Ya ha pasado un año desde que se conmemorara con toda una jornada, en La Habana y en numerosas provincias del país, el Día Mundial contra la Homofobia, que dio mucho que hablar y que pensar en gran parte de la población, sobre un tema largamente invisibilizado y muy escasamente tratado por los medios de prensa cubanos.
Nuevamente va llegando el 17 de mayo, día en que la OMS decidió quitar de su lista de enfermedades mentales a la homosexualidad –en fecha tan reciente como 1990- y varias organizaciones gubernamentales y no gubernamentales han preparado un grupo aún mayor de actividades para esta ocasión, cuyos detalles se podrán encontrar en el sitio web creado para ello: www.cenesex.sld.cu/diversidadnatural.html.
Un cambio llamativo es que las actividades principales no se realizarán el propio día 17, sino el sábado 16 que, además de ser más cómodo para este tipo de eventos, no chocaría con las celebraciones por el 50 Aniversario de la Ley de Reforma Agraria, que fue una de las primeras medidas importantes de la naciente Revolución cubana en 1959 –y, como consecuencia, el Día del Campesino.
Otro cambio importante es que, el sábado 16, las actividades van a tener dos sedes principales: el Pabellón Cuba – mañana y tarde, como el año pasado- para los eventos más festivos y multitudinarios (presentación de campañas del CENESEX y del Centro Nacional de Prevención de las ITS-VIH/Sida, un panel sobre “Homofobia y familia”, actuaciones de Osvaldo Doimeadiós e invitados, entre otras), mientras la sede de la UNEAC –en H y 17, Vedado- concentrará paralelamente una excelente secuencia de eventos culturales: lecturas de poemas con artistas de todo el país, encuentro con narradores y narradoras, un panel sobre homofobia en el arte cubano y mucho más.
Como parte de la Jornada, también se anuncia en la noche del miércoles 13, a las 8 de la noche, el primer aniversario del Cine Club “Diferente” en la sala 23 y 12, de la capital. Mes tras mes, Frank Padrón ha invitado a disfrutar de propuestas “diferentes”, que han dado pie a ricos y complejos debates sobre diversidad sexual. En ese momento también se presentará el número de mayo de la revista “Alma Mater”, dedicada a la Jornada y que tiene un artículo especial sobre el aniversario de este particular cine club.
Además, en los próximos días se incluirán muchas otras actividades: muestra plástica y audiovisual en la Fundación Ludwig, obras de teatro y conciertos –hasta a las 12 de la noche del sábado, con Aceituna sin Hueso en el cine Riviera-, video debates durante todo el mes en la sede del CNP ITS-VIH/Sida… Y algo que no puede faltar: la esperada gala de transformistas en la noche de sábado 16 del teatro Astral, que estarán acompañadas del grupo de danza de Liszt Alfonso y otros invitados, entre las que sobresale la vedette Rosita Fornés.
Las opciones son diversas y la invitación es para toda la familia: homosexuales y heterosexuales –incluyendo los bisexuales, por supuesto-, mujeres y hombres, niñas y niños, homófobos y “abiertos”… todos podremos apreciar la diversidad en su mayor dimensión, para que la sociedad aprenda a respetar cada vez más a las personas en su libre orientación sexual e identidad de género.
martes, 12 de mayo de 2009
jueves, 30 de abril de 2009
En busca de espacio
Uno de los temas más debatidos en los últimos tiempos entre la población homosexual de La Habana es la necesidad de abrir espacios de socialización, donde compartir tranquilamente, en un ambiente de intereses comunes. Este fue uno de los principales planteamientos durante la “Jornada contra la Homofobia” de 2008, en el Pabellón Cuba el 17 de mayo, y uno de los de mayor complejidad en su solución, por diversas razones.
