| Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7279
El Poeta Nacional cubano estuvo de cumpleaños este
10 de julio. Nicolás para los más allegados, Guillén para este pueblo que aún
lo recuerda con cariño, lo respeta y lo admira, aún tiene mucho que decirnos
en pleno siglo XXI, a 111 años de su nacimiento.
El homenaje de la UNEAC —su organización, la que él
fundara en 1961 junto a un grupo de intelectuales revolucionarios— empezó
temprano en la mañana, con una ofrenda floral ante la escultura que le
recuerda en el jardín de la casona de 17 y H. Le acompañaron Abel Prieto y
Miguel Barnet, junto a trabajadores y miembros de la organización, previo al
primer encuentro de la Comisión Preparatoria del próximo VIII Congreso de la
UNEAC, que no por gusto escogió este día para reunirse.
En la tarde continuó el tributo y nada mejor que un
Coloquio para analizar su legado, organizado por la Fundación que lleva su
nombre, en donde se celebró no solo su cumpleaños sino también el aniversario
60 del asalto al Cuartel Moncada. Porque, sin dudas, Revolución y Guillén
están indisolublemente ligados.
El panel Todo empezó de esta
manera, alegórico a su espíritu fundacional, incluyó a la investigadora Ana
Cairo quien disertó sobre “Los 40 y 50 según Guillén”, a Denia García Ronda
que habló sobre “La paloma de vuelo popular: Exilio y Víspera”
–rindiendo tributo a este trascendental poemario de su obra literaria, en su
aniversario 55 de publicado– y a Guillermo Rodríguez Rivera quien profundizó
en un tema ineludible: “Guillén y la Revolución cubana”.
De tanto que se ha hablado y leído a Guillén,
pudiera parecernos que lo conocemos todo, pero nada más alejado de la
realidad. El propio Nicolás Hernández Guillén, nieto del poeta y Presidente
de la Fundación, se alegró de que los panelistas no recorrieran caminos
trillados y analizaran nuevas aristas, que ayudan a seguir profundizando en
su estudio para las nuevas generaciones de cubanos.
Ana Cairo planteó temprano el reto al analizar en el
trabajo poco conocido del poeta entre las décadas del 40 y 50 del pasado
siglo, cuando se mueve entre dos zonas muy vinculadas, como vasos
comunicantes: el periodismo y la poesía. La trascendencia de su obra en ese
momento es como cronista de la época, que se convierte en lectura obligada
para quien quiera entender la Cuba de ese período. Aseveró que, participando
de esa forma en la vida social cubana, los gobiernos de Grau San Martín y
Prío Socarrás se pueden estudiar de una forma deliciosa a través de sus
escritos.
En su análisis, Ana Cairo fue más atrás, cuando se
forjó esa faceta de Guillén, al trabajar como Jefe de Redacción en la revista
humorística El Loco del año 1934,
realizando humorismo y sátira con claras alusiones a la política de entonces.
Posteriormente, desarrolló su labor periodística profesional en la revista Mediodía, donde escribía artículos y décimas con incidencia social. Todo ello
sirvió de entrenamiento al magnífico cronista en que se convirtió,
desarrollando una gran habilidad para seleccionar la información y reseñar,
con maestría singular, los sucesos más interesantes del día o la semana en el
país.
Destacó además la gran sensibilidad que tenía
Guillén para la política, hacia la cual sentía mucho entusiasmo. Ello abrió
una interesante observación en la vida del poeta: la estrecha relación que
existió entre el Che y Guillén, dos hombres tan diferentes y entre los que
indudablemente surgió una gran empatía. Tal vez porque al Che –hombre de
política– le interesaba mucho la poesía y a Guillén –hombre de poesía– le
interesaba tanto la política, señaló.
En ese sentido, Ana Cairo rememoró que el primer
recital de poesía realizado en Cuba tras el triunfo de la Revolución lo
protagonizó Guillén junto al Che en febrero de 1959, ante los soldados
analfabetos que se encontraban en La Cabaña. Este recital se reeditó en
agosto de 1960, durante un congreso médico al que había sido invitado el Che
y al cual invitó a Guillén, para repetir esa experiencia.
