lunes, 21 de octubre de 2013

Dos estilos poéticos y un mismo compromiso

 
Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7446 y en http://www.cubapoesia.cult.cu/2013/10/dos-estilos-poeticos-y-un-mismo-compromiso/

Las Tardes de Poesía que organiza mensualmente la Asociación de Escritores en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC siempre nos reservan un momento para disfrutar de buena literatura contemporánea cubana. Alex Pausides, creador y organizador de este espacio, nos recuerda que en este año han pasado por allí poetas de la trascendencia de Nancy Morejón, Georgina Herrera, César López, Lina de Feria y otros.

El encuentro del pasado viernes 18 de octubre nos trajo una propuesta sugerente: los autores Iván Gerardo Campanioni y Alberto Marrero, dos poetas a quienes el mismo Alex valoró de “distintos en su estilo, pero con puntos de coincidencia en su fuerte compromiso con lo real y lo cotidiano” de nuestro país. Destacó que ambos “manejan con mucho dominio y sagacidad ese elemento tan maleable y vigoroso que es la palabra”.

Iván Gerardo Campanioni, la metáfora recorre otros caminos

“Hoy amanecí con ganas de aplaudir
y aplaudí por aquello
por esto y por lo otro (…)
Aplaudí tanto
que las manos no podía moverlas
de tantos aplausos que habían en la habitación
Abrí de par en par las ventanas
y los aplausos salieron volando
llenando el mundo de palmadas”
“Aplausos”

“A esta poseía se le ha reprochado su desatención de la metáfora. En efecto, mientras el texto lezamiano es una incesante progresión metafórica, esta poesía parece desdeñar ese tropo central, tan importante para algunos poetas vanguardistas. Lo interesante de los textos de Campanioni es que busca el efecto que podría producir la metáfora a través de otros caminos del lenguaje”. Así lo considera Guillermo Rodríguez Rivera en el prólogo al libro de Campanioni La Criatura (Editorial José Martí).

Al presentarle en la tertulia, Alex destacó que el autor estuvo “desaparecido de las librerías y las lecturas” hasta la aparición del referido libro en 2009, donde demostró ser un poeta de “enorme eficacia” con textos que “ha ido encumbrando hacia el exceso de palabras”, para convertirla en una “poesía realmente esencial”.

Y así lo demostró al leer poemas como “Máscara y Careta”, “La virgen decapitada de la Calzada de Carlos III”, “Ilusiones”, “La década prodigiosa” y muchos otros, que denotaron un lenguaje directo, crítico, con fino humorismo y descarnada ironía, áspero en ocasiones, dejando al desnudo las crudezas de la realidad cotidiana, las verdades y las mentiras humanas, las dobleces, los silencios.

Recordó también sus inicios por los años 60, desde la Brigada Hermanos Saíz –precursora de la AHS–, cuando tuvo la oportunidad de compartir con grandes de la literatura cubana en ese mismo lugar que ahora ocupa la sala Villena y entonces era una librería que dirigía Rodríguez Feo. Sobre su “desaparición” de los espacios literarios, refirió que no se amilanó y siguió escribiendo, de cuyo proceso surgió su poema “Ave Fénix”.

Iván Gerardo Campanioni (San Cristóbal, Pinar del Río, 1942) Fundador de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, la UJC y la Brigada Hermanos Saiz. Poeta firmante del manifiesto Nos pronunciamos, publicado en la primera salida de El Caimán Barbudo en 1963, sus poemas aparecieron en el volumen Cinco jóvenes poetas publicado por la UNEAC en 1965. Trabajó en el periódico Hoy, del Partido Socialista Popular, y en el diario Granma, del PCC. Sus poemas han sido publicados en las revistas Unión, Casa de las Américas, El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, entre otras. En 2006 fue distinguido en el Concurso Regino Pedroso de la CTC.