Es cierto que, a partir del esfuerzo del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y otras instituciones, como el Centro Nacional de Prevención de las ITS-VIH/Sida (CNP), el ICAIC y la FEU, se han abierto espacios regulares de debate sobre orientación sexual e identidad de género. Ya son habituales el cine club “Diferente”, los terceros jueves de cada mes en el cine 23 y 12; los encuentros en la Casa Estudiantil Universitaria, de la Universidad de La Habana, los segundos y cuartos jueves de cada mes; y el video-debate del proyecto de “Hombres que tienen Sexo con otros Hombres” (HSH) del CNP, que realizan desde hace años con igual frecuencia. Además, se trabaja en abrir nuevos proyectos de espacios incluyentes y reflexivos como estos en otros lugares.
Este tipo de espacios son un esfuerzo válido para llevar el mensaje de respeto a la diversidad sexual a diferentes tipos de público, pero no satisface las necesidades de socialización de este sector -nada despreciable- de la población habanera.
Muchas personas ajenas a este grupo social, fundamentalmente heterosexuales con mayor o menor grado de homofobia, se asustan ante la idea de reunirlos en un mismo lugar y reniegan la necesidad de esos espacios. Otros, con mejores intenciones, justifican su negativa ante la supuesta exclusión o aislamiento que pudiera implicar la creación de lugares “únicamente para homosexuales”.
Los espacios de socialización entre grupos comunes de personas son importantes -más bien saludables- para la misma sociedad, que se enriquece con el beneficio a la salud mental y la estabilidad emocional de una parte de su población. Sin embargo, concretarlo se vuelve más complejo en una ciudad que carece de espacios estables para esos fines, incluso para otros grupos de personas. Por ejemplo se pueden citar a los más jóvenes que, en plena expresión de sus identidades, encuentran en el medio de la Calle G del Vedado su lugar para canalizar estas necesidades.
Lo que sí crea disturbios sociales, con implicaciones negativas para todos, es la ausencia de estos espacios pues, por una parte, se organizan “fiestas ilegales” que provocan irregularidades de diverso tipo y el consiguiente malestar de vecinos afectados por la bulla y el “desorden”. Por la otra, elementos inescrupulosos se aprovechan de tal ausencia para crear “sus espacios” –como cotos particulares- y extorsionar a ese ya discriminado grupo social, con los elementos acompañantes de lucro y enriquecimiento ilícito.
Valdría la pena preguntarse el “peligro” potencial que podrían implicar estos espacios, si se organizan con las debidas regulaciones que garanticen un sano esparcimiento, cuando ya existe una voluntad política y de gobierno para luchar contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género. La vida ha demostrado que, cuando se han cerrado o diluido lugares donde se ha reunido este grupo de personas -que se han creado de forma empírica o no-, se han vuelto a organizar en otro lugar, por un impulso propio de su naturaleza humana.
Desafortunadamente, ni el CENESEX ni ninguna otra de las organizaciones que trabajan estos temas de conjunto tienen la capacidad, ni las posibilidades reales para crear por ellos mismos estos espacios. Esto conlleva un complejo proceso de regulaciones y gestiones administrativas, económicas y contables que, de seguro, no forman parte de su “objeto social”.
Sin embargo, a ellos sí les corresponde la importante y paciente tarea de crear conciencia en el terreno social y político, para hacer valer el respeto a las orientaciones sexuales y la identidad de género. Sobre todo porque la mera existencia de estos espacios de socialización no resolverán los problemas de discriminación y mucho menos podrán sustituir el trabajo que estas organizaciones realizan para lograr metas esenciales -de mayor implicación social- en ese sentido.
No sería práctico pensar en “un lugar único” para estos fines, en una ciudad tan grande con más de dos millones de habitantes. Tampoco sería lógico que sean “solamente para homosexuales”, porque echaría por tierra el necesario trabajo de integración social para luchar contra la homofobia –también en un contexto más relajado. Menos aceptable sería pensar en un lugar “alejado” –para que no molesten, como dicen algunos-, por lo que ello realmente implica en términos de aislamiento y discriminación.
