lunes, 1 de febrero de 2010

Despatologizar la transexualidad


En la clausura del reciente 5to. Congreso Cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual, celebrado en La Habana, se presentó una Declaración de la Sociedad Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (SOCUMES) sobre la “despatologización” de la transexualidad. Un nombre muy complejo para algo muy claro: que no se considere más a la transexualidad como una enfermedad.

Pero, ¿por qué una declaración sobre la transexualidad? Porque, desde fecha tan cercana como 1979, los principales textos que regulan los protocolos de tratamiento y los procedimientos médicos internacionales consideraron a los transexuales como enfermos psiquiátricos, con “disforia” -o trastornos- en su identidad de género.

Esos textos son, fundamentalmente, el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM), que publica la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las mismas organizaciones y los mismos textos de los que fue retirada la homosexualidad como enfermedad mental en 1973, el primero, y el 17 de mayo de 1990, el segundo -que marca, este último, la conmemoración del Día Mundial contra la Homofobia.

Para nadie es un secreto que las personas transgéneros -incluyendo la transexualidad y las personas travestis- son mucho más vulnerables desde la infancia a la marginación, la discriminación y el estigma, por lo que considerarlos oficialmente como “enfermos” profundiza y perpetúa esta realidad, causando daños físicos y psicológicos irreversibles que en no pocas ocasiones pueden llegar al suicidio. Y está demostrado que ser transexual no es una opción ni una moda cosmética, sino una expresión de la identidad de género, una necesidad interior de estas personas a vivir con la identidad -masculina o femenina- a la que sienten pertenecer.

Y ¿por qué realizar en estos momentos esa declaración?

Para la comunidad científica cubana relacionada con la sexualidad este no es un tema nuevo y ha sido ampliamente debatido en los últimos años, sobre todo en la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales, con experiencia de trabajo en este campo desde 1979 cuando fue creada por Vilma Espín como Grupo de Trabajo sobre Transexualidad.

Sin embargo, en el año 2012 la APA deberá publicar la quinta versión de su manual DSM y actualmente existe una gran campaña internacional, sobre todo de agrupaciones transexuales europeas y diversas personalidades, para aprovechar ese momento y corregir tal injusticia. Vale la pena recordar entonces la legislación internacional en relación a los derechos sexuales, específicamente el artículo 18 de los Principios de Yogyakarta, que establece “que ningún tratamiento o consejería de índole médica o psicológica considere, explícita o implícitamente, la orientación sexual y la identidad de género como trastornos de la salud que han de ser tratados, curados o suprimidos”.

Los argumentos que se utilizan -fundamentalmente económicos y políticos- para mantenerla en la lista de enfermedades mentales pueden llegar a ser sorprendentes. Por ejemplo, en Estados Unidos se justifica como vía para seguir contando con los fondos de la cobertura de atención médica y de las políticas de seguro. Otro caso, en Chile, el Movimiento de Liberación Homosexual (MOVILH) anunció recientemente su respaldo a ello con el fin de lograr un “mejor entendimiento” sobre estos temas con el gobierno derechista, lo que provocó una fuerte reacción negativa de las organizaciones de transgéneros en ese país.

La Declaración de SOCUMES, por tanto, tiene una gran importancia para definir la posición cubana a favor de su “despatologización”, que se garantice el reconocimiento y respeto a los derechos de esas personas -mucho más allá de la mera atención médica y psicológica-, que se apliquen estrategias educativas a todos los niveles de enseñanza y hacia la población en general sobre este tema (entre ellos, los policías) y que se incluya de forma amplia en las políticas sociales del Estado y el gobierno su atención integral. Se menciona incluso que un paso significativo en ese sentido será aprobar el Decreto Ley sobre "Identidad de Género”, ya propuesto, en el que se incluye el cambio de identidad de esas personas independientemente de que sean objetos de la cirugía de reasignación sexual -mal llamada “operación de cambio de sexo”.

Una Declaración oportuna y necesaria para un grupo de población que, aunque minoritario, merece la atención de la sociedad y de las autoridades, en beneficio del respeto a sus derechos y a sus aspiraciones como seres humanos.

lunes, 18 de enero de 2010

¿Límites para el respeto?

