miércoles, 28 de noviembre de 2018

Los servidores públicos en #Cuba y Twitter

Se ha vuelto común que los dirigentes cubanos abran cuentas en Twitter, tras el reclamo del congreso de los periodistas y que el presidente de la república anunciara la apertura de la suya. Loable esfuerzo, siempre que se exploten al máximo las potencialidades de tan poderosa herramienta. 

Twitter le da a los servidores públicos la posibilidad de rendir cuenta de su gestión, consultar directamente las políticas que le atañen y mantener un diálogo directo con el público. Pero si se usa solo para repetir consignas y retuitear lo que otros han tuiteado, se está perdiendo la mayor parte de su beneficio.

El canal informativo Caribe ya transmite por 12 horas seguidas y no se anuncia en ningún momento una cuenta en Twitter, con la que pudiera interactuar en vivo con sus televidentes. 

La cancillería anuncia en Twitter un canal para intercambiar públicamente sobre la política exterior del país y pide las inquietudes... por correo electrónico!

Las TICS abren un enorme abanico de posibilidades, pero hay que actualizarse también en su uso. Si no, estamos en la web 2.0 y usamos las herramientas de la www. O lo que es lo mismo: usamos los medios digitales con pensamiento analógico.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Aire frío que se proyecta a la actualidad

Un hermoso y emotivo homenaje al más grande de los dramaturgos cubanos de todos los tiempos, Virgilio Piñera, se vivió en la noche del 13 de noviembre en la sala Charles Chaplin de La Habana con la premier del documental Aire frío: el casting.
A partir de una idea original de su guionista y director, el realizador Rolando Almirante, el audiovisual logra combinar armoniosamente entrevistas y debates sobre Virgilio con la puesta en escena consecutivamente de partes de la obra Aire frío por varios elencos, bajo la conducción de cinco de los más destacados teatristas cubanos del momento: Carlos Celdrán, Antonia Fernández, Raúl Martín, Fátima Patterson y Carlos Díaz.
Ante una sala colmada de artistas, amantes del cine y del teatro, Almirante agradeció la acogida que ha recibido este trabajo en el que "una de las expresiones artísticas más jóvenes —el cine— le presta su piel a una de las más antiguas: el teatro". Y recalcó que entre sus principales intenciones estaba inmortalizar ese esforzado trabajo que se realiza en las tablas, pues la mayoría de las veces se queda en el reducido espacio de las salas de teatro.
Para un empeño tan loable, nada mejor que hacerle un homenaje al "dramaturgo canónico cubano" —como caracterizó a Virgilio— casi al cumplirse los 56 años de la primera presentación de Aire frío en el país, que sucedió el 8 de diciembre de 1962. Calificado por Celdrán en el audiovisual como "la gran obra del teatro cubano, el buque insignia de la dramaturgia en Cuba", el conflicto de la familia Romaguera —con sus luces y sombras, sus tragedias y risas— se convierte en un símbolo de "la familia cubana" que se proyecta en el tiempo hasta la actualidad.
Las cinco visiones diferentes que se exponen de la misma historia, además de ser un tributo a la obra y al legado de Virgilio, nos vuelven a colocar en la realidad más concreta del país y, como si hubiera sido escrita hoy, nos habla del machismo, de los derechos, del respeto a las diferencias, de la fe en los cambios y —al decir de Fátima Patterson— "de la libertad de ser, del ambiente de un país, del que queremos".
Para muchos de ellos el documental les permitió saldar una deuda con su autor, pues durante mucho tiempo "sus libros estuvieron cerrados para la escena cubana" y algunas generaciones "no tuvieron la autorización" para representarlo. Como Virgilio sintió que "ser incómodo era su responsabilidad", retomarlo desde el cine con cinco visiones distintas al mismo tiempo vino a ser una suerte de "necesidad existencial".
Estas y muchas otras sorpresas les esperan a los espectadores de Aire frío: el casting, como estremecerse fascinados ante la actuación de la gran Verónica Lynn —quien fue la primera, la icónica Luz Marina, protagonista de la obra—  entrando de nuevo en la piel del mismo personaje y disfrutar sus anécdotas sobre aquella premier a principio de los años 1960: "Virgilio nunca le señaló nada a los artistas… ¡estaba tan contento con el estreno de su obra!", recordó.
La realización del documental contó con la participación del ICAIC, Alma Films y Producciones Caricatos. Se encontraban presentes, entre muchos otros, el Viceministro de Cultura y presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, Fernando Rojas; el director del ICAIC, Ramón Sanada; y el director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo.
El lobby de la sala Chaplin, que es también la sede de la Cinemateca de Cuba, fue engalanada con afiches de la obra, fotos de su puesta en escena y el vestuario utilizado por los artistas en sus representaciones para el audiovisual.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Una Gaceta histórica y cinematográfica