Alberto Marrero, la metafísica de lo cotidiano

“Un día me percaté que estaba solo.
Debió ocurrir a principios de los setenta
cuando mi madre anunció que no habría
arroz por largo tiempo
y yo descubría que Homero era ciego y memorioso,
Poe impotente y Nietzsche sifilítico,
y entonces comencé a usar ropa reciclada
que poco a poco iba heredando de mi padre.”
“Un día”

Más visible en la vida literaria, Alberto Marrero cautivó a los presentes con la lectura de varios de sus poemas como “Bote Rojo”, “Promontorio”, “Lo perdido”, “Un día”, “Tiempo cero de Italo Calvino”, entre otros. Poema tras poema dejó ver un acercamiento más intimista como testigo de la realidad circundante, con mayores regodeos y motivos recurrentes de la historia y la cultura universal, con la confesión de que a veces se trata de “buscar la metafísica de lo cotidiano”.

Al presentarle, Alex Pausides destacó la forma en que Marrero asume los temas de la contemporaneidad, que incluye la política, el peligro, las guerras, la supervivencia, las complejidades de la más cercana realidad cubana, que “merecerían una atención mucho más pronunciada de la crítica nacional, como elemento activo en la formación del gusto literario” de la población.

Alberto Marrero Fernández (La Habana, 1956) es poeta y narrador. Publicó su primer poemario en 1986 con el título Inclinación de la balanza. Desde entonces ha publicado varios libros y ganado numerosos reconocimientos, entre ellos: Mención en el concurso Julián del Casal –de la UNEAC– en 1991 con La salvación y el eclipse y Premio de poesía en el mismo concurso de 2009 con El límite del tiempo abolido, el Primer Premio del concurso de poesía Regino Pedroso de 2001, el Premio Nacional de Narrativa Hermanos Loynaz de 2003 con su libro Último viento de marzo, el Premio de cuento del concurso Luis Rogelio Nogueras –del Centro del Libro y la Literatura de La Habana– de 2004 con Los ahogados del Tiber y Premio de cuento de La Gaceta de Cuba de 2009.

Una Fe valiosa, polémica y necesaria


Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7448

Un justo homenaje a la vida y la obra de la historiadora Fe Iglesias García se realizó en la tarde del pasado jueves 17 de octubre en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC, durante la tradicional tertulia que organiza la Sección de Historia de la Asociación de Escritores.

Fe Iglesias, quien no pudo asistir por su delicado estado de salud, fue recordada por sus colegas del Instituto de Historia y amigos presentes como “investigadora muy seria y prolífera”, “polémica y simpática”, “combativa y convencida de lo que hacía”… igual que “gran amiga”, “preocupada por enseñar a los demás” y “excelente cocinera”.

Al presentar el homenaje, Ricardo Quiza destacó su trabajo como cimiente y fomento de la historia de la economía en Cuba, continuadora de la tradición iniciada por Moreno Fraginals, con una experiencia que ha legado a historiadores que en la actualidad ya son investigadores consagrados.

Sonia Muro, amiga y compañera desde la adolescencia, prefirió presentar un recuento de los “aspectos personales menos conocidos”, al hacer un recorrido desde su nacimiento –en el Guayacanes de Ciego de Ávila, en 1940, a pesar de que siempre habló más de Morón, donde creció– hasta sus estudios en la Universidad de La Habana y en la República Democrática Alemana: en Leipzig y en la Universidad Martín Lutero de Halle. “Fe siempre fue polémica, fuerte, valiosa, dedicada a sus investigaciones y admirada por todos”, dijo.

Para Enrique López Mesa, editar sus obras era “un placer y un sufrimiento a la vez: placer por el aprendizaje que emanaban de sus escritos, sufrimiento por la bibliografía alemana que usaba asiduamente”. Sin embargo, recordó como uno de los más gratificantes momentos de su carrera haber viabilizado el primer artículo de Fe en 1975 y haber sido testigo de un encuentro singular: cuando este escrito cautivó a Juan Pérez de la Riva, quien entonces dirigía la Revista de la Biblioteca Nacional y quedó tan sorprendido de esta “autora cubana desconocida” que les llamó a ambos a su despacho donde tuvieron una amena y edificante conversación.