Hablando con cualquier persona sobre diversidad sexual, incluso con aquellas más instruidas, es común escuchar frases como que “los homosexuales tienen que darse a respetar” o “los homosexuales tienen la culpa de que no los respeten, porque son irrespetuosos”. Sobre esa base, llena de prejuicios, algunos llegan a decir que respetan a alguien porque, aunque sea homosexual, “se ve hombre”… y cuando se refieren a lesbianas, travestis o transexuales encontramos expresiones similares, o aún peores.

¿Hasta dónde llegan los “límites” de ese respeto que deben darse los homosexuales para que sean “aceptados”? ¿Es justo que los flojitos, las fuertototas y las locas de carroza, por expresarse tal cual son, sean estigmatizados, discriminados y, en consecuencia, rechazados? ¿Es que se sólo se le reconocen derechos a aquellos que cumplan con los rígidos patrones preestablecidos para cada género?

La educación machista a la que nos enfrentamos, desde que somos pequeños, nos marca con fuertes patrones heterosexistas y roles de género que vamos reproduciendo día a día, incluso entre los propios homosexuales. Desafortunadamente, gran parte de esta educación denota una atención sobredimensionada a la apariencia y al qué dirán, sobre todo por el aquello de que “es mejor serlo y no parecerlo, que parecerlo y no serlo”.

En realidad, nos dejamos llevar por los prejuicios y no somos capaces de poner en práctica lo que se repite hasta el cansancio de que toda persona debe ser respetada en su integridad física y moral y apreciada de acuerdo a sus valores y al aporte que brinde a la sociedad. ¿Somos conscientes de educar a nuestros hijos para que en las escuelas no se burlen de aquel que luce “pajarito” o de aquella que le gusta jugar pelota y fajarse con los varones? ¿Hasta qué punto apreciamos los valores de nuestros colegas de oficina o vecinos, más allá de su apariencia externa, su manera de hablar o de vestir?

Es un comportamiento social que no puede ser cambiado por decreto, sino por convicción, en beneficio de la sociedad misma. Un proceso social que se necesita con urgencia para respetar a quienes, por cualquier razón, se escapan de los “modelos” que nosotros mismos nos hemos establecido. Porque no todo el mundo tiene la “dicha” de nacer cumpliendo estos parámetros de “normalidad” –clasificación detestable, por excluyente-, como mismo no todos nacemos bonitos, altos, con mucho pelo, delgados…

Sin embargo, esos “límites” también tienen una lectura a la inversa: de la misma forma en que la sociedad tiene que aprender a convivir con patrones más flexibles en el comportamiento de las personas, los homosexuales y transgéneros deben respetar aquellos patrones elementales de convivencia. Es conocido que los derechos de una persona terminan donde empieza el derecho de los demás y la mejor forma de educar en el respeto sobre uno es respetando el derecho de los otros.

No quiere esto decir que uno limite su forma de ser, sino a ser consecuente con una conducta ciudadana respetable. No se puede apoyar la actitud de un grupo de travestis que, en una guagua, anden vociferando sus conquistas y molestando a los pasajeros o a cuantos pasan por la calle. Pero, no porque esto suceda, es justo achacar ese tipo de comportamiento desagradable a todos los miembros de ese grupo humano, porque todos -absolutamente todos- somos diferentes.

Los comportamientos chabacanos, groseros y de mala educación no tienen nada que ver con la orientación sexual o la identidad de género y son tan reprochables en homosexuales como en heterosexuales, en hombres como en mujeres. La orientación sexual y la identidad de género no son atributos morales y, por tanto, no se pueden asociar a ellas un comportamiento social determinado.

¿Hasta dónde llegan los “límites” del respeto? Cada persona y cada ocasión tienen los suyos, en ambos sentidos, pero lo mejor será que nos eduquemos en convivir respetando y aprendiendo de nuestras diferencias.

martes, 25 de agosto de 2009

La Federación de todas

El pasado domingo 23 de agosto se cumplieron 49 años del momento en que, ante una concentración de mujeres en el teatro de la CTC de La Habana, se decidió unificar a todas las organizaciones femeninas de la Revolución en la Federación de Mujeres Cubanas, con la inolvidable guerrillera Vilma Espín Guillois al frente, como su líder indiscutible.