El más reciente número de La Gaceta de Cuba fue presentado en la tarde del viernes 9 de noviembre en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. Su director, Norberto Codina, resaltó que esta edición —perteneciente a septiembre y octubre de 2018— está dedicada en su dossier principal al 150 aniversario del inicio de las guerras de independencia con el grito de La Demajagua y, para hacer la presentación, se recurrió al historiador, ensayista y periodista Pedro Pablo Rodríguez quien es, además, miembro de su Consejo Editorial.

Con la forma amena que le caracteriza al hablar, Pedro Pablo analizó la diversidad de aspectos seleccionados sobre el tema en esta edición, comenzando con su propio artículo titulado El 10 de octubre: la cultura de las guerras en el que analiza la psicología social cubana, que hace énfasis en el orgullo nacional, los héroes y las batallas, no en la enorme cuota de sufrimiento por la que pasó el pueblo durante la guerra.

"La imagen que ha llegado a nosotros, a siglo y medio de aquellos conflictos armados, es sobre todo la de la epopeya gloriosa, fijada por sus propios participantes desde los tiempos en que se peleaba con las armas en la mano. Curioso caso, aunque no único, el del pueblo cubano, que no solo aprendió a vivir en la guerra, sino que se quejó relativamente poco de ella y que en medio del conflicto levantó aún más su orgullo patriótico y su deseo por la patria libre, inmerso en aquellos extenuantes sufrimientos", dice en su texto.

Asimismo, reseñó el artículo con título tan sugerente como Simplemente Céspedes: lo demás es secundario, de José Abreu Cardet —a quien calificó como uno de los más notables historiadores cubanos—, el cual se adentra en una arista olvidada en los estudios bélicos: "los detalles de la terrible pero tremenda cotidianidad de la vida de un país en guerra".

De esta forma, el autor comparte una mirada muy humana de quien llamamos «el padre de la patria» en sus ascensos y descensos, para "hacernos reflexionar en lo que fue capaz de admitir y ceder, en más de una ocasión", dijo, desde su entrada victoriosa a Bayamo hasta con la bandera que había enarbolado.

Por su parte, Rafael Acosta de Arriba insiste en su artículo en el tema de Céspedes a través del análisis de la novela de Evelio Traba El camino de la desobediencia, (Ed. Verbum 2016 y Ed. Boloña 2017), no mediante una mera reseña del libro sino profundizando en el análisis de un aspectosiempre apasionante: la relación entre literatura e historia, el balance de una novela que cumple con su función esencial de hacer literatura sobre bases históricas y hacerlo de forma convincente, cuando se sabe que no hay fuentes que permitan sustentar fehacientemente todos los pasajes narrados.

Un enfoque sui géneris al análisis del dossier lo promueve el narrador Pedro de Jesús con su artículo Usos gráficos en la representación verbal del Himno Nacional cubano, calificado por Pedro Pablo como texto "formidable" por descubrir algo en lo que no se repara habitualmente: las distintas formas en que aparece y se usa la letra del himno en diferentes contextos, a partir de un estudio muy serio del manuscrito de Perucho Figueredo y otras figuras o documentos históricos.

En otro artículo la ensayista Zaida Capote vuelve sobre un aspecto a recordar: la política genocida, el exterminio, la cuota de sacrificios y las muertes espantosas durante el período de la reconcentración de Weyler y la forma en que ha sido tratado este triste episodio nacional en la literatura cubana.

Se incluye también un trabajo inédito sobre algo muy poco conocido en la historiografía de nuestro país: la emigración de santiagueros hacia el poblado de El Caney durante la inminente invasión norteamericana a la segunda ciudad más importante del país. El texto del historiador Fernando E. Miranda profundiza en este pasaje nada glorioso de un momento político difícil de la historia nacional, que para Pedro Pablo reveló la frase "meter a Cuba en el Caney", una versión muy oriental de la capitalina "meter La Habana en Guanabacoa".

