miércoles, 9 de febrero de 2011

“Glee”, una lección de respeto a la diversidad humana

Nuevamente la televisión cubana nos sorprende con la transmisión de una serie estadounidense en la que se trata, abiertamente y con mensajes claros, el respeto a la diversidad, incluyendo la diversidad sexual. Ya habíamos comentado la transmisión de “6 pies bajo tierra” hace algunos meses, pero esta vez la teleserie “El coro” (Glee, por su nombre comercial en inglés, comedia musical de Ryan Murphy que ganó el Globo de Oro en 2009-2010) nos llega un día y a una hora privilegiada, cuando todo el mundo puede verla: los sábados a las 5:45 de la tarde, por Cubavisión.

En el preuniversitario McKinley, el profesor de español Will (que no por casualidad significa “voluntad”, en inglés), se arma de entusiasmo para organizar el coro de la escuela y tratar de convertirlo en el exitazo que había sido en épocas pasadas. A su convocatoria se suma el pequeño grupo de los estudiantes menos populares, en un atrevido juego con la dicotomía “ganadores vs. perdedores” (winners vs. loosers), que para la cultura estadounidense tiene una tremenda implicación en eso tan importante de alcanzar la aceptación social.

Lo más interesante es que a este equipo de supuestos “perdedores” van a parar quienes pudieran calificarse de “diferentes”, como consecuencia de la estricta normatividad social: el homosexual de amaneramientos más refinados, con los gustos más estereotipados; la estudiosa antipática, hija de padres gays, con una visión del mundo muy desenfadada; el impedido físico, que se enfrenta en su silla de ruedas a las barreras de la vida –no sólo arquitectónicas-; la negra gorda que, con su voz maravillosa, defiende una cultura casi marginal en una escuela de rubios y rubias; la china tartamuda, quien con su canto trata de despojarse de su incontrolable timidez…

Pero lo mejor de la serie es que estos “perdedores” demuestran, día tras día, que tienen mucha riqueza humana que mostrar y que, saliendo de los estereotipos y la “normatividad” social, hay mucha belleza y compañerismo que aprender de ellos. Soportando el bochornoso embarre público de refresco de frambuesa, castigo devenido en hábito de los “ganadores” de la escuela contra los “perdedores”, demuestran también que la homofobia, el racismo, la xenofobia, la discriminación por obesidad, y por cualquier otra característica o comportamiento que se salga de lo “normal” o “aceptado”, son males que tienen la misma raíz: la insensibilidad y el desprecio sobre la base de prejuicios.

Llama la atención el tratamiento que la serie le da al caso de Kurt, un gay abrumadoramente afeminado, quien divinamente exhibe sus modas más extravagantes y llega incluso a registrar acordes de soprano en el canto. Con su “molesta” apariencia (para aquellos más homofóbicos), enfrenta con orgullo su forma de ser y desafía al mundo con sus dotes y virtudes, ampliamente demostradas, incluso en el duro juego de fútbol rugby. Su padre, un mecánico aparentemente bruto, nos brinda una Clase Maestra de sensibilidad y humanismo, al defender a su hijo frente a cualquier intento de discriminación por su apariencia física, por sus modales y por su orientación sexual.

Por todas estas enseñanzas, que llegan al televidente de forma refrescante, amena y que tanto bien le hacen ser expuestas a la sociedad, bienvenida sea “Glee” en las pantallas cubanas. Aunque es una pena que tenga que ser una serie extranjera –estadounidense por demás- la que traiga mensajes tan claros y potentes en materia de respeto a la diversidad… ¿cuánto más tendremos que seguir esperando por los mensajes de este tipo, pero “Hecho en Cuba”?

