sábado, 11 de marzo de 2017

Hablando del aborto

Por: Zaida Capote Cruz
Tomado de: https://asambleafeminista.wordpress.com/2017/03/09/hablando-del-aborto/

Estábamos en un panel sobre el discurso político en uno de los "Último
jueves" de la revista Temas y, en medio del intercambio final con el
público, mencioné el aborto y la posición de vulnerabilidad de ese
derecho conquistado hace tanto por las mujeres cubanas. Por un lado me
preocupa la insistencia en la necesidad de estimular la maternidad
como la clave del dilema poblacional que enfrenta Cuba, haciendo a un
lado o considerando menos decisivos otros factores como la ingente
emigración a los Estados Unidos —que debe haberse contenido un poco
tras la revocación de la llamada ley de pies secos, pies mojados— o la
inflación creciente y la reducción de los servicios sociales y
prestaciones que, aunque existentes, en la práctica no están
funcionando como se necesita.[1]

Mencioné además mi sorpresa ante un anuncio en la revista Palabra
Nueva, de la arquidiócesis de La Habana, donde se desplegaba un
llamado contrario a ese derecho constituido. "La nueva persona que se
ha formado EXISTE Y ESTÁ VIVA desde el mismo momento de la
fecundación", rezaba, para proseguir con tres lemas más: "El aborto:
destruye la vida", "Él tiene derecho a vivir" y "no arranques de ti la
vida que brota de tus mismas entrañas…".[2] Tras la discusión se me
acercó uno de los presentes para aclararme que no debía yo hablar del
aborto como un "derecho", sino como una "elección". Cualquiera
pensaría tal corrección razonable; sin embargo, ya sabemos cuánta
capacidad de elección tienen las mujeres que deciden acudir a un
aborto contra la voluntad de la sociedad, la familia o la pareja. En
Cuba el acceso al aborto legal, gratuito y seguro es un derecho de
toda mujer fértil, sea cual sea su situación social. Pensarlo como un
derecho de las mujeres suma contexto, pues la elección es previa a la
decisión, y es individual. Y en cada caso proviene de circunstancias
distintas. Cuando una mujer decide abortar, ya hizo su elección. El
derecho es, por el contrario, un bien colectivo, para todas por igual;
nos iguala a todas en el acceso a la salud.

La disminución de la calidad de los servicios médicos y la morosidad
en la atención primaria parecen complicar el proceso. No estoy muy al
tanto de los datos. Pero la percepción de que un derecho conquistado
corre peligro se confirma con el reciente premio a una cantante
cubana, en Viña del Mar, por una canción de tintes evangélicos,
contraria al aborto, coherente con lo más retrógrado del contexto
político chileno.[3] La débil regulación del espacio público, la poca
atención a los mensajes flotantes en el ambiente común, la lentitud en
discutir con claridad los temas pendientes sobre cómo organizar
nuestras vidas en sociedad (da lo mismo si se trata del Código de
Familia o de la Ley de Cine), traen aparejados el afianzamiento de
discursos sumamente conservadores y hasta contrarios a lo promulgado
por nuestras leyes y nuestras prácticas culturales.

En el contexto latinoamericano, el caso de Cuba es casi excepcional.
Salvo en Ciudad de México y en Uruguay, creo, donde el derecho al
aborto fue legislado hace poco tiempo, en el resto de América Latina y
el Caribe aún es ilegal y en muchos países incluso está sujeto a
penalización. En algunos se lucha apenas porque se autorice el aborto
terapéutico —no libre, seguro y gratuito—, y ni siquiera así han
podido avanzar. Nuestros cuerpos son el territorio donde se dilucida
el destino nacional, su apropiación por el Estado forma parte de la
razón política del patriarcado y es difícil renunciar a ese poder,
entender que las únicas derechohabientes sobre su cuerpo son (somos)
las mujeres mismas. Un hecho como la revolución cubana consiguió
horadar esa telaraña viciosa de sujeción de las mujeres a la biología
y lo corporal, y en su apelación a la incorporación al trabajo
regularizó la práctica del aborto libre, seguro y gratuito como parte
del sistema de salud pública y contribuyó a la vivencia íntima del
placer sin culpa, con la disponibilidad, además, de métodos
anticonceptivos. La situación hoy es, cuando menos, preocupante.

Hace poco pasó por La Habana Mabel Bellucci y nos dejó su libro
Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo, sobre la larga
lucha por la legalización del acceso al aborto seguro, libre y
gratuito en Argentina. Es un libro magnífico en su multiplicidad
porque integra las voces de quienes protagonizaron esas luchas,
compilando materiales de difícil localización, rebuscando en los
recuerdos y los archivos de las participantes, reuniendo testimonios
diversos y ofreciendo, asimismo, rutas para la solidaridad con el
ejemplo de grupos de trabajo, apoyo y activismo que acompañan a
mujeres que abortan fuera de la ley. El libro, que se lee como el
relato múltiple de una experiencia común, compartida y sostenida a lo
largo de varias décadas, comienza su registro en los años 70 del siglo
pasado y funciona también como un manual de instrucciones que cada
quien puede aprovechar para aprender o decidir cómo actuar en casos
semejantes. A mí me alegró mucho saber que gente que quiero y con la
que sin embargo nunca hablé del tema ha estado muy metida en esa
lucha. Estoy segura de que cuando vuelva a Buenos Aires veré la ciudad
con otros ojos, pensando en esa historia antes ignorada que el libro
de Mabel nos pone ante los ojos.

Me hizo recordar un par de novelas de los años 20 en que aparecían
sendas escenas de aborto ilegal, con toda su sordidez y, por supuesto,
sus mortíferas consecuencias. En La gozadora del dolor (1922), de
Graziella Garbalosa, y La gallega (1927), de Jesús Masdeu puede
hallarse ese testimonio de época, porque el tema se discute desde hace
mucho, desde que el primer aborto inseguro cobró su primera víctima.
La legalización y el libre acceso al aborto seguro en el sistema de
salud pública cubana es otra de las conquistas cuya permanencia
depende de cómo gestionemos el espacio público y las intervenciones en
él. Es preciso no olvidarlo.

[1] Véanse, a propósito, las recientes "Disposiciones jurídicas para
proteger la maternidad de la mujer trabajadora", publicada en la
Gaceta Oficial de Cuba, número 7, extraordinario, el 10 de febrero de
2017.

[2] La imagen adjunta proviene de la página 17 del número 265,
correspondiente a diciembre de 2016, de esa publicación.

[3] No conozco la canción de marras. Escribo a partir de la discusión
del premio en https://paquitoeldecuba.com/2017/03/01/rapera-cubana-contra-un-derecho-de-la-mujer-chilena-y-con-el-aplauso-de-granma/

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