En el contexto del dossier principal, al culminar la revista —con la sección de fragmentos de artículos publicados con anterioridad— se reproducen partes de un artículo de Antonio Núñez Jiménez con el título Surgimiento de la República de Cuba en 1901 que nos recuerda, entre otras cosas, que "pocos pueblos han pagado un precio tan horrendo por su libertad como el cubano, que perdió en el fragor de las batallas y en los campos de concentración el 12% de su población y el 66.66% de la riqueza total del país".

Pedro Pablo recordó que la revista nunca se queda en un solo dossier y el segundo grupo de artículos profundiza en pasajes específicos del desarrollo del cine cubano, en una suerte de revista "histórica y cinematográfica".

En ese sentido, resaltó el artículo de Arturo Arango titulado Claves para 1968, que analiza el contexto histórico de un "año cumbre para la cultura cubana" —como lo caracteriza el autor— tan contradictorio como tener al mismo tiempo la realización del filme Memorias del subdesarrollo y la celebración del Congreso cultural de La Habana, que asomó los primeros síntomas de lo que posteriormente se conoció como Quinquenio Gris.

Otro artículo a destacar es el de Luciano Castillo Cien años de Ingmar Bergman: sonata en cuatro movimientos, que —a decir del presentador— nos enseña cómo un currículum puede ser convertido en un texto interesante.

También resaltó la segunda parte de la entrevista de Arturo Soto con el realizador cubano Manuel Pérez, donde vuelve a los momentos difíciles de la historia del ICAIC con una mirada no sólo desde el punto de vista personal, sino institucional: cómo este organismo pudo atravesar momentos difíciles y lograr un sentido de unidad con la Revolución.

En la entrevista se expresan juicios valiosos que no se quedan en el pasado y sirven como estímulo para el presente y el futuro, llamando la atención sobre el siguiente: "hay que dejar de un lado la soberbia de unos, desde el poder, y la inmadurez y frivolidad de otros, desde la discrepancia, si queremos llegar a un entendimiento… alguien con lucidez y autoridad tiene que percatarse de que el debate exige recuperar el cauce del entendimiento mutuo, constructivo, creyendo realmente en él, no como una formalidad más, trámite a cumplir, puesta en escena".

Pedro Pablo se refirió a otros artículos interesantes de la revista, como la reflexión de Pedro de la Hoz sobre el aporte musical, la capacidad creadora y la labor docente de Diez Nieto a la cultura cubana, quien merece un libro para contar su historia; la invitación a la lectura que hace Vitalina Alfonso sobre el evento Reading Cuba (Leyendo a Cuba), organizado en la Florida por varias instituciones norteamericanas sobre escritores cubanos de la isla y de la diáspora; el análisis de Jorge Alberto Piñeiro (Jape) sobre el Aquelarre, que merece un apoyo de la crítica para que no pase sin penas ni glorias en el contexto cultural cubano; y la acostumbrada sección de Crítica, dominada en esta ocasión por los libros.

Para finalizar, resaltó en La Gaceta de Cuba el trabajo sistemático que se ha realizado para mantener la importancia del diseño en las publicaciones cubanas, sobre la base de que la forma en que se presentan las revistas es muy importante para que se sume al contenido que se expone, pues en el contexto nacional se ha perdido el material gráfico para atraer al lector.

En esta ocasión, las imágenes de pintores cubanos —como el caso de Romañach para los textos sobre las guerras de independencia— y otras imágenes alegóricas a los temas que se tratan, juegan un papel importante en la presentación del producto artístico que "enamora" a los lectores.

jueves, 25 de octubre de 2018

A debate en el Caracol las controversias y los desafíos de la comunicación pública en Cuba