sábado, 22 de enero de 2011

No hay peor ciego…

Desde hace algunos días, está circulando por emails una supuesta respuesta de un televidente que discrepa del programa presentado por Reinaldo Taladrid “Pasaje a lo desconocido” con el documental “Tabú”, sobre diversidad sexual, con la participación de la Directora del CENESEX, Mariela Castro Espín.
En su mensaje, pensemos que por ignorancia, se repiten argumentos homofóbicos –manidos por algunos círculos religiosos y escuchados en otros contextos- y manipula elementos ajenos al tema, todo con un claro objetivo de confundir y desacreditar el trabajo que se realiza en contra de la homofobia en el país. Mayoritariamente, sus razonamientos se expresan de forma crispada y absoluta, como para no permitir el más mínimo resquicio a las dominantes posiciones machistas, muy lejos del necesario debate sobre el tema en nuestra sociedad.
Y digo “necesario debate” con toda intención pues, precisamente haber excluido hasta hace poco a “lesbianas y homosexuales” del “ajiaco cultural” cubano, mucho daño que ha provocado al sentido plural de la nación. Desafortunadamente, en muchas ocasiones nuestras familias también se han visto divididas o han sido víctimas del maltrato (físico y psicológico), por no plantearnos con valentía y honestidad este tema.
Sin embargo, hay algunos elementos del referido mensaje que valen la pena analizar:
1. La Campaña por el Respeto a la Libre y Responsable Orientación Sexual e Identidad de Género, que con no pocas resistencias ha liderado el CENESEX en los últimos años en la sociedad cubana, se dirige –como su nombre lo indica- al RESPETO de la diversidad sexual. Ello implica que las personas sean plenamente libres a expresar su sexualidad, a derrumbar tabúes y prejuicios, a ser más felices. Es absurdo pensar que lo que se pretenda sea “enseñar” a las personas a ser homosexuales porque, en primer lugar, eso no se enseña. (A propósito, no conozco los fondos con que cuenta el CENESEX para su trabajo, pero dudo mucho que sean millones de dólares)
2. Es fácil desde las gradas criticar la dedicación del Ministerio de Salud Pública para solucionar el sufrimiento de las personas transexuales, que desde edades tempranas tienen que soportar la peor discriminación, la exclusión y el rechazo de su entorno social. El sufrimiento de las personas no tiene precio, tenga el origen que tenga; y, en estos casos, la sociedad tiene una enorme responsabilidad, por lo que no debe escatimar esfuerzos para solucionarlo.
3. Tengo la confianza de que la Revolución cubana seguirá siendo fiel al principio humanista que la caracterizó desde sus inicios. Esto incluye las garantías del disfrute de todos los derechos de sus ciudadanos, sin discriminación por orientación sexual o por identidad de género; como mismo defendió, en su momento, el derecho de las mujeres y la lucha contra la discriminación racial, sin pedirle permiso a nadie.
Releyendo los argumentos utilizados en el mensaje que se ha circulado, por momentos parece que esa persona no vio el programa o, cuando menos, le prestó muy poca atención. Todas sus preocupaciones fueron tratadas muy claramente en el programa. Taladrid, como nos tiene acostumbrados, hizo preguntas certeras y agudas sobre las inquietudes más comunes de aquellas personas que aún son cautivos de sus propios prejuicios; y Mariela Castro explicó en detalles, de forma diáfana y sencilla –como la pedagoga que es-, todas las aristas del tema.
Una vez más se cumple el dicho de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Para el que no ha recibido el mensaje que da origen a esta nota, aquí se los reproduzco, tal y como lo recibí en mi buzón:
Reinaldo Taladrid: Esperé a ver la segunda parte del documental Tabú para hacer, por esta vía, algunos comentarios del programa y el tema.
Primero:
No era el acostumbrado periodista, hacedor de preguntas difíciles, agresivo, capaz de poner en situaciones difíciles al “especialista del tema”, que interrumpe cuando no le contestan lo que él quiere, que insiste en preguntas polémicas, no, esta vez Pasaje tenia a un noble “conductor”, con un rostro tímido y diferente, más bien complaciente, asustadizo, con preguntas evidentemente conciliadas con su “oponente”. No debiste hacer ese programa pues como yo, muchos cubanos perdimos un poco de confianza en ti.
Segundo:
Lo que más me desagrada del tema es el empeño del CENESEX y de Mariela Castro Espín de hacer del este una tormenta en un vaso de agua. En Cuba no hay manifestaciones de homofobia. El cubano tolera a los homosexuales y transexuales. Solo irrita el comportamiento grosero de muchos de estos individuos, al igual que al delincuente y antisocial común, cuando no sabe comportarse y cumplir las normas elementales de conducta social. (Si fuera de otra manera los hospitales de nuestro país hoy no pudieran funcionar).
Tercero:
Mariela Castro, usted querido periodista y yo nacimos en Cuba y no en Europa. Fastidia mucho las contantes comparaciones al tratar el tema de la “libertad de género”, entre Cuba y las tendencias actuales en los países de la “vieja y culta Europa”. Cuba es rumba, tabaco y ron, es el gran ajiaco cultural que nunca fue sazonado con lesbianas y homosexuales. Ni antes del 59 ni después nos dijeron que “eso era bueno” o que “era normal”. ¿ Cómo empeñarse en un cambio tan brusco en la manera de pensar, en la idiosincrasia y en el comportamiento de estos isleños caribeños que no nos parecemos a nadie más?. Este comportamiento de la doctora Castro Espín provoca más rechazo que adeptos.
Cuarto:
Mi esposa y yo batallamos durante años para lograr que ésta saliera embarazada. Finalmente no lo logramos aún cuando ella fue diagnosticada como una mujer fértil y el resto de las pruebas fueron satisfactorias. Puede ser que la Dra. Castro Espín no sepa que solo en la “Capital de todos los Cubanos” existe (en el Vedado) consultas con tecnología para atender los miles y miles de casos de parejas que no logran procrear, que hay que hacer colas inmensas para lograr que un especialista te atienda. En mi provincia esta es una de las especialidades más demandadas y a la cual el sistema de salud no le presta la más mínima atención. Sería bueno que la encumbrada doctora supiera que no todos tenemos la suerte y el dinero del reconocido pelotero Eduardo Pared que para lograr el embarazo de su pareja tuvo que permanecer por un año en México. ¿ por qué el Cenesex no se ocupa de este tema y destina parte de los millones de dólares que se gastan en campañas por el día mundial contra la homofobia para impulsar un programa de atención a la reproducción en un país donde la mujer no logra ni las tasas de reproducción que garanticen su remplazo?.
Quinto:
Preferiría que se gastara dinero (divisa) en comprar colchones y pomadas anti escaras para los miles de personas encamadas, o la materia prima que los cientos de medicamentos faltantes hoy en las farmacias demandan, o para mejorar el estado de importantes áreas hospitalarias, prácticamente en ruina. Preferiría fuertes campañas (con financiamiento, como lo logra el Cenesex) para atender los pacientes y los familiares de la demencia senil, para lograr que las madre parturientas dispongan de culeros desechables, para enfrentar con mas efectividad el tema del consumo de droga, alcohol y tabaco. Cuando estos problemas se estén atendiendo adecuadamente pudiéramos entonces pensar en las operaciones para el cambio de sexo.
ÚLTIMO:
Tengo la confianza de que cualquier modificación a la legislación actual que pretenda cambiar los principios y los lineamientos concebidos y aprobados en la actual constitución, se consultará al pueblo, el que ha demostrado en estos más de 50 años no estar equivocado. No creo que a alguien se le ocurra presentar las propuestas que se “cocinan” a la Asamblea Nacional sin tener la consideración del electorado. Nadie tiene derecho a utilizar recursos financieros del País y que son del pueblo para hacer cuantas campañas publicitarias le de la gana haciendo uso de la fuerza que le confiere el cargo, acaso esto no es desvío de recursos, violación de la legalidad o corrupción autorizada y respaldada?. Otro gallo cantará un dia.
Oscar Cuevas Romeros.
Santa Clara. Villa Clara