Destacó la publicación de libros personales que son imprescindibles para la historiografía cubana, como Del ingenio al central –que le valió el Premio de la Crítica Científico-Técnica de 1999– y Economía del fin de siglo, además de su colaboración en ocho valiosas obras colectivas, que han sido publicadas en Cuba y en el exterior.

Mercedes García, admiradora y seguidora de la obra de Fe, indicó haberse enamorado de su trabajo en el Archivo Nacional, que consideraba un lugar fundamental porque –decía– “hay que buscar lo nuevo para aportar en las investigaciones”. Consideró a Fe como la iniciadora en la historiografía cubana en el uso de anotadurías y protocolos notariales, que le sirvieron de gran ayuda para las trascendentales investigaciones que realizó.

Recordó que, junto con la también historiadora Gloria García, le gustaba resolver los problemas más álgidos en debates entre ellas y en su mente, donde guardaba muchas tesis e informaciones. “Pero –indicó– la vida le jugó una mala pasada” y lamentablemente se le quedaron muchas cosas por escribir que no podrán conocerse, como consecuencia de su enfermedad –además de su retiro prematuro y “obligado”, según expresaron colegas presentes.

Coincidió con quienes la calificaron de “polémica”, porque le gustaba decir la verdad y mostrar sus evidencias, como el debate que sostuvo sobre la “tea incendiaria” –arma de combate utilizada por el Ejército Mambí y el español durante las guerras de independencia– que provocó el debilitamiento de la economía azucarera. Fue muy difícil para ella defender una tesis que criticaba al Ejército Libertador, pero la ganó con perseverancia y argumentos. Entonces, sentenció, “era polémica, pero necesaria”.

Por su parte, Jorge Ibarra calificó a Fe de “pichona de gallega”, por ser “muy combativa”, con quien siempre discutía y “nunca dio su brazo a torcer”. Expresó su agradecimiento a esos debates, que le sirvieron para aprender mucho de ella, pues tenían una gran significación en la historia nacional, citando como ejemplo: la continuidad o la ruptura que representaron las acciones de 1868 en Cuba, si fueron el camino a una nueva sociedad o si existían elementos de seguimiento; la importancia que jugó la pequeña propiedad en la economía cubana de los siglos XVIII y XIX, frente a la plantación y la hacienda ganadera; la trascendencia del modo de producción en la sociedad criolla, entre otros.

Destacó sus estudios de Marx y Engels en su idioma original, lo que le ampliaba su capacidad de análisis —tanto en cantidad de obras a leer como en su profundidad— e insistió en su agudeza en la polémica: “lo discutía todo hasta sus últimas consecuencias, había que retroceder en el campo de batalla o morir con ella, porque cuando entraba convencida a un debate no se retiraba ni daba marcha atrás", insistió.

La sala llena de público dio muestra del cariño y la admiración que ha sembrado esta Fe valiosa y necesaria durante su fructífera vida, porque —como reafirmara Ricardo Quiza al terminar el homenaje— “siempre estuvo dispuesta a luchar y a poner en alto el nombre de la historiografía cubana". Estas son razones que convencen para un merecido homenaje.

viernes, 18 de octubre de 2013

Un premio dominicano con sabor a Cuba


El Premio de Novela Las Américas, otorgado por la Casa de Teatro de Santo Domingo –con el auspicio de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña y la Fundación Fondo Solidario para Educación y Cultura–, fue entregado en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC en la tarde del jueves 17 de octubre al escritor pinareño Andrés Rodolfo Duarte Zayas por su novela Bodegón con Manuela, la cofradía y la muerte.

Al introducir la presentación, el poeta Alex Pausides resaltó el encuentro como un momento de dos privilegios: celebrar una vida dedicada a la escritura por el ganador del premio, excelente ejemplo de promoción internacional de la literatura cubana, y reconocer una institución que desde la República Dominicana ha sido fiel amante de la cultura cubana.