Los lugares existen, esparcidos por toda la ciudad, lo que falta es la voluntad y el atrevimiento de sus administradores, tal vez con el apoyo y la iniciativa de algunos artistas o personas con deseos de crear, para abrirlos a este sector de la población. Ya el pasado Congreso de la UNEAC (2008) se pronunciaba a favor de reproducir la positiva experiencia de “El Mejunje”, en Santa Clara, un espacio de inclusión y tan diverso como la vida misma. Algunos buenos ejemplos hemos tenido en la capital, de lugares que han abierto sus puertas, un día a la semana, dedicados a aceptar todas las formas de la diversidad sexual en un ambiente sano y respetuoso.
Es cierto que, a partir del esfuerzo del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y otras instituciones, como el Centro Nacional de Prevención de las ITS-VIH/Sida (CNP), el ICAIC y la FEU, se han abierto espacios regulares de debate sobre orientación sexual e identidad de género. Ya son habituales el cine club “Diferente”, los terceros jueves de cada mes en el cine 23 y 12; los encuentros en la Casa Estudiantil Universitaria, de la Universidad de La Habana, los segundos y cuartos jueves de cada mes; y el video-debate del proyecto de “Hombres que tienen Sexo con otros Hombres” (HSH) del CNP, que realizan desde hace años con igual frecuencia. Además, se trabaja en abrir nuevos proyectos de espacios incluyentes y reflexivos como estos en otros lugares.
Este tipo de espacios son un esfuerzo válido para llevar el mensaje de respeto a la diversidad sexual a diferentes tipos de público, pero no satisface las necesidades de socialización de este sector -nada despreciable- de la población habanera.
Muchas personas ajenas a este grupo social, fundamentalmente heterosexuales con mayor o menor grado de homofobia, se asustan ante la idea de reunirlos en un mismo lugar y reniegan la necesidad de esos espacios. Otros, con mejores intenciones, justifican su negativa ante la supuesta exclusión o aislamiento que pudiera implicar la creación de lugares “únicamente para homosexuales”.
Los espacios de socialización entre grupos comunes de personas son importantes -más bien saludables- para la misma sociedad, que se enriquece con el beneficio a la salud mental y la estabilidad emocional de una parte de su población. Sin embargo, concretarlo se vuelve más complejo en una ciudad que carece de espacios estables para esos fines, incluso para otros grupos de personas. Por ejemplo se pueden citar a los más jóvenes que, en plena expresión de sus identidades, encuentran en el medio de la Calle G del Vedado su lugar para canalizar estas necesidades.
Lo que sí crea disturbios sociales, con implicaciones negativas para todos, es la ausencia de estos espacios pues, por una parte, se organizan “fiestas ilegales” que provocan irregularidades de diverso tipo y el consiguiente malestar de vecinos afectados por la bulla y el “desorden”. Por la otra, elementos inescrupulosos se aprovechan de tal ausencia para crear “sus espacios” –como cotos particulares- y extorsionar a ese ya discriminado grupo social, con los elementos acompañantes de lucro y enriquecimiento ilícito.
Valdría la pena preguntarse el “peligro” potencial que podrían implicar estos espacios, si se organizan con las debidas regulaciones que garanticen un sano esparcimiento, cuando ya existe una voluntad política y de gobierno para luchar contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género. La vida ha demostrado que, cuando se han cerrado o diluido lugares donde se ha reunido este grupo de personas -que se han creado de forma empírica o no-, se han vuelto a organizar en otro lugar, por un impulso propio de su naturaleza humana.
Desafortunadamente, ni el CENESEX ni ninguna otra de las organizaciones que trabajan estos temas de conjunto tienen la capacidad, ni las posibilidades reales para crear por ellos mismos estos espacios. Esto conlleva un complejo proceso de regulaciones y gestiones administrativas, económicas y contables que, de seguro, no forman parte de su “objeto social”.
Sin embargo, a ellos sí les corresponde la importante y paciente tarea de crear conciencia en el terreno social y político, para hacer valer el respeto a las orientaciones sexuales y la identidad de género. Sobre todo porque la mera existencia de estos espacios de socialización no resolverán los problemas de discriminación y mucho menos podrán sustituir el trabajo que estas organizaciones realizan para lograr metas esenciales -de mayor implicación social- en ese sentido.