miércoles, 15 de septiembre de 2010

HxD

En la segunda mitad de agosto tuve la oportunidad de participar, como co facilitador, en la primera capacitación a hombres homosexuales sobre “Diversidad sexual y derechos humanos”, con el auspicio del CENESEX y la organización canadiense EQUITAS, especializada en educación en derechos humanos.

Durante sus 9 encuentros, con la metodología participativa, se pudo debatir intensamente sobre diversidad sexual y sus categorías; homofobia, estigma y discriminación; derechos humanos, sus principios y su vinculación con los derechos sexuales y reproductivos; además de profundizar en la historia del movimiento de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros (LGBT) en el mundo y sus manifestaciones en Cuba.

Esta fue mi primera experiencia en “educación participativa” y valoré mucho la forma entretenida que logra para organizar nuestros pensamientos, con el fin de profundizar en el conocimiento. Sin dudas es la metodología ideal para este tipo de intercambios, pues no se basa en lo que uno está acostumbrado a hacer –dar conferencias y que el público te escuche, con el riesgo de que alguien se quede dormido–, sino en la que todos participamos y aprendemos, desde nuestras respectivas experiencias.

Pero lo más importante es que, entre todos, se creó un espacio de intercambio que teníamos que ocupar, con la utilidad de armarnos de conocimientos teóricos para enfrentar la batalla por nuestros derechos, desde una perspectiva “gay”. Uno de los resultados principales, por decisión de todos los participantes, fue crear el grupo “Hombres por la Diversidad” (HxD), un espacio de reflexión permanente con un plan de acción específico y objetivos, que se definirán en breve.

