su operación “Plomo Fundido” en 2009 es una demostración de su poderío. De ahí el argumento de los dirigentes sirios de defender su posesión y la aclaración que han hecho de que no sería utilizado contra fuerzas internas, pero sí contra ejércitos foráneos. 
Entonces, ¿hay unas armas químicas más peligrosas que otras? ¿de cuáles habla Estados Unidos cuando, en parte por su responsabilidad, la Convención sobre la Prohibición de las Armas Químicas ha entrado en un descrédito internacional y, por otro lado, apoya abiertamente al Estado de Israel, que es el mayor factor de desestabilización en el Medio Oriente, el cual posee y usa a su antojo armas químicas sin que nada suceda?
Asistimos a un peligroso juego de guerra de dimensiones mucho mayores, que responde a intereses hegemónicos y geopolíticos, el cual tendrá –de continuar su curso– devastadoras consecuencias al derecho internacional. Mientras tanto, son los pueblos los que pagan las ambiciones imperiales y las irresponsabilidades de sus gobernantes.
(20130908)
 


[i]  Datos tomados del “Informe de la OPAQ sobre la aplicación de la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenamiento y Uso de las Armas Químicas y sobre su Destrucción en 2011”, presentado ante la XVII Conferencia de Estados Partes, el 27 de noviembre de 2012 (documento C-17/4)

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