No sería práctico pensar en “un lugar único” para estos fines, en una ciudad tan grande con más de dos millones de habitantes. Tampoco sería lógico que sean “solamente para homosexuales”, porque echaría por tierra el necesario trabajo de integración social para luchar contra la homofobia –también en un contexto más relajado. Menos aceptable sería pensar en un lugar “alejado” –para que no molesten, como dicen algunos-, por lo que ello realmente implica en términos de aislamiento y discriminación.
Los lugares existen, esparcidos por toda la ciudad, lo que falta es la voluntad y el atrevimiento de sus administradores, tal vez con el apoyo y la iniciativa de algunos artistas o personas con deseos de crear, para abrirlos a este sector de la población. Ya el pasado Congreso de la UNEAC (2008) se pronunciaba a favor de reproducir la positiva experiencia de “El Mejunje”, en Santa Clara, un espacio de inclusión y tan diverso como la vida misma. Algunos buenos ejemplos hemos tenido en la capital, de lugares que han abierto sus puertas, un día a la semana, dedicados a aceptar todas las formas de la diversidad sexual en un ambiente sano y respetuoso.
lunes, 13 de abril de 2009
Campaña contra la homofobia, en marcha
La anunciada “Campaña por la Libre Orientación Sexual e Identidad de Género”, que desarrolla el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) junto a otras organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil en Cuba, ya ha dado sus primeros pasos… y no han sido en falso.Lo más llamativo, hasta el momento, han sido los encuentros en la Casa Estudiantil Universitaria, de la Universidad de La Habana, en el mismo centro de la capital cubana. Los segundos y cuartos jueves de cada mes es la cita, entre estudiantes universitarios y público en general, que hablan abiertamente de experiencias y temores, dudas y avances en estos escabrosos temas.
El primer encuentro, el jueves 26 de marzo, fue con la Directora del CENESEX, Mariela Castro Espín, donde se destacó la importancia de los espacios para debatir y enriquecernos, en medio del respeto y la reflexión sobre estos temas. La Master en Sexología insistió en que este trabajo es imposible hacerlo de forma aislada: todos los organismos e instituciones deben involucrarse; y puso como ejemplo esta iniciativa, donde el Centro que dirige ha hecho la propuesta, pero la FEU y el MES deben asumirla y desarrollarla, para preparar mejor a profesores y educandos.
El público fue muy activo y se escucharon todo tipo de opiniones. Una estudiante de derecho puso a pensar a todos cuando, desde posiciones supuestamente abiertas e incluyentes, reprodujo estereotipos homófobos bastante comunes en nuestra población. Entre ellos destacó que "los homosexuales tienen gran parte de la responsabilidad con el rechazo social que sufren, por sus actitudes y reacciones en determinados momentos." Esto provocó un intenso debate, donde se escucharon vivencias aleccionadoras desde la perspectiva de los propios homosexuales presentes en la Conferencia.
El segundo encuentro, el jueves 9 de abril, fue una experiencia diferente, con las escenificaciones del Grupo de Teatro Espontáneo de La Habana. Historias conmovedoras sobre homofobia, expuestas por los asistentes, fueron excelentemente representadas por los actores, para convertir la velada en un intercambio vivo y enriquecedor.Dos días antes, en la mañana del martes 7 de abril, se realizaba en el Pabellón Cuba la conferencia de prensa para anunciar los detalles de la campaña (ver mas información en el sitio www.cenesex.sld.cu/diversidadnatural.html). Se conoció allí de las actividades que se están preparando para el Pabellón Cuba, la sede de la UNEAC y el cine teatro Astral, el sábado 16 de mayo, vísperas del Día Mundial contra la Homofobia. Y el próximo jueves 16 de abril el Cine club “Diferente”, en 23 y 12, anuncia el debate de la película checa “Mandrágora”, sobre prostitución masculina de jóvenes que emigran del campo a la ciudad, para buscar opciones de “dinero fácil”.