Con su coloquial sentido del humor, el Director de la Casa de Teatro y reconocido escritor dominicano Freddy Ginebra demostró con entusiasmo su alegría por el premio otorgado al escritor pinareño, pues “venir a Cuba es una fiesta, por el amor tan grande que les tengo”.

Resaltó que su institución cultural, próxima a cumplir los 40 años, ha pretendido consolidarse como una oportunidad para “jóvenes promesas que necesitan una ventana”. Confesó que, a pesar de las dificultades que ha debido enfrentar para mantener vivo este proyecto por tanto tiempo –que calificó de “casarse con el desafío”–, está feliz por haber logrado de ella “una inspiración para escritores de la República Dominicana y del mundo”.

El coordinador del Premio, Alejandro Aguilar, quien es escritor y profesor de la Universidad Nacional, transmitió el saludo y la satisfacción del rector de esa casa de altos estudios, Miguel Fiallo Calderón, por copatrocinar el evento y entregar el galardón a un escritor cubano.

Calificó la obra premiada de audaz, que “fluye y se lee con mucho placer”, pues se inserta en la picaresca del siglo XVII español y va “de lo histórico a lo burlesco”, con personajes ficticios y reales, incluyendo al mismísimo Miguel de Cervantes y Saavedra.

Resaltó además que el autor demuestra gran dominio de los códigos de la época, en una trama ambientada en la ciudad andaluza de Córdoba en el año 1608: diálogos, vestuarios y costumbres “que parece como si hubiera vivido en esos años”. Sin embargo, los recrea con vientos frescos, que permitieron al jurado dictaminar que “contribuye a revitalizar un estilo clásico con aires de posmodernidad”. Todo ello le valió el premio, otorgado por el voto unánime de los escritores Manuel Salvador Gautier, Andrés L. Mateo y Antonio Deive.

Por su parte, Andrés Rodolfo Duarte Zayas agradeció con reflexión poética el premio recibido: “Hubo un amanecer en el cual decidimos sentarnos a contar historias, entretejer otros destinos a fuerza de prestedigitación y paciencia en la búsqueda de respuestas a las quemantes preguntas permanentes y eternas que nos lanza el desafío de la condición humana: contando historias estoy y aún pretendo seguir en esta ruta”.

Orgulloso pinareño, rindió homenaje en sus palabras a dos destacados escritores de su tierra: Heberto Padilla –a quien calificó como gran poeta, polémico y controversial– y Nelson Simón –quien recientemente obtuvo el Premio de la Crítica. “De allí venimos los tres, por obra y gracia del azar concurrente, un asuntillo manejado por el capricho de los dioses”, dijo.

Al finalizar, resaltó que esta novela “pretende ser una parábola acerca de la bondad y la obstinación humana en medio de un escenario ensombrecido por el terror. Ustedes como lectores tendrán la última palabra.”

Duarte Zayas es poeta, narrador y guionista radial. Nació en Puerta de Golpe, que pertenece al municipio pinareño de Consolación del Sur y del cual ha dicho: “es un lugar idílico, tranquilo, bucólico, dormido, en mi opinión es el sitio ideal para un escritor”.

Ha escrito tres novelas y cuatro poemarios –hasta ahora inéditos– y en los últimos meses su reconocimiento como escritor se ha visto distinguido al ganar el pasado mes de diciembre el prestigioso premio Alejo Carpentier en narrativa con su obra La dama del lunar.

viernes, 11 de octubre de 2013

La literatura como tribuna en el diálogo imprescindible de nuestra sociedad



La presentación del libro de Carlos L. Zamora En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido, en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC la tarde del miércoles 9 de octubre, se develó como una muestra más del compromiso del arte con la sociedad en que se desarrolla.

Así lo indicó el autor al decir que su tribuna es la literatura y, desde allí, es donde mejor se expresa para “participar en el diálogo imprescindible que vive nuestra sociedad”, consciente de que “con este diálogo profundo y reflexivo es de la forma en que podemos hacer avanzar el país”.