Como muestra de esa empatía, Nicolás Hernández
Guillén recordó algo que se ha conocido poco: entre las pertenencias que se
encontraron en la mochila del guerrillero se encontraba una agenda de notas
en las que el Che había copiado varios textos de escritores trascendentes y
del que más tenía era de Guillén, con 15 de sus poemas. Por su parte, entre
la creación artística de Guillén se pueden encontrar 5 poemas dedicados al
mítico guerrillero.
Nicolás también se preguntó sobre el posible origen
de esa relación, tal vez porque el Che hubiera conocido la obra de Guillén
desde Argentina, donde ya era conocido hacía años. A partir de una reflexión
que hiciera Guillermo Rodríguez Rivera, sobre la estancia de Guillén en
Guatemala durante el gobierno de Jacobo Arbenz, también surgió la posibilidad
de que se hubieran encontrado entonces, cuando coincidieron los dos durante
los momentos revolucionarios de esa nación centroamericana. Conjeturas aún
por investigar en la vida del poeta.
Por su parte, Denia García Ronda, al analizar el
poemario La paloma de vuelo popular, profundizó en el optimismo consciente que se desbordó siempre de la obra
de Guillén, reflejo de su firme convicción ante el cambio revolucionario en
Cuba, de la inevitable victoria de las fuerzas progresistas en el país en
poco tiempo. La publicación de este libro en Buenos Aires tres días antes del
triunfo de la Revolución fue una premonición de lo inevitable –que ya habría
anunciado desde 1951 en Elegía a Jesús Menéndez– y un saludo a la
victoria.
Calificó este poemario como “el libro del exilio de
Guillén”, escrito durante su peregrinar por diferentes países en la segunda
mitad de la década del 50, agravado por “manos en la sombra” que lucharon
denodadamente por hacerle la vida angustiosa dondequiera que estuviera, por
ser un poeta cubano comunista con gran prestigio internacional. Sin embargo,
destacó que la colección no refleja a un viajero recogiendo experiencias por
donde pasa, sino a un luchador que añora y que confía en el cambio seguro de
su patria.
Esta reflexión dio la oportunidad a Guillermo
Rodríguez Rivera para resaltar la visión política que tuvo Guillén, más allá
de las percepciones que tenía el Partido Socialista Popular –el Partido
Comunista, al que pertenecía–, que avizoró en el movimiento revolucionario
del Moncada y de la Sierra como el eje del cambio en Cuba, el que provocaría
una transformación radical en el país.
En La paloma de vuelo
popular el poeta avizora la Revolución, enfatizó, previendo el “cambio de época”
que tuvo lugar en Cuba y en Latinoamérica posteriormente. A tal punto que,
como recordara Nicolás Hernández Guillén en fecha tan temprana como 1953 su
abuelo le diría a Gabriel García Márquez: “en el panorama cubano la única
esperanza es un joven llamado Fidel Castro”.
Otro tema tratado, que no por conocido tuvo menos
trascendencia, fue el relacionado con el racismo en la obra de Guillén.
Guillermo Rodríguez Rivera, al referirse a la atención de este asunto en los
trabajos del poeta, destacó su firme creencia en la abolición de la
discriminación racial a partir del triunfo de la Revolución y los cambios
sociales que implicaron, lo cual ha debido transcurrir por caminos más
complejos.
Por su parte, Ana Cairo llamó la atención en que tal
vez la amplia difusión que han tenido algunas de sus obras ha creado la
ilusión de que Guillén tenía una idea utópica sobre la eliminación de la
discriminación racial en Cuba. Sin embargo, alertó sobre la necesidad de
continuar profundizando en los textos del escritor, sobre todo en aquellos
que escribió en los años 60 para la agencia de prensa soviética Nóvosti,
donde se observa la claridad que tenía el Poeta Nacional entre la aspiración
de abolir la discriminación racial y las dificultades que enfrentaba la
sociedad al respecto. Otra de las líneas aún por investigar en la vida del
escritor.