Independientemente de estar centrado en las masculinidades, el grupo deberá rebasar esos límites y extenderse a más personas de la comunidad LGBT o solidarias con el respeto a nuestros derechos. Cuantos más, mejor, porque eso significa que iremos ganando en un discurso comprometido, más allá de clamar por fiestas o sitios de encuentro (que también son importantes). Al mismo tiempo, es importante reconocer y respetar las experiencias que ya han adquirido otros grupos en los últimos años, como el grupo Oremi (de mujeres lesbianas), el de personas transgéneros del CENESEX, el Proyecto HSH-Cuba (enfocado principalmente en la prevención de las ITS y el VIH/sida), entre otros a nivel nacional.

Esta ampliación del grupo y su trabajo, indiscutiblemente, incidirá en el mayor entendimiento de toda la sociedad, en función del respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género –en nuestras familias, nuestros centros laborales, nuestras escuelas, en los medios de difusión, entre los agentes del orden público, los decisores políticos y cuanta persona participa en nuestras vidas.

Será muy importante continuar educando en estos temas y destruir los arraigados estereotipos machistas y heteronormativos, que tenemos como herencia cultural. Y somos nosotros, la población LGBT, los que tenemos que tomar de la mano esta campaña, al ser los más interesados y los que hemos sentido más directamente los efectos nocivos de la homofobia. Lo hecho hasta ahora es sólo el comienzo y se impone que cada día seamos más creativos para hacer llegar a todo el pueblo estas ideas, de contenido humanista fundamental.

Todas aquellas personas que se sientan identificadas con esta causa están invitadas a incorporarse y participar activamente en el debate que necesita la nación cubana sobre estos temas. Pero es muy importante estudiar y apertrecharse bien del conocimiento científico, para debatir y convencer, pues la lucha contra siglos de tradición y desconocimiento no se gana con imposiciones ni confrontaciones vacías.

En esta batalla, la persistencia y el convencimiento serán el mejor antídoto contra las resistencias –de todo tipo– que podremos encontrar en el camino.

martes, 31 de agosto de 2010

Fidel en La Jornada, contra la homofobia

La segunda parte de la entrevista que diera Fidel al periódico La Jornada, de México, nos sorprendió a todos hoy (31 de agosto) con un titular impactante: “Soy el responsable de la persecución a homosexuales que hubo en Cuba”.

Más aún, en el cuerpo de la entrevista, el líder cubano decía: “fueron momentos de gran injusticia ¡de gran injusticia! La haya hecho quien sea. Si la hicimos nosotros, nosotros… Estoy tratando de delimitar mi responsabilidad en todo eso porque, desde luego, personalmente, yo no tengo ese tipo de prejuicios”. Y más adelante reafirma: “si alguien es responsable, soy yo”.
No puedo negar que me emocionó leerlo. El líder de la Revolución cubana hablando alto y claro sobre un tema que ha sido, y sigue siendo en gran medida, un tabú para muchos… más que eso: reafirmando que la homofobia es un error y, de forma notable, llamando la atención para superarla.
Debo reconocer que mi primera pregunta fue si Fidel, desde su influyente espacio, se estaría sumando a la campaña por el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género y a las jornadas contra la homofobia que el CENESEX y muchas otras instituciones y organizaciones del país están realizando desde hace varios años. De seguro que fuera una incorporación muy significativa.
Sin embargo, no es la primera vez que Fidel habla sobre estos temas. En fecha tan temprana como 1992, en la entrevista que le hiciera Tomás Borge en el libro “Un grano de maíz”, Fidel decía: “esa cosa machista influyó también en un enfoque que se tenía hacia el homosexualismo. Yo, personalmente –tu me estás preguntando mi opinión personal-, no padezco de ese tipo de fobia contra los homosexuales (…) Esto muchas veces se convierte en una tragedia, porque hay que ver cómo piensan los padres… y uno no puede sentir sino pena porque una situación de esas ocurra y se convierta también en una tragedia para el individuo”.
Y reafirmaba: “No veo el homosexualismo como un fenómeno de degeneración, sino lo veo de otra forma. El enfoque que he tenido es de otro tipo: un enfoque más racional, considerándolo como tendencias y cosas naturales del ser humano que, sencillamente, hay que respetar (…) y soy absolutamente opuesto a toda forma de represión, de desprecio, de menosprecio o discriminación con relación a los homosexuales”.
Más tarde, en 2006, durante las conversaciones con Ignacio Ramonet que aparecieron en el libro “Cien horas con Fidel”, el Comandante decía: “Con relación a los homosexuales había fuertes [prejuicios]… la parte de responsabilidad que me corresponda la asumo… Yo tenía opiniones, y más bien me oponía y me había opuesto siempre a cualquier abuso, a cualquier discriminación, porque en aquella sociedad había muchos prejuicios. Ciertamente los homosexuales eran víctimas de discriminación”.
No creo que el Comandante sea “el responsable” de un problema social tan complejo, que tiene profundas raíces en la cultura que hemos heredado. Pero el mensaje de hoy, aunque no resuelve el problema, es una importante contribución en el debate general que se está dando en estos temas, en momentos que la homofobia en el país ha comenzado a tener mayores cuestionamientos públicos.
Sus palabras reflejan la lógica evolución en el pensamiento de un hombre de inicios del siglo XX, que ha sido capaz de superar los prejuicios de la educación de esa época y reconocer los errores cometidos contra las llamadas “minorías sexuales”. Su valiente declaración es, sin dudas, un estímulo para las viejas y las nuevas generaciones de cubanos, contra aquellos que siguen reproduciendo los estereotipos de una sociedad machista y homófoba.
Lo que me parece más significativo es la renovación de un mensaje para todas y todos a favor de superar estos arcaicos conceptos. Es predicar con el ejemplo, desde su estatura de líder histórico de un proceso humanista y revolucionario, para hacer justicia y no repetir amargas experiencias que están muy lejos de favorecer a esta obra perfectible que estamos construyendo.
Me senté a ver la emisión estelar del Noticiero de la Televisión Cubana esta noche… sin embargo, ni una palabra se mencionó al respecto. El silencio también es homofobia. Tal vez esa sea la mejor muestra de que habrá que seguir insistiendo en el camino de educar a toda la sociedad para superar sus prejuicios y evitar que se sigan repitiendo, por desconocimiento, las tragedias a las que hacía referencia el Comandante.

De servicios y placeres

Aprovecho el pie forzado que me dio el post "Servir ¿es un placer?", en el blog del periodista cubano Enrique Ubieta, para pensar un poco en torno a los servicios en Cuba. Me gustó mucho su reflexión sobre el tema, que considero uno de los problemas que afectan más directamente a la población, fundamentalmente en La Habana.

Y es que, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, dependemos de los servicios que nos debe ofrecer alguien: el guagüero, quien nos vende el café en un puestecito de esquina, donde compramos el "pan nuestro de cada día", en la carnicería cuando llega algo, en el agro...

Hace mucho rato que ya he decidido, cuando tengo dinero, comprar los productos para hacer una buena comida en casa, en lugar de ir a un establecimiento gastronómico. Por lo general, nuestros servicios son pésimos y no estoy dispuesto a echar a perder lo que debe ser un buen rato en esos lugares, con tantos maltratos de parte de los que deben servir.

He tenido la suerte de conocer el mundo y visitar lugares con establecimientos exelentes (como Canadá) y de servicios malísimos (como Holanda... por demás, la cuna del sacrosanto capitalismo, señalado por muchos como la solución para el buen servicio). Por eso coincido en que es más una cuestión cultural que de tenencia de bienes materiales.

Tengo suficiente edad para recordar que, en los años 80 (que muchos señalan como el período de máximo esplendor de acceso a bienes materiales en las últimas décadas en Cuba), los servicios eran también malos y objeto de críticas permanentes por nuestros humoristas.

Sin embargo, en nuestra cultura está ser serviciales, amables y solidarios. No es que sea así para todos, pero forma parte de nuestra identidad, reconocida por todos. Entonces, ¿por qué maltratamos al dar un servicio?

Desde mi modesta opinión, es un problema de organización en los servicios. El Estado se gasta millones en crear o modernizar un establecimiento, abastecerlo y costear sus gastos (incluyendo el sueldo de los que allí laboran)... pero los que brindan el servicio ni están educados en hacerlo bien, ni les interesa. Tampoco creo que se resuelva con más apelaciones a la conciencia de sus trabajadores, pues recuerdo numerosas campañas públicas por mejorarlos, desde "Mi servicio es usted" hasta las "Unidades Modelo".

No soy economista y no se cuál podría ser la solución, pero creo que debe estar entre educar y estimular el buen servicio. Por eso estoy de acuerdo con Ubieta en que "la sociedad cubana tiene que reorganizarse no a favor del que sirve, sino a favor del que recibe el servicio que, a la larga, somos todos".