Mucho movimiento sobre diversidad sexual en estos días, a partir del trabajo del CENESEX y otras instituciones que están laborando intensamente para luchar contra estereotipos y prejuicios con relación a la orientación sexual y la identidad de género.
Sin embargo, los medios nacionales de difusión masiva siguen ajenos a este esfuerzo y ello crea una contradicción lamentable: por un lado, existe la voluntad gubernamental y política para trabajar contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género; por el otro, los medios no han asumido aún el importante papel que les corresponde para difundir la educación a toda la población en este sentido.
De ellos también depende que se rompan los silencios; esos que tanto daño han hecho, por demasiado tiempo.
Fotos: CENESEX (Norma Guillard y Yasmany Díaz)
lunes, 23 de marzo de 2009
Comienza campaña contra la homofobia del 2009
El próximo jueves 26 de marzo se iniciará la “Campaña por el respeto a la libre orientación sexual” del 2009, con una conferencia de la Directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), Mariela Castro Espín, en la Universidad de La Habana.
Muchos recordarán que el año pasado se realizó una jornada alrededor del 17 de mayo –declarado desde el 2003 como el Día Mundial contra la Homofobia y algunos países ya lo han asumido como fecha de celebración oficial-, que tuvo sus actividades centrales en el Pabellón Cuba y contó con numerosos eventos colaterales en La Habana y en provincias. Muy importante ha sido el apoyo de numerosas organizaciones e instituciones cubanas, como la Unión de Jóvenes Comunistas, el Centro Nacional de Prevención de las ITS-VIH/Sida, el Ministerio de Cultura, la Fundación Ludwig, etc.
Sin embargo, una de las peticiones de los que participaron entonces fue no limitarse a recordar el tema solamente un día del año, sino hacer este trabajo de forma sistemática y tratar de llegar a la mayor cantidad de personas, como la mejor manera de transmitir y reforzar el mensaje de lucha contra la homofobia.
Este año los organizadores han querido centrar el trabajo en los jóvenes y estudiantes universitarios porque, obviamente, cuentan con una gran capacidad transformadora en el ámbito familiar y social, sobre todo con vistas al futuro de la nación. A partir de la actividad del jueves, seguirán un ciclo de conferencias y otros eventos, cuyos detalles se podrán encontrar en un sitio web que el Centro ha habilitado para ello: www.cenesex.sld.cu/diversidadnatural.html.
La homofobia es una enfermedad, descrita como la aversión, el miedo, el odio, el desprecio y cualquier otra forma de discriminación hacia las personas homosexuales. De ahí también se deriva la transfobia, que es lo mismo, pero hacia las personas transgéneros -transexuales, travestis, transformistas y todas aquellas formas que "transgreden" lo que el heterosexualismo dominante califica erróneamente como lo "normal" en cuestiones de sexualidad. En esencia, la homofobia y la transfobia guardan una estrecha relación con otras formas de discriminación, como el racismo y la xenofobia.
Desafortunadamente la medicina no ofrece ninguna solución práctica para el remedio de esa enfermedad: no existe ninguna medicina que pueda curarla, ni existe solución quirúrgica... tal vez algún largo y tedioso tratamiento psicológico o psiquiátrico para los casos extremos -y ciertamente algunos lo necesitan. Pero la homofobia común, la de todos los días, esa que insulta cuando se mira mal o se excluye, cuando se hacen comentarios o "chistes" homófobos, esa que ofende por omisión... a esa hay que abordarla de otra forma. Precisamente por eso es necesario organizar campañas de bien público, dirigidas a educar y abogar por el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, como expresión de equidad y justicia social.
Muchos recordarán que el año pasado se realizó una jornada alrededor del 17 de mayo –declarado desde el 2003 como el Día Mundial contra la Homofobia y algunos países ya lo han asumido como fecha de celebración oficial-, que tuvo sus actividades centrales en el Pabellón Cuba y contó con numerosos eventos colaterales en La Habana y en provincias. Muy importante ha sido el apoyo de numerosas organizaciones e instituciones cubanas, como la Unión de Jóvenes Comunistas, el Centro Nacional de Prevención de las ITS-VIH/Sida, el Ministerio de Cultura, la Fundación Ludwig, etc.