Mucho se ha hablado de los logros que ha tenido esta organización en las últimas décadas a favor de la incorporación plena de la mujer en la sociedad, en su lucha contra el machismo y en la superación de las féminas en todos los ámbitos. Sin embargo, es justo reconocer también que la FMC (y Vilma en particular) ha sido una de las organizaciones que más ha defendido la diversidad sexual y el respeto a la libre orientación sexual e identidad de género en nuestro país.

Fue precisamente la Federación de Mujeres Cubanas la que, en 1972, propusiera la creación del Grupo Nacional de Trabajo de Educación Sexual (GNTES), que en 1989 devino en el actualmente reconocido Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). A partir de ese momento, son ampliamente reconocidos los vínculos de trabajo existentes entre ambas organizaciones en el trabajo multidisciplinario e intersectorial que se desarrolla en estos temas.

La FMC también propuso la creación del Equipo de Trabajo Multidisciplinario para el Diagnóstico y Tratamiento a Personas Transexuales, en lo que después de 1979 se constituyó como la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales, bajo la coordinación del entonces GNTES. Luego de estudiar algunas experiencias para el tratamiento médico y legal de la transexualidad en países que se consideraban avanzados en la década del setenta, fueron elaboradas las recomendaciones al Ministerio de Salud Pública sobre los procedimientos de atención en este tema.

Desde entonces, esta Comisión ha avanzado en sus estudios y resultados de trabajo, que ha contado con la FMC como parte integral del proceso de aplicación de la actual Estrategia Integral para la Atención a Personas Transexuales, de conjunto con otras instituciones y organizaciones de masas del país. Varias de las transexuales femeninas han sido acogidas en la FMC y participan activamente en sus decisiones, en su proceso de integración social.

Como se conoce, en 1974 fue Vilma la que hizo la propuesta a la nueva Constitución para que se considerara el “matrimonio” como la unión legal entre “dos personas”, lo que hubiera sido entonces un paso muy revolucionario y una muestra clara en contra de la discriminación por orientación sexual.

Con posterioridad la FMC ha encabezado, junto al CENESEX, un proceso de examen y reelaboración del Código de Familia -aprobado en 1975- que incluye aspectos relacionados con la transexualidad, otras expresiones transgénero y la orientación sexual, con el fin de fortalecer la ética humanista de las relaciones familiares en la sociedad cubana. Entre ellos se incluye el reconocimiento a la unión legal entre personas del mismo sexo y el reconocimiento jurídico de la identidad sexual de las transexuales, a partir del momento en que se determinen como tal por la Comisión correspondiente.

La Federación también desarrolla un trabajo sistemático y profundo en la atención a los problemas de las mujeres lesbianas, como parte de su labor por la igualdad y a favor de la educación a la sociedad contra todo tipo de discriminaciones. Sonia Beretervide, Miembro del Secretariado Nacional de la FMC, señalaba el pasado 18 de junio durante el debate del Cine Club “Diferente” que la organización “no le pregunta a ninguna mujer su orientación sexual para acogerla en sus filas” y es destacable el trabajo conjunto que realizan con la red nacional OREMI, grupo de mujeres lesbianas adscrito al CENESEX.

Como parte de esta tradición –que es un legado de Vilma- la Federación de Mujeres Cubanas se ha incorporado también, junto a otras organizaciones e instituciones del país, a la Campaña por el Respeto a la Libre y Responsable Orientación Sexual e Identidad de Género y sus principales dirigentes han estado presentes en las Jornadas contra la Homofobia que se han organizado en los últimos años. Su participación es fundamental, para estar junto a este sector de la sociedad que puede verse doblemente marginado, a partir de su condición de mujer.

Vale la pena entonces reconocer también por estos días el papel de la FMC en esta batalla por el respeto a la orientación sexual y la identidad de género en nuestro país, para que continúe siendo la organización de todas las cubanas, sin distinción ni exclusiones por estos motivos.

sábado, 22 de agosto de 2009

Mirarnos a nosotros mismos

El pasado jueves 20 de agosto, en la habitual cita del cine club “Diferente”, el CENESEX y el ICAIC presentaron el documental realizado por Gerardo Chijona –con la participación de los camarógrafos Miguel Bolívar y Yasser Bustamante- sobre la Jornada Cubana contra la Homofobia del 2009. El cortometraje se exhibió como premier nacional, pues había sido presentado semanas atrás en Copenhague, Dinamarca, por la delegación cubana que participó en la Conferencia Internacional sobre Derechos Humanos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros (LBGT) durante los 2dos Outgames Mundiales 2009.