El programa del Concurso Caracol, que este año arriba a su aniversario 40, se inició en la mañana del miércoles 24 de octubre en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC con la conferencia magistral "La comunicación pública en Cuba: controversias y desafíos", impartida por el Dr. Raúl Garcés, Decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana.
Se encontraban presentes el vicepresidente primero de la UNEAC, Luis Morlote; el presidente del ICRT, Alfonso Noya, y un numeroso grupo de periodistas, críticos, guionistas, presentadores y artistas, desde muy conocidos hasta los más jóvenes.
Rosalía Arnáez, presidenta de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC —a cargo de la organización del evento—, al hacer la introducción del programa indicó el interés de polemizar sobre el impacto de los medios en la sociedad cubana, justo en un día de celebraciones para la televisión cubana, pues el 24 de octubre de 1950 fue la fecha de inicio de ese medio en nuestro país.
Garcés agradeció la invitación a compartir en ese entorno "un grupo de dudas" que tiene sobre el tema y su visión de los retos para la comunicación en nuestro país, resaltando desde el inicio las oportunidades que tiene Cuba para avanzar en los cambios, sobre todo a partir de que la conceptualización de nuestro modelo reconoce a la comunicación como un "recurso estratégico" en manos de la dirección del estado, sus instituciones y empresas, al servicio de la participación, el debate público y el desarrollo. Igualmente destaca al intercambio de ideas y a las estrategias de comunicación como elementos esenciales para contribuir a la modificación de concepciones y prácticas obsoletas o inmovilistas, las que se presentan como el principal obstáculo para ese cambio de mentalidad al que estamos llamados a todos los niveles.
No quiso pasar por alto los riesgos que implican estos cambios y la necesidad de aprender a articular un poder simbólico fuerte, en el que la "corresponsabilidad" tiene que identificarse como un concepto fundamental, pues las políticas de información no pueden estar en compartimentos estancos y deben desarrollarse como procesos articulados entre todos los elementos que lo componen, desde la altura del liderazgo hasta la ciudadanía.
Identificó tres grandes "tensiones" en el sistema comunicacional de cuya evolución y manera en que sepamos resolver dependerá el éxito que podamos lograr, siempre pasando por un debate social a nivel del gremio profesional.
La primera está relacionada con la concepción "instrumental" de la comunicación —utilizarla como un "apagafuegos" para resolver los problemas a última hora— frente a una concepción como recurso estratégico y transversal al desarrollo. En este aspecto resaltó que la estrategia comunicativa no puede ser a corto plazo y el establecimiento de una agenda pública no funciona con una perspectiva simple, sino teniendo en cuenta los múltiples factores de los que depende y en todos los formatos posibles.
La segunda "tensión" está marcada entre la anticuada concepción excesivamente "mediocéntrica" —dependiendo sólo de los medios tradicionales— frente a una visión reticular, que es propia de la sociedad en red que se desarrolla a nivel mundial. En este tema resaltó que el crecimiento de penetración en la red se ha dado a pasos agigantados en los últimos años, incluso sin depender del desarrollo económico de los países. Esto incluye a Cuba, que en la actualidad es un país mucho más conectado que hace pocos años, a pesar de las quejas que podamos tener por nuestros servicios. Sin embargo, la pregunta es: ¿conectarnos para qué?
Para responderla, se debe pensar en la necesidad de lograr el mayor acceso social posible y garantizar las condiciones para adquirir el conocimiento, además que no basta con tener niveles de conexión cada vez mayores cuando no se tienen claros los conceptos y las estrategias de nuestros líderes de opinión y un proyecto de conexión con el capital humano que se base en las tecnologías, sin trivializar el discurso público.
La tercera de las "tensiones" que identificó se encuentra entre el sistema de medios estatales y un sistema de medios públicos que sea capaz de articular la comunicación en diferentes soportes y formatos. Esta contradicción se percibe como el enfoque centralizador y vertical frente al concepto radial, coordinado y de forma participativa. Para ello señaló como necesaria una ley de comunicación, que regule la importante tarea de establecer las formas de implementar las políticas, y la necesidad de gestionar nuestros problemas de forma transparente, sin temor a la fiscalización de la ciudadanía y sin que el síndrome del secretismo acabe con las buenas intenciones.
Entre los desafíos más importantes indicó la necesidad de lograr una gestión más eficaz de la institucionalidad comunicativa, que trascienda lo estatal para llegar a lo público, sobre la base de un eficiente gobierno electrónico; la compresión de una administración pública actualizada, que se enfoque a una gestión participativa, y garantizar la existencia de una esfera pública que tenga mayor capacidad para representar la diversidad social y conectar las propuestas de los diferentes grupos, que incluya la toma de decisiones a todos los niveles.
La periodista y escritora Soledad Cruz, quien condujo el debate posterior, agradeció la conferencia de Garcés, pues sus palabras siempre fomentan el debate con el que se trata de enriquecer el Concurso Caracol cada año. Durante el amplio intercambio con el público surgieron otros temas igual de importantes y polémicos, como la utilidad de estudiar la experiencia internacional en estos asuntos, sin demonizaciones ni copiar modelos; la necesidad de transmitir nuestros mensajes de forma atractiva, adaptándonos a las características y los lenguajes de cada medio, pareciéndonos a nosotros mismos; la intervención de la crítica especializada en nuestros medios; la necesidad de reflejar francamente nuestras realidades, la autorregulación y la denuncia pública, junto al seguimiento judicial correspondiente; la apertura de las fuentes de información, frente al concepto de "plaza sitiada"; el futuro de los estudiantes de comunicación y su formación ante las nuevas tecnologías; la fundación de un modelo de comunicación socialista, que se convierta en una alternativa viable y eficiente; y, ante las preocupaciones expresadas, la necesidad de resolver un proyecto de país entre todos que se conecte con los proyectos individuales y en el que la población se sienta participante y protagonista en un espacio de libertad.    

lunes, 15 de octubre de 2018

Una Habana bendita en novela de Antonio Arroyo


Imbuido por las celebraciones de la ciudad maravilla y el medio milenio que cumplirá, el actor, filólogo y teatrista Antonio Arroyo presentó en la tarde del lunes 10 de septiembre en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC su más reciente novela titulada "Bendita Habana". Aunque es una vieja idea, en la que lleva trabajando muchos años– que ya incluyó una obra musical y un audiovisual –, el resultado literario pudo ser presentado gracias al entusiasta apoyo y trabajo de Artex con su casa de Ediciones Cubanas.
En representación de esta editorial, Tania Vargas hizo la introducción al libro en la que lo calificó de una novela muy difícil, pues logra imbricar dos lenguajes — el de la televisión y el de la literatura— en una Habana como protagonista que transcurre en dos épocas: a principios del siglo XIX, con el Obispo de Espada como centro de atención, y la Cuba actual. Aunque ambos momentos se unen a través de una prenda religiosa, en la lectura se descubren paralelismos que van más allá del tiempo y las épocas.
Resaltó que la crítica la ha señalado como una obra "altamente recomendable", pues sigue una línea argumental donde hay de todo: problemas raciales tratados sin rencor, conflictos familiares y personales, cuestiones sociales, históricas y políticas de dos períodos históricos tan distantes, hasta tratar la actualidad en un estilo que calificó de "realismo limpio", pues no le hace falta regodearse en los aspectos negativos para tratar la realidad más cruda de la Habana contemporánea.
Por su parte, Bárbara Rivero consideró la novela como destacable por representar un momento particular en el discurso literario cubano actual, en el cual quebranta las normas de la composición y llega a un lenguaje conversacional hiperrealista, con un preciosismo extraordinario en la narrativa de los ambientes y la descripción de los personajes históricos.
Sus personajes son verdaderos y el autor logra combinar su lucha por la supervivencia con su confianza en la justicia, luchando contra el racismo y la desigualdad. Así logra un paralelismo en la historia, desde la actualidad hacia La Habana del siglo XIX y las obras del benefactor Obispo Espada."Ha querido revisitar el punto de partida de los ideales que dieron luz a la nacionalidad cubana", indicó, y en la lucha por una vida mejor se trata del "aquí y el ahora de nuestra Bendita Habana", concluyó.
Como parte de la entrega, Antonio Arroyo también presentó el documental que realizara en 2012 sobre Juan José Díaz de Espada, ordenado Obispo de La Habana en los primeros años del siglo XIX – entre 1802 y 1832– que vino a Cuba con afán de renovación, para tratar de llevar la ciudad a lo más moderno de la época.
De la mano de los destacados historiadores Eduardo Torres Cuevas, Eusebio Leal y el Monseñor Carlos Manuel de Céspedes se presenta la imagen de un prelado generoso, adorado por los jóvenes intelectuales de la época, que hizo valer su esfuerzo y su autoridad en función del beneficio de la ciudad.
Destacaron, entre sus más relevantes contribuciones, no solo que se hicieran los enterramientos en camposantos y la inauguración de los primeros cementerios —su legado más conocido, con el Cementerio de Espada—,  sino también la promoción a la investigación científica y el uso de las vacunas contra las viruelas —con el apoyo que le brindó al Dr. Tomás Romay—, el interés por el estudio de la música y de la filosofía —con el soporte brindado al presbítero Félix Varela—, la prédica sin piedad a favor de la supresión del comercio de esclavos, la invitación a pintores famosos del mundo para trabajar en los frescos de la ciudad y la incitación a la creación de una escuela de bellas artes e incluso la implementación de una primera reforma agraria, contra el latifundio y el acaparamiento de tierras.