Sin embargo, una de las peticiones de los que participaron entonces fue no limitarse a recordar el tema solamente un día del año, sino hacer este trabajo de forma sistemática y tratar de llegar a la mayor cantidad de personas, como la mejor manera de transmitir y reforzar el mensaje de lucha contra la homofobia.
Este año los organizadores han querido centrar el trabajo en los jóvenes y estudiantes universitarios porque, obviamente, cuentan con una gran capacidad transformadora en el ámbito familiar y social, sobre todo con vistas al futuro de la nación. A partir de la actividad del jueves, seguirán un ciclo de conferencias y otros eventos, cuyos detalles se podrán encontrar en un sitio web que el Centro ha habilitado para ello: www.cenesex.sld.cu/diversidadnatural.html.
La homofobia es una enfermedad, descrita como la aversión, el miedo, el odio, el desprecio y cualquier otra forma de discriminación hacia las personas homosexuales. De ahí también se deriva la transfobia, que es lo mismo, pero hacia las personas transgéneros -transexuales, travestis, transformistas y todas aquellas formas que "transgreden" lo que el heterosexualismo dominante califica erróneamente como lo "normal" en cuestiones de sexualidad. En esencia, la homofobia y la transfobia guardan una estrecha relación con otras formas de discriminación, como el racismo y la xenofobia.
Desafortunadamente la medicina no ofrece ninguna solución práctica para el remedio de esa enfermedad: no existe ninguna medicina que pueda curarla, ni existe solución quirúrgica... tal vez algún largo y tedioso tratamiento psicológico o psiquiátrico para los casos extremos -y ciertamente algunos lo necesitan. Pero la homofobia común, la de todos los días, esa que insulta cuando se mira mal o se excluye, cuando se hacen comentarios o "chistes" homófobos, esa que ofende por omisión... a esa hay que abordarla de otra forma. Precisamente por eso es necesario organizar campañas de bien público, dirigidas a educar y abogar por el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, como expresión de equidad y justicia social.
domingo, 15 de marzo de 2009
La diversidad sexual nuevamente a debate
Los que asistimos la última vez al cine-club, salimos todos deprimidos por la forma en que el director israelí Eytan Fox contó la historia de amor entre Noam y Ashraf, un joven palestino y el otro israelí, en medio del doloroso conflicto religioso, cultural, étnico y político entre dos mundos, que convergen en esa zona del Medio Oriente. El debate que se hizo al finalizar la proyección fue el mejor ejemplo de que la historia de estos muchachos fue desgarradora para todos; casi nos quedamos sin habla y nos hacía falta tiempo para procesar lo que habíamos visto. Sin exageraciones, el filme “La Burbuja” nos cambió un poco a todos; es una de esas películas purificantes y reflexivas, para ser un tilín mejores (como diría el poeta).
Pero como la vida tiene de cal y tiene de arena, este jueves 19 a las 8:30 de la noche la propuesta del cine-club tiene un matiz “diferente”: se proyectará el filme norteamericano, de John Cameron Mitchell, “Shortbus” (2006) -o “La guagüita”-, un nombre muy sugerente donde se mezcla la música, el arte y el sexo de una forma aparentemente ligera y festinada. La película no trata de pornografía, sino sobre las emociones humanas y la relación con el sexo: un retrato de la sexualidad en la última década, un mosaico de experiencias en donde el placer es vivido como un vacío imprescindible…
Entonces parece que esta guagua sí tendrá un poco de película del sábado –por el aquello de “lenguaje de adultos, violencia y sexo”. Pero viene muy bien, porque la sociedad necesita quitarse un poco los prejuicios con relación a estos temas, que aún son tabú para muchas personas. Ante la falta de comunicación que existe para hablar abiertamente sobre homosexualidad en nuestro país, me parece que el problema no es sólo con relación a ese tema, sino más bien sobre la sexualidad en su conjunto… y ya va siendo hora de quitarnos ese velo y debatir sinceramente del asunto.