En algo más de 10 minutos el documental logra transmitir la contagiosa alegría y la participación popular que tuvo en varias de sus sedes principales en la capital la Jornada realizada el 16 de mayo pasado: desde la conga santiaguera, que bajó por la calle 23 para dar inicio a la Jornada, hasta la gala cultural con travestis y transformistas que se hizo en la noche. Sin embargo, uno de sus más valiosos aportes está en que, sin didactismos ni teques, se convierte en una lección contra la homofobia y, de esa forma, convierte a la Jornada en un acontecimiento vivo y permanente.

Los realizadores se meten de a lleno, y sin tapujos, en lo que piensa la gente en la calle sobre el tema: allí habla el que cree que los homosexuales se han convertido en “una plaga”, o que “el diablo los utiliza”, y también quien los defiende “…porque son seres humanos”.

A cada una de estas expresiones se les da respuesta con las intervenciones en la Jornada de expertos y otras personas, entre ellas las de Mariela Castro Espín, Directora del CENESEX, quien destacó el 17 de mayo como Día Internacional contra la Homofobia “para llamar la atención sobre esa realidad silenciada, desconocida, temida, mal interpretada, que conduce al odio, a la falta de respeto, a la falta de inclusión, a la falta de solidaridad, a la falta de amor entre las personas –por desconocimiento”. En ese sentido, insistió en la importancia de no repetir cosas de forma mecánica, “sino en descubrir cuál es el camino que tenemos que construir dentro de nuestro contexto, nuestra historia, nuestra cultura, nuestras aspiraciones, nuestro sentido de pertenencia, nuestra ideología, lo que más amamos”, para lograr una influencia real en nuestra sociedad en la lucha contra la homofobia.

El cine club “Diferente”, que desde la Jornada contra la Homofobia de 2008 se realiza los terceros jueves de cada mes en el cine 23 y 12, dio esta vez una excelente oportunidad de revisar el trabajo realizado… y es bueno hacer una parada en el camino para mirarnos a nosotros mismos. Aunque los retos son grandes y casi estamos comenzando, vale la pena observar –sin autocomplacencias- que no se ha hecho poco en este esfuerzo y toda la energía aportada por las numerosas personas de diferentes organizaciones e instituciones del país en esta campaña no ha sido en vano.

La obra de estos artistas ha dado sus resultados y han puesto a disposición pública sus derechos de reproducción, en espera de iniciativas. La labor educativa no debe conocer límites y nos corresponde a todos ejecutarla, desde nuestras posibilidades. Como señaló uno de los que participaron en el debate, esta acción no debe quedarse allí y el documental debe ser llevado a toda la población, a nuestras comunidades y, sobre todo, a nuestros jóvenes, que deberán conducir una sociedad cada vez más humana; a esos estudiantes de nuestros tecnológicos y universidades que aún discriminan a algunos de sus colegas por tener una orientación sexual diferente.

Es cierto que un video de 10 minutos no cambia todo… pero ayuda! Y, sin dudas en este caso, pondrá el pie forzado para un buen debate.

Enlaces para ver el documental

En CubaSi: www.cubasi.cu

En YouTube

Primera parte:


Segunda parte

sábado, 15 de agosto de 2009

X-Sexuales

Esa mala costumbre que tenemos los humanos de “clasificar” a las personas, de acuerdo a determinada característica o atributo, se está poniendo difícil a principios de este siglo al considerar las cuestiones sexuales. Es conocido que la sexología es una ciencia muy reciente en la historia y, aunque siempre han existido todo tipo de orientaciones y variantes en las preferencias y gustos, notamos cierto empeño en darle nombres (para no decir “etiquetas”, que suena menos simpático) a cada una de ellas… y algunos llegan a ser sorprendentes!