Su pretensión con el libro, que alcanzara en 2011 el Premio Guillermo Vidal UNEAC de Las Tunas, fue establecer “un período de cambios y de novedad en las relaciones interpersonales, un cambio que existe y necesita perpetuarse para ser revolucionario”. Confesó que, aunque el libro surgió hace años, esas pretensiones se mantienen e indicó el compromiso que ha representado ganar con este libro el Premio que lleva el nombre de un escritor que fue su mentor, su profesor y su amigo.

Al presentar la obra el poeta, narrador y ensayista Jesús David Curbelo, Director del Centro Dulce María Loynaz, la calificó de una “sutil novela política con inteligencia” y confesó que, al referirse a ella, no podía sustraerse de su trama: dos amigos de infancia que se separan cuando uno decide quedarse en un viaje de trabajo a España y, libre de las ataduras del pasado, decide asumir su homosexualidad. Años después, durante el reencuentro, hacen una profunda reflexión de sus vidas donde surgen inevitablemente “esos prejuicios que subsisten en nuestra sociedad desde los tiempos de la colonia, la República y los años de la Revolución” y “las raíces brutalmente machistas” que los soportan.

Aunque existen libros que han tratado el tema, Curbelo destacó que la particularidad de este ha sido manejar el tema de la homofobia desde un ángulo inusitado: la amistad, el debate ideológico y el “pastoreo” de la cantidad de prejuicios que nos acompañan.

Además, resaltó el manejo del tema con una pulcritud de estilo y una limpieza del lenguaje; una trama que presenta un intenso debate político, en el que predomina la amistad, y donde no se guarda rencor político, a pesar de que el personaje ha visto su vida detenida por culpa de los prejuicios sociales. Un mérito especial del libro es que el tratamiento del tema no es una pirotecnia literaria, pues queda claro como enseñanza que “lo importante no es la tolerancia, sino el respeto a la diferencia”, indicó.

Carlos L. Zamora Rodríguez (Matanzas, 1962) es poeta y narrador, graduado de Filología en la Universidad Central de Las Villas (1985) y miembro activo de la Asociación de Escritores de la UNEAC. Ha sido jefe de redacción de la revista digital Librínsula, que edita la Biblioteca Nacional José Martí y participó en la gestación de las Ediciones Vigía, de Matanzas, y de las Ediciones Bachiller. Fue director de la Biblioteca Provincial de Las Tunas, presidente de la AHS y de la Biblioteca Municipal en Puerto Padre y jefe del Grupo Nacional del Programa de la Lectura.

Ha publicado, entre otros, Estación de sombras (Sanlope, 2001), que fuera Mención en el Concurso Internacional de Poesía Nicolás Guillén –convocado en México en 1999–, la antología El amor como un himno. Poemas cubanos a José Martí (Centro de Estudios Martianos, 2008) y el poemario Cada día la eternidad (Unión, 2011). Ha recibido el Premio del Concurso Cuentos de Amor (2000) y el Premio Décima Joven de Cuba (1996).

jueves, 3 de octubre de 2013

Liberalismo y neoliberalismo: ¿continuidad o divergencia política?

(Ponencia presentada en el Taller Integrador de la Maestría en Ciencia Política, Universidad de La Habana, 2 de octubre de 2013)

Los conceptos de Liberalismo y Neoliberalismo –como expresiones de complejas doctrinas económicas, filosóficas, sociológicas y políticas– pudieran indicar desde el punto de vista etimológico una continuidad en el pensamiento o, cuando menos, la existencia de una base teórica común que le da cuerpo a ambas corrientes.

Sin embargo, Enrique Ghersi –académico peruano miembro de la Sociedad Mont Pelerin, aquella que dio basamento al Neoliberalismo desde 1947 de la mano del austríaco Premio Nobel de Economía Friedich Von Hayek– se quejaba en su ensayo El mito del neoliberalismo[i] de lo común de la frase en nuestros días de que «ningún liberal que se precie de tal ha reconocido como suyo el término “neoliberal”».