Para terminar, les propongo un comentario de Frank Padrón, a propósito de la película.
***
Una “guagüita” llamada Deseo
Una “guagüita” llamada Deseo
Por: Frank Padrón
Shortbus (algo así como “Guagüita”) es un club newyorquino polisexual y donde se puede hacer “de todo”; es también el título del filme norteamericano realizado en 2006 por John Cameron Mitchel (Hedwig and the angry inch, 2001 ) sobre la libertad total a la que conduce el absoluto exorcismo de los “demonios” de la libido, ese dar rienda suelta a los deseos sexuales sin hipócritas ataduras, moralinas ni compartimentos estancos que los propios seres humanos (en su afán controlador, léase castrador o dictador) (im)ponen y ejercen.
Tal el Infierno dantesco a su entrada, para definir el hedonista y epicureísta centro nocturno alguien dice: “Es como en los 60, sólo que con menos esperanza”, y no es otro que el propietario del club: Justin Bond – un reconocido drag queen del off neoyorkino que se interpreta aquí a sí mismo- , y en efecto: el Shortbus es un local donde conviven las proyecciones de cine artie, las performances musicales más variadas y, como decía, las expresiones de la sexualidad humana en su absoluto flujo, sin controles… aunque con ayudas.
Esa referencia a los cismáticos y revolucionarios años 60 no es, por supuesto, nada gratuita: hay una evidente nostalgia por la época en que la contracultura hippie trató de combatir los afanes guerreristas de todos los imperialismos, las absurdas tiranías de la sociedad de consumo y la estúpida y falsa castidad de la burguesía, con flores y amor…libre; las armas con que estos jóvenes combatían (“peace and love”) eran mucho más que un slogan: ellos lograron en muchos sitios de la revuelta sociedad norteamericana, extensiva a prácticamente el mundo entero, un microcosmos de autenticidad y belleza a su modo, aún mediante actitudes iconoclastas e irreverentes que aportaron no sólo un modo de vida sino un arte, una cultura y una cosmovisión cuyos frutos aún permanecen.
Al comparar la realidad en que se enmarcan (siglo, milenio nuevos) y que se arrastra desde los años 90 del XX, los clientes del Shortbus (y con ellos nosotros, en tanto espectadores) saben que al escepticismo, la desideologización y al nihilismo de aquellos hippies ya viejos, o de sus descendientes en varias generaciones, sólo les queda al parecer un arma: el “amor libre”, la sexualidad sin trabas, los vericuetos y atajos más variopintos y diversos para llegar a la realización humana. Y a eso, sin cortapisas, sin prejuicios, sin complejos, se encaminan.
Sofia anda tras el elusivo orgasmo, Severin, para quien alcanzar el clímax resulta tan fácil como chasquear los dedos, no puede interactuar con otro ser humano si no es de manera superficial, literalmente epidérmica , mientras los hombres no la llevan mejor con sus factibles eyaculaciones, criaturas anhelantes y algo tristes, corriendo detrás de un indicio de felicidad obcecadamente esquivo: un joven voyeur muy conservador que en el fondo desea dar rienda suelta a su homosexualidad latente; un salvavidas de piscinas con un trauma sexual ¿insoluble?…
Shortbus (algo así como “Guagüita”) es un club newyorquino polisexual y donde se puede hacer “de todo”; es también el título del filme norteamericano realizado en 2006 por John Cameron Mitchel (Hedwig and the angry inch, 2001 ) sobre la libertad total a la que conduce el absoluto exorcismo de los “demonios” de la libido, ese dar rienda suelta a los deseos sexuales sin hipócritas ataduras, moralinas ni compartimentos estancos que los propios seres humanos (en su afán controlador, léase castrador o dictador) (im)ponen y ejercen.