Todos más o menos conocemos las “clasificaciones” básicas que, de acuerdo a la orientación sexual, somos los Heterosexuales, Bisexuales y Homosexuales y, de acuerdo a la identidad de género, podemos ser Hombre, Mujer y Transgénero (Transexuales, Travestis y Transformistas). De estas grandes clasificaciones surge lo que en las últimas décadas se ha llamado la “comunidad LGBT”, que incluye a Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros, aunque también los Intersexuales se han esforzado para estar incluidos en este grupo, a tal punto que algunos hablan de la comunidad LGBTI. Para el que tenga dudas, se les llama Intersexuales a las personas que desarrollan biológicamente caracteres masculinos y femeninos, con un grado de ambigüedad variable.

Sin embargo, la naturaleza humana es más rica que esas rígidas clasificaciones y, cuando de expresar amor y sentir placer se trata, todo puede ocurrir. Así existen las personas con una orientación sexual caracterizada por la atracción estética, romántica o sexual por cualquier otra persona, independientemente de su sexo y género, a los que se les ha dado en llamar Pansexuales u Omnisexualidad. Mientras que la Bisexualidad implica atracción tanto por hombres como por mujeres, la Pansexualidad incluye la potencialidad de sentirse atraído por cualquier persona sin que importen las categorías hombre/mujer, masculino/femenino… por eso algunos Pansexuales afirman que para ellos el sexo y el género son conceptos vacíos de significado, o que no tienen importancia.

Por otro lado también están los Bicuriosos, un término referido a las personas que no se identifican como bisexuales ni homosexuales, pero sienten o muestran curiosidad por una relación o actividad sexual con alguien del mismo sexo. Otros nombres para este término son Homoflexible y Heteroflexible y puede también ser aplicado a la inversa, o sea, a personas que generalmente se identifican como homosexuales, pero sienten interés por una relación con alguien del sexo diferente.

Una categoría más conocida es la que se maneja como Metrosexual, que incluye a los hombres que les gusta vestirse con ropa a la moda, se arreglan las uñas (manicuras), cuidan su piel (faciales, tratamientos, etc.), usan cremas, se tiñen el pelo, etc. Es un hombre que no necesariamente debe ser adinerado, generalmente está urbanizado y puede ser heterosexual, homosexual o bisexual; lo que importa es que el individuo se "gusta" a sí mismo, cuida en extremo de sí mismo y no tiene miedo en hacerlo saber o en manifestarlo de forma evidente. A pesar de que este tipo de personas siempre han existido, ahora muchos hombres se sienten "liberados" de la imagen típica que ha caracterizado al varón por siglos y algunos se atreven a decir que esta persona coquetea con su parte femenina, sin miedo a exteriorizarlo.

Pero también tienen clasificación aquellos que son el típico “macho”, enchapado a la antigua y que rechaza todo tipo de “flojeras” en los hombres, y se les llama Retrosexual. Ellos se caracterizan por invertir la menor cantidad posible de tiempo, dinero y esfuerzo en cuidar su aspecto personal o en cualquier detalle que pueda afectar a su imagen… aunque algunos prefieran ese tipo de hombre “rudo” en sus fantasías sexuales.

Para complicar aún más las cosas, se ha usado con bastante frecuencia –sobre todo en los medios académicos-, los términos de Tercer Sexo y Tercer Género para describir a los individuos que tienen un estado intermedio entre hombres y mujeres, en el que se es ambos al mismo tiempo y no se es ninguno, con independencia de lo masculino y lo femenino. En algunas culturas, incluso, estas personas son veneradas como tercer sexo o género y, por ejemplo, el término se ha empleado para describir a los “hijras” de India y Pakistán, los “mahu” de la Polinesia, los “muxe” Zapotecas de México y las “vírgenes juradas” de los Balcanes, entre otros.

Ojalá y hayan podido entender todo este enredo de etiquetas –perdón, de categorías-, porque ya yo estoy un poco confundido… y eso que hemos hablado de las más conocidas hasta el momento. Al final, lo que se demuestra es que la sexualidad humana es muy rica y diversa y, aunque se pueda encajar en una clasificación hoy y en otra mañana, lo más importante es que se disfrute a plenitud y responsablemente la sexualidad que se tiene, la que se siente en el momento, sin importar ni hacer caso a otras creaciones humanas.