Es preciso situar los procesos de esta naturaleza en su contexto histórico. Es bien conocido el papel que jugó el Liberalismo en la promoción de la burguesía y el capitalismo, en contraposición al absolutismo. La Ilustración, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial surgieron de los ideales de libertad que, preconizados por John Locke –a quien se reconoce como padre de esta corriente política–, sirvieron de base para el surgimiento de estructuras económicas y políticas que ponderaban el desarrollo de la libertad personal individual como forma de conseguir el progreso de la sociedad.

La igualdad jurídica de todos los ciudadanos ante la ley, la soberanía nacional por la cual el poder reside en el pueblo –y no en el monarca–, la división de poderes teorizada por Montesquieu, el ejercicio democrático del sufragio universal, el control de la gestión pública a través de la libertad de prensa y opinión y el ordenamiento del régimen político mediante una Ley Fundamental o Constitución –que encarnase la soberanía nacional– constituyeron postulados de gran transcendencia para el desarrollo económico, social y político de las naciones, los cuales aún hoy –más de dos siglos después– conservan una vigencia extraordinaria.

El Liberalismo es entendido como la doctrina que elimina la intervención del Estado en la práctica de los derechos fundamentales del individuo. En principio, las restricciones del Estado se consideraban una traba para este desarrollo individual y, por ende, se propuso la organización de un Estado de Derecho, con poderes limitados, que idealmente tendría que reducir las funciones del gobierno a seguridad, justicia y obras públicas. Pero la mayoría de los liberales consideran, como importante rol del Estado, la garantía de un marco normativo adecuado, de modo que la libertad de acción de unos individuos no afecte los derechos de los demás.

No existe ninguna corriente política absolutamente aislada, sin influencia del abundante y diverso pensamiento previo y circundante. En teoría, el Neoliberalismo suele defender algunos conceptos filosóficos del Liberalismo clásico, sobre todo al basarse en los principios del funcionamiento del mercado sobre la base del ejercicio de la plena libertad de los individuos para producir, vender y comprar cualquier producto, ser competitivos y hacer valer su derecho a desarrollar su plena individualidad.

 
Sin embargo, el propio Ludwig Von Mises –uno de los originales precursores del Neoliberalismo y participante de la primera reunión de la mencionada Sociedad Mont Pelerin– decía ya desde 1922, en su obra Socialismo que: «los viejos principios liberales se deben someter a una exhaustiva revisión. En los últimos cien años la ciencia se ha transformado, y las bases sociológicas y económicas generales de la doctrina liberal tienen que ser hoy replanteadas.»[ii]

De hecho, el auge del Neoliberalismo a partir de la crisis de 1973 constituyó una respuesta al fracaso del Keynesianismo, como una vehemente reacción teórica contra el intervencionismo de Estado, la economía mixta y el Estado de bienestar social.

Al considerar perjudicial las políticas sociales redistributivas del Estado –porque, según ellos, merman las capacidades de ahorro de las clases adineradas y disminuyen así la inversión y la creación de empleos–, el pensamiento neoliberal presupone una transformación radical al modelo de desarrollo y estructura histórica que prevaleció en el mundo tras la Segunda Guerra Mundial.

De esta forma, se propagaron las reformas del Estado que dieron lugar al Minarquismo –o sea, reconfigurar el gobierno a lo mínimo necesario–, la privatización de las empresas públicas, la disminución o eliminación de políticas sociales (especialmente en salud y educación) y la privatización de ellas –incluyendo la seguridad social–, la liberalización del comercio y la inversión extranjera, el aumento de la necesaria “reserva laboral” –en lugar de un término más claro: desempleo–, la represión y disminución al mínimo de las actividades sindicales, las reformas fiscales que garantizan la disminución de los impuestos a los empresarios de mayor éxito y la imposición de disciplinas fiscales que garanticen que lo poco que gaste el Estado lo gaste bien.