Tal el Infierno dantesco a su entrada, para definir el hedonista y epicureísta centro nocturno alguien dice: “Es como en los 60, sólo que con menos esperanza”, y no es otro que el propietario del club: Justin Bond – un reconocido drag queen del off neoyorkino que se interpreta aquí a sí mismo- , y en efecto: el Shortbus es un local donde conviven las proyecciones de cine artie, las performances musicales más variadas y, como decía, las expresiones de la sexualidad humana en su absoluto flujo, sin controles… aunque con ayudas.
Esa referencia a los cismáticos y revolucionarios años 60 no es, por supuesto, nada gratuita: hay una evidente nostalgia por la época en que la contracultura hippie trató de combatir los afanes guerreristas de todos los imperialismos, las absurdas tiranías de la sociedad de consumo y la estúpida y falsa castidad de la burguesía, con flores y amor…libre; las armas con que estos jóvenes combatían (“peace and love”) eran mucho más que un slogan: ellos lograron en muchos sitios de la revuelta sociedad norteamericana, extensiva a prácticamente el mundo entero, un microcosmos de autenticidad y belleza a su modo, aún mediante actitudes iconoclastas e irreverentes que aportaron no sólo un modo de vida sino un arte, una cultura y una cosmovisión cuyos frutos aún permanecen.
Al comparar la realidad en que se enmarcan (siglo, milenio nuevos) y que se arrastra desde los años 90 del XX, los clientes del Shortbus (y con ellos nosotros, en tanto espectadores) saben que al escepticismo, la desideologización y al nihilismo de aquellos hippies ya viejos, o de sus descendientes en varias generaciones, sólo les queda al parecer un arma: el “amor libre”, la sexualidad sin trabas, los vericuetos y atajos más variopintos y diversos para llegar a la realización humana. Y a eso, sin cortapisas, sin prejuicios, sin complejos, se encaminan.
Sofia anda tras el elusivo orgasmo, Severin, para quien alcanzar el clímax resulta tan fácil como chasquear los dedos, no puede interactuar con otro ser humano si no es de manera superficial, literalmente epidérmica , mientras los hombres no la llevan mejor con sus factibles eyaculaciones, criaturas anhelantes y algo tristes, corriendo detrás de un indicio de felicidad obcecadamente esquivo: un joven voyeur muy conservador que en el fondo desea dar rienda suelta a su homosexualidad latente; un salvavidas de piscinas con un trauma sexual ¿insoluble?…
Así el filme va perfilando un acercamiento a sus personajes, muy caro en esencia a la teoría queer en su afirmación de la diferencia dentro de las categorizaciones en grupos sexuales, escapándose al mismo tiempo a la idea de “rareza” o “perversión” tolerada y santificada por la comunidad y los medios masivos, que suele darse cuando éstas no se apartan demasiado de los estereotipos al uso.
Como todo debe decirse, más allá de los comportamientos sexuales, los protagonistas de Shortbus resultan un tanto simplones y maniqueos, inconcebible sobre todo si se trata (como es el caso) de cine independiente; verbigracia: ese que se vanagloria de jugar con personajes reales a través de diálogos cuasi naturales, de una puesta en escena espontánea y liberada de restricciones –aunque en no pocas ocasiones signifique pobreza y reiteratividad-, o incluso de un guión que en esta ocasión es obra colectiva (los propios actores colaboraron mediante sus vivencias con el escritor y realizador).
Pero lo que de veras importa en este filme es su manera directa, espontánea y sin afeites de celebrar el joie de vivre (las ganas de vivir) mediante eso que fue dado al ser humano no sólo para asegurar descendencia, pese a que durante siglos la Iglesia y la Ciencia lo predicaron así, sino para, en su pluriformidad y diversidad, conquistar desde la tierra, un pedazo del cielo.
¿O qué otra cosa es el “alumbrón” final de esa Nueva York hasta entonces turbia y apabullante que celebra ahora, con sus infinitas luces artificiales, el arcoiris que le nace dentro a esa mujer final, definitivamente satisfecha?
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