La velada culminó con la declamación del poema de
Natacha Santiago Elegía en Carnaval para la palomao
Siempre es 26, dedicado a la memoria de Nicolás Guillén y al asalto al Cuartel
Moncada, y un concierto del grupo La otra mitad, con la interpretación de
algunos de los poemas de Guillén musicalizados.
Un homenaje justo y profundo para quien fue fundador
y poeta, patriota y cronista, revolucionario y trascendente. Para todos quedó
clara la importancia de estudiar a fondo su legado pues, por mucho que nos
parezca conocido, aún quedan espacios que estudiar.
Como sentenciara Nicolás Hernández Guillén, su obra nos entrega mucho conocimiento sobre su visión y sus consideraciones en aspectos fundamentales de la nación cubana, que serán de gran utilidad en estos tiempos para enfrentar las dificultades y prever el futuro. Esa es la entrega más comprometida del artista revolucionario que fue Nicolás Guillén.
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viernes, 12 de julio de 2013
Recordar a Guillén
lunes, 8 de julio de 2013
De poetisas y peregrinas
Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7263
La tarde se iluminó de poesía la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC este jueves 4 de julio, cuando se presentaron los libros de Belinda Romeu Adiós, peregrina y de Irasema Cruz Morir sin muerte. Desde distintas perspectivas y con discursos poéticos muy diferentes, ambas poetisas nos acercan sus visiones a un mismo sentimiento: la pérdida de lo que fue y ya no volverá a ser, de lo soñado, la lejanía, el desarraigo… lo mismo interno que allende los mares.
En el primer caso, Adiós, peregrina (Beliarte producciones, La Paz, 2011) nos brinda una mirada intimista a un tema experimentado por la propia autora: “el duro trazo de la emigración”, como refiriera la escritora e investigadora Luisa Campuzano al presentar el libro. Es un tema al que se le ha dedicado tanto pensamiento y tantas lágrimas, dijo, por “el peso implacable de la nostalgia del lugar de origen” y el duelo personal de la añoranza por la patria, los padres, la familia, los amigos, el sol, el mar…
Ausente del vaivén y la sandunga
Carente de la tierra prometida
Mientras
Ocultas en baúles viejos la espesa lejanía
Contradicción perenne de la entrega
Eterno andar del
Peregrino
(Adiós, peregrina, Eclipse VII)
Belinda Romeu Valdés-Miranda nació en La Habana y vive desde 1984 en Bolivia. Se graduó de periodista y ha tenido una significativa carrera artística en Cuba, marcada fundamentalmente desde sus inicios por la música y la actuación. Fue fundadora del movimiento de la Nueva Trova y ha desarrollado también una intensa labor por la defensa y ejercicio de los derechos de los niños, las niñas y adolescentes. Ha recibido premios en el concurso La Edad de Oro, de música para niños y niñas, concurso Canción Habanera y Centenario de la Edad de Oro.
Confesó que la publicación de este, su primer libro de poemas, ha sido “un sueño hecho realidad”, en donde quiso plasmar ese “hilo que nunca se rompe entre quien parte y quien queda, el país de donde se va y el país donde se llega”. Destacó que la emigración es un tema con el que tenemos mucha relación, porque somos un país formado de “emigrantes españoles, africanos, chinos, que también cargaron con esa tristeza de alejarse de sus tierras”.
Trocando tormenta por reposo
Aplacando soledad de luna llena
Golondrinas en camino de retorno
(…)
Repartidos por el mundo como ahora somos
Desenredando besos que no dimos
Retorno allí para parchar mi mundo
(Sueños y abismos, XII)
En el prólogo del libro, el poeta y trovador Silvio Rodríguez la enaltece: “Por tantas felices concurrencias se pudiera decir que, en cierto sentido martiano, ahora pareces más completa: porque sembraste un árbol de canciones, porque nos has legado tus andanzas en este libro y, para colmo, porque sonríes envuelta en los retoños de tus hijos”.
Por su parte, en el libro Morir sin muerte (Colección SurEditores, La Habana, 2013), Irasema Cruz comparte sus reflexiones más intrincadas de una realidad que por momentos se le hace lejana, donde Jerusalén –lugar histórico de peregrinaje– es una constante, junto a Padre y Abuelo.
Jerusalén, ya lo vivimos. Tengo más sangre que ideas posibles. Por qué la duda de pararlo todo, de vaciar el pecho y huir de nosotras… No estoy aquí, sólo dejé la envoltura, los atributos, el dolor y un boleto de partida. (Morir sin muerte, Envoltura)
En la presentación del libro –que obtuvo en 2008 el Premio Abdala de la Unión Árabe de Cuba–, la autora hizo gala de sus dotes histriónicas en un sui-géneris performance, junto a los trovadores Frank Martínez y Yurina, de Santiago de Cuba y La Habana respectivamente, que le dieron un tono peculiar a la velada.
Irasema Cruz, nacida en Guanabacoa, es también actriz del grupo “Teatro de la Villa” e integra varias asociaciones de poetas: A la Décima y el Grupo de Creación Poética de la Fundación Nicolás Guillén. Poemas suyos han sido publicados en revistas y antologías en Cuba, Italia y España y ha obtenido el Premio Nacional de Talleres Literarios, en 2007, y el Premio “Farraluque” de poesía erótica, en 2010.
Soy isleña. Aquí se lucha y ama con el rostro abierto, con los muslos danzando en las azoteas, aunque nos invada la mitad de otra sangre. (Morir sin muerte, Muerte del pedrero)
En el prólogo del libro, el poeta y ensayista Roberto Manzano indica que: “Cuando uno evoca la tradición mundial de la prosa poética, que tiende a ser descriptiva o narrativa –dentro de la atmósfera misteriosa y onírica, casi de auto sacramental, en que nació la prosa poética–, se asombra de que aquí se conserve lo descriptivo y lo narrativo, pero que secretamente reine lo dramático, lo espectacular, la oniria como una puesta en escena. Entre los últimos cultivadores de la poesía en prosa, los textos de Irasema Cruz ofrecen una indudable singularidad”.
Dos poetisas cubanas contemporáneas que, desde visiones distantes, confluyeron en el peregrinar del verso para regalar una tarde plena de lirismo.
La tarde se iluminó de poesía la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC este jueves 4 de julio, cuando se presentaron los libros de Belinda Romeu Adiós, peregrina y de Irasema Cruz Morir sin muerte. Desde distintas perspectivas y con discursos poéticos muy diferentes, ambas poetisas nos acercan sus visiones a un mismo sentimiento: la pérdida de lo que fue y ya no volverá a ser, de lo soñado, la lejanía, el desarraigo… lo mismo interno que allende los mares.
En el primer caso, Adiós, peregrina (Beliarte producciones, La Paz, 2011) nos brinda una mirada intimista a un tema experimentado por la propia autora: “el duro trazo de la emigración”, como refiriera la escritora e investigadora Luisa Campuzano al presentar el libro. Es un tema al que se le ha dedicado tanto pensamiento y tantas lágrimas, dijo, por “el peso implacable de la nostalgia del lugar de origen” y el duelo personal de la añoranza por la patria, los padres, la familia, los amigos, el sol, el mar…
Ausente del vaivén y la sandunga
Carente de la tierra prometida
Mientras
Ocultas en baúles viejos la espesa lejanía
Contradicción perenne de la entrega
Eterno andar del
Peregrino
(Adiós, peregrina, Eclipse VII)
Belinda Romeu Valdés-Miranda nació en La Habana y vive desde 1984 en Bolivia. Se graduó de periodista y ha tenido una significativa carrera artística en Cuba, marcada fundamentalmente desde sus inicios por la música y la actuación. Fue fundadora del movimiento de la Nueva Trova y ha desarrollado también una intensa labor por la defensa y ejercicio de los derechos de los niños, las niñas y adolescentes. Ha recibido premios en el concurso La Edad de Oro, de música para niños y niñas, concurso Canción Habanera y Centenario de la Edad de Oro.
Confesó que la publicación de este, su primer libro de poemas, ha sido “un sueño hecho realidad”, en donde quiso plasmar ese “hilo que nunca se rompe entre quien parte y quien queda, el país de donde se va y el país donde se llega”. Destacó que la emigración es un tema con el que tenemos mucha relación, porque somos un país formado de “emigrantes españoles, africanos, chinos, que también cargaron con esa tristeza de alejarse de sus tierras”.
Trocando tormenta por reposo
Aplacando soledad de luna llena
Golondrinas en camino de retorno
(…)
Repartidos por el mundo como ahora somos
Desenredando besos que no dimos
Retorno allí para parchar mi mundo
(Sueños y abismos, XII)
En el prólogo del libro, el poeta y trovador Silvio Rodríguez la enaltece: “Por tantas felices concurrencias se pudiera decir que, en cierto sentido martiano, ahora pareces más completa: porque sembraste un árbol de canciones, porque nos has legado tus andanzas en este libro y, para colmo, porque sonríes envuelta en los retoños de tus hijos”.
Por su parte, en el libro Morir sin muerte (Colección SurEditores, La Habana, 2013), Irasema Cruz comparte sus reflexiones más intrincadas de una realidad que por momentos se le hace lejana, donde Jerusalén –lugar histórico de peregrinaje– es una constante, junto a Padre y Abuelo.
Jerusalén, ya lo vivimos. Tengo más sangre que ideas posibles. Por qué la duda de pararlo todo, de vaciar el pecho y huir de nosotras… No estoy aquí, sólo dejé la envoltura, los atributos, el dolor y un boleto de partida. (Morir sin muerte, Envoltura)
En la presentación del libro –que obtuvo en 2008 el Premio Abdala de la Unión Árabe de Cuba–, la autora hizo gala de sus dotes histriónicas en un sui-géneris performance, junto a los trovadores Frank Martínez y Yurina, de Santiago de Cuba y La Habana respectivamente, que le dieron un tono peculiar a la velada.
Irasema Cruz, nacida en Guanabacoa, es también actriz del grupo “Teatro de la Villa” e integra varias asociaciones de poetas: A la Décima y el Grupo de Creación Poética de la Fundación Nicolás Guillén. Poemas suyos han sido publicados en revistas y antologías en Cuba, Italia y España y ha obtenido el Premio Nacional de Talleres Literarios, en 2007, y el Premio “Farraluque” de poesía erótica, en 2010.
Soy isleña. Aquí se lucha y ama con el rostro abierto, con los muslos danzando en las azoteas, aunque nos invada la mitad de otra sangre. (Morir sin muerte, Muerte del pedrero)
En el prólogo del libro, el poeta y ensayista Roberto Manzano indica que: “Cuando uno evoca la tradición mundial de la prosa poética, que tiende a ser descriptiva o narrativa –dentro de la atmósfera misteriosa y onírica, casi de auto sacramental, en que nació la prosa poética–, se asombra de que aquí se conserve lo descriptivo y lo narrativo, pero que secretamente reine lo dramático, lo espectacular, la oniria como una puesta en escena. Entre los últimos cultivadores de la poesía en prosa, los textos de Irasema Cruz ofrecen una indudable singularidad”.
Dos poetisas cubanas contemporáneas que, desde visiones distantes, confluyeron en el peregrinar del verso para regalar una tarde plena de lirismo.
miércoles, 3 de julio de 2013
Regino Boti en la revista UNION 79
Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7247
El número 79 de la revista UNIÓN fue presentado el pasado 28 de junio con un dossier dedicado a Regino Boti, a propósito de haberse cumplido el 5 de junio el centenario de la publicación, en Barcelona, de su primer libro de poesías Arabescos mentales.
De acuerdo con Guillermo Rodríguez Rivera en su escrito Otro centenario de Regino Boti, incluido en el referido dossier, la presentación de ese libro en 1913 “revitalizó decisivamente la poesía de Cuba y abrió el camino a una promoción que sería esencial en ese proceso de reafirmación de nuestra cultura”.
Nancy Morejón, directora de la revista y Presidenta de la Asociación de Escritores, en la introducción del encuentro calificó a Boti –junto a su colega José Manuel Poveda– como “los grandes” que hicieron renacer la lírica cubana a inicios del siglo XX. Al referirse a la pasión que desarrolló por su Guantánamo natal, desde donde realizó toda su obra, destacó que “la poesía es siempre algo recóndito, incógnito”, pero desde allá “marcó la visión moderna de nuestra poesía”. “Llevó la noción del terruño, de la provincia, a categoría universal”, reafirmó.
El escritor guantanamero Jorge Núñez estuvo a cargo de la presentación de la revista y refirió que en toda ella se siente la presencia de Boti: “se presenta al gran poeta, al tiempo que nos descubre al gran hombre, amigo, la figura que ha sido reverenciada por tantas personalidades en la cultura nacional”. Las ilustraciones de la revista en este número también son del propio poeta, destacado por Núñez al asegurar que “el Boti pintor para nada desdice el gran escritor que fue”.
Regino Eladio Boti (Guantánamo, 1878-1958) fue pedagogo y abogado, graduado en 1911 como maestro público y en 1917 como Doctor en Derecho Civil en la Universidad de La Habana, en 1918 obtuvo el título de Notario Público y en 1947 se graduó de Doctor en Filosofía y Letras, también en la sede universitaria de la capital cubana. Colaboró en numerosas revistas literarias de Cuba y del extranjero y fue miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba, de la Academia Cubana de la Lengua y de la Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz.
En 1987, a propósito de la inauguración en el Museo Nacional de Bellas Artes de la exposición de pinturas de Boti bajo el título Yo Hago Arte en Silencio, Acuarelas y Pasteles, José Antonio Portuondo diría que:“La significación literaria de Regino Boti es la de maestro y renovador de modos expresivos, etapa insoslayable de nuestra historia cultural. Y aunque no alcanza la magnitud e importancia fundadora de su producción literaria, su pintura merece recordarse e inscribirse con absoluto decoro, en el desarrollo de la paisajística entre los acuarelistas cubanos.”
Regino Rodríguez Boti —psiquiatra e investigador, nieto del maestro— al tomar la palabra en la presentación de la revista, agradeció el homenaje en nombre de la familia. En el dossier de UNIÓN 79 también puede leerse un relato de su autoría en el que, con un lenguaje directo y bajo el título de Primeras jornadas bajo el cielo de México, se descubren interioridades de su abuelo, quien “tenía por hábito hablar muy poco y escuchar mucho” y a sus 72 años de edad “no tenía arrugas en la cara, era de andar erecto y con armonía, seguro de su buen transitar por la vida, con la elegancia de quien sabe caminar”.
Como es habitual, la revista UNIÓN va más allá de las fronteras de su dossier para reflejar la diversidad cultural del país y, en esta ocasión, se descubren otras sorpresas literarias como: el ensayo de Luis Álvarez al libro de Abel Prieto Viajes de Miguel Luna, una versión muy actualizada para teatro del clásico infantil La cucarachita Martina –escrita por Abelardo Estorino con el sugerente nombre de Retozando con Cuca– y las palabras de presentación de Miguel Barnet al libro de Raúl Roa Kouri Memoria de mundos varios.
Además se podrán encontrar dos ensayos dedicados a la pintora olvidada Uver Solís, sus antecedentes, su vida y su obra, escritos por Nidia Lamelas y Mercedes Crespo; un olvidado “teatro debate” entre René Jordán y Rine Leal, en el momento de estreno en el Lyceum de la obra de Virgilio Piñera El flaco y el gordo; la poesía de Pedro de Oraá, Nancy Morejón, Iván Gerardo Campanioni y Miladis Hernández, entre otros trabajos de Felipe Pichardo, Ana Luz García, Ignacio Granados, David Orlando, Uva de Aragón y David Leyva.
Como destacara Jorge Núñez durante la presentación, esta nueva entrega de UNIÓN muestra una de sus características más notorias: “desde estéticas aparentemente contrapuestas, presentan el abanico de la polifonía de la cultura cubana”.
El número 79 de la revista UNIÓN fue presentado el pasado 28 de junio con un dossier dedicado a Regino Boti, a propósito de haberse cumplido el 5 de junio el centenario de la publicación, en Barcelona, de su primer libro de poesías Arabescos mentales.
De acuerdo con Guillermo Rodríguez Rivera en su escrito Otro centenario de Regino Boti, incluido en el referido dossier, la presentación de ese libro en 1913 “revitalizó decisivamente la poesía de Cuba y abrió el camino a una promoción que sería esencial en ese proceso de reafirmación de nuestra cultura”.
Nancy Morejón, directora de la revista y Presidenta de la Asociación de Escritores, en la introducción del encuentro calificó a Boti –junto a su colega José Manuel Poveda– como “los grandes” que hicieron renacer la lírica cubana a inicios del siglo XX. Al referirse a la pasión que desarrolló por su Guantánamo natal, desde donde realizó toda su obra, destacó que “la poesía es siempre algo recóndito, incógnito”, pero desde allá “marcó la visión moderna de nuestra poesía”. “Llevó la noción del terruño, de la provincia, a categoría universal”, reafirmó.
El escritor guantanamero Jorge Núñez estuvo a cargo de la presentación de la revista y refirió que en toda ella se siente la presencia de Boti: “se presenta al gran poeta, al tiempo que nos descubre al gran hombre, amigo, la figura que ha sido reverenciada por tantas personalidades en la cultura nacional”. Las ilustraciones de la revista en este número también son del propio poeta, destacado por Núñez al asegurar que “el Boti pintor para nada desdice el gran escritor que fue”.
Regino Eladio Boti (Guantánamo, 1878-1958) fue pedagogo y abogado, graduado en 1911 como maestro público y en 1917 como Doctor en Derecho Civil en la Universidad de La Habana, en 1918 obtuvo el título de Notario Público y en 1947 se graduó de Doctor en Filosofía y Letras, también en la sede universitaria de la capital cubana. Colaboró en numerosas revistas literarias de Cuba y del extranjero y fue miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba, de la Academia Cubana de la Lengua y de la Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz.
En 1987, a propósito de la inauguración en el Museo Nacional de Bellas Artes de la exposición de pinturas de Boti bajo el título Yo Hago Arte en Silencio, Acuarelas y Pasteles, José Antonio Portuondo diría que:“La significación literaria de Regino Boti es la de maestro y renovador de modos expresivos, etapa insoslayable de nuestra historia cultural. Y aunque no alcanza la magnitud e importancia fundadora de su producción literaria, su pintura merece recordarse e inscribirse con absoluto decoro, en el desarrollo de la paisajística entre los acuarelistas cubanos.”
Regino Rodríguez Boti —psiquiatra e investigador, nieto del maestro— al tomar la palabra en la presentación de la revista, agradeció el homenaje en nombre de la familia. En el dossier de UNIÓN 79 también puede leerse un relato de su autoría en el que, con un lenguaje directo y bajo el título de Primeras jornadas bajo el cielo de México, se descubren interioridades de su abuelo, quien “tenía por hábito hablar muy poco y escuchar mucho” y a sus 72 años de edad “no tenía arrugas en la cara, era de andar erecto y con armonía, seguro de su buen transitar por la vida, con la elegancia de quien sabe caminar”.
Como es habitual, la revista UNIÓN va más allá de las fronteras de su dossier para reflejar la diversidad cultural del país y, en esta ocasión, se descubren otras sorpresas literarias como: el ensayo de Luis Álvarez al libro de Abel Prieto Viajes de Miguel Luna, una versión muy actualizada para teatro del clásico infantil La cucarachita Martina –escrita por Abelardo Estorino con el sugerente nombre de Retozando con Cuca– y las palabras de presentación de Miguel Barnet al libro de Raúl Roa Kouri Memoria de mundos varios.
Además se podrán encontrar dos ensayos dedicados a la pintora olvidada Uver Solís, sus antecedentes, su vida y su obra, escritos por Nidia Lamelas y Mercedes Crespo; un olvidado “teatro debate” entre René Jordán y Rine Leal, en el momento de estreno en el Lyceum de la obra de Virgilio Piñera El flaco y el gordo; la poesía de Pedro de Oraá, Nancy Morejón, Iván Gerardo Campanioni y Miladis Hernández, entre otros trabajos de Felipe Pichardo, Ana Luz García, Ignacio Granados, David Orlando, Uva de Aragón y David Leyva.
Como destacara Jorge Núñez durante la presentación, esta nueva entrega de UNIÓN muestra una de sus características más notorias: “desde estéticas aparentemente contrapuestas, presentan el abanico de la polifonía de la cultura cubana”.
viernes, 28 de junio de 2013
Eduardo Chibás: vigencia y controversia
Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7250
Un grupo de jóvenes cubanos de los años 50 protagonizaron el pasado miércoles 26 de junio en la UNEAC un apasionado debate que demostró cuán viva se mantiene la historia de la nación, sobre todo cuando se trata de las ideas patrióticas que guiaron a la «Generación del Centenario». Una abarrotada sala Rubén Martínez Villena, a la que asistieron también jóvenes de generaciones más recientes, sirvió de sede a la cita convocada bajo el provocador título de: La maleta de Chibás: ¿tenía o no pruebas?.
Un grupo de jóvenes cubanos de los años 50 protagonizaron el pasado miércoles 26 de junio en la UNEAC un apasionado debate que demostró cuán viva se mantiene la historia de la nación, sobre todo cuando se trata de las ideas patrióticas que guiaron a la «Generación del Centenario». Una abarrotada sala Rubén Martínez Villena, a la que asistieron también jóvenes de generaciones más recientes, sirvió de sede a la cita convocada bajo el provocador título de: La maleta de Chibás: ¿tenía o no pruebas?.
El periodista Ciro Bianchi, al presentar el encuentro, destacó
el interés que aún despierta el tema a 62 años del incidente y cedió la palabra
al escritor e historiador Newton Briones, quien explicó detalladamente sus
observaciones históricas sobre la personalidad de Chibás –señalando ejemplos
específicos de manipulación de la realidad– y sobre el entorno político y
social del país de ese momento, que se encuentran recogidos en su libro General regreso (Editorial Ciencias
Sociales, Premio de la Crítica 2005).
Briones reseñó la acusación sin pruebas que Chibás realizara
al entonces Ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango –con una reconocida
trayectoria en el movimiento revolucionario, desde los tiempos de Mella– por
malversación de fondos ante la suposición de que construía un barrio
residencial en Guatemala con el dinero del desayuno escolar. En ese sentido,
resaltó la importancia de conocer toda la verdad en la historia de la nación,
para beneficio del futuro del país. “Si los pueblos no conocen su historia,
están condenados a repetir los mismos errores”, insistió.
Al hacer uso de la palabra la hija de Aureliano, Lela
Sánchez Echeverría, agradeció la oportunidad que le daba la UNEAC para exponer
sus puntos de vista, pues ha cargado toda su vida con el peso familiar de la
acusación de Chibás. Al defender la honestidad de su padre