Estas políticas fueron impuestas, a sangre y fuego, en el Norte desarrollado por los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Para su extensión contaron con el inapreciable apoyo de sus maquinarias teóricas –tanques pensantes como el británico Institute of Economic Affairs y la norteamericana Heritage Foundation– y, fundamentalmente, de las estructuras de poder económico internacional resultantes del reordenamiento después de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

El trabajo de la Escuela de Chicago, el llamado Consenso de Washington, de John Williamson, y del Foro Económico Mundial de Davos consolidó la expansión de esta corriente, que se constituyó en el medio ideal para abrir el mercado de las economías del Sur a la explotación de las compañías del mundo desarrollado y sirvieron como complemento ideológico a la Globalización, a tal punto de identificar ese término con el Neoliberalismo –cuando se trata de un proceso tan antiguo como la colonización.

De acuerdo a la valoración del historiador Perry Anderson –académico de la Universidad de California y participante, en 1999, de la reunión alternativa El otro Davos. Globalización de la resistencia y de las luchas–, este proceso fue fundamental en la consolidación del poder de una nueva derecha en Europa y Norteamérica que, aunque perdiendo terreno en los últimos años, aún impone su ideología en el mundo.

El propio Anderson indica que «dentro del abanico de las corrientes procapitalistas de postguerra, la escuela neoliberal siempre ha integrado como elemento central un virulento anticomunismo. El nuevo combate contra el ‘imperio del mal’ –la más completa esclavitud humana, a los ojos de von Hayek– refuerza inevitablemente el poder de atracción del neoliberalismo en tanto que corriente política.»[iii]

De acuerdo a lo que hemos visto hasta aquí, se pueden apreciar claras divergencias entre ambas corrientes. Por un lado, la libertad, la igualdad y la fraternidad fueron los principios preconizados por las llamadas Revoluciones Liberales que sirvieron de base a la creación del Estado burgués, en contraposición al modelo precedente. Por el otro, el Neoliberalismo propone una revalorización de estas ideas y enarbola una libertad individual que potencia una relación de poder privilegiada para los grupos hegemónicos –burgueses–, que sobrepasa los niveles nacionales y los proyecta hacia sus intereses globales.

Lo que distingue al Neoliberalismo es un rasgo eminentemente político, pues en el Estado neoliberal la institucionalidad pública pasa a cumplir un papel utilitario para la expansión de los grupos económicos poderosos –la burguesía monopolista y las oligarquías financieras. De acuerdo al análisis del académico chileno Dr. Fernando Muñoz, «lo propiamente neoliberal es la actividad de reformar el aparato estatal y regulatorio para favorecer dicha expansión.»[iv]

En este sentido, entonces, se puede apreciar una continuidad en el objetivo político: en función del predominio y la expansión de la burguesía, por métodos actualizados al poder oligopólico.

Aunque pueda interpretarse como una consecuencia lógica del desarrollo del capitalismo –especialmente en su fase superior, el Imperialismo–, sus teóricos tuvieron que encontrar otra corriente política para potenciarlo, en lo que ellos mismos han denominado «replantear» sus bases Liberales para lograr sus objetivos.
 


Notas:
[i] Ponencia presentada por Enrique Ghersi en la Reunión Regional de la Sociedad Mont Pelerin, que se realizó en Chattanooga entre el 18 y el 22 de septiembre de 2003. Revista Estudios Públicos, 95 (invierno 2004), pp. 293-313
[ii] Ob. citada, p. 296
[iii] Ponencia presentada por Perry Anderson en la reunión alternativa de 1999 El otro Davos. Globalización de la resistencia y de las luchas, con el título Historia y lecciones del Neoliberalismo. En: http://www.deslinde.org.co/IMG/pdf/Historia_y_lecciones_del_neoliberalismo-_Por_Perry_Anderson.pdf
[iv] Muñoz, F. (30.06.2013) Chile: la constitución neoliberal, revisado el 3 de septiembre de 2013 en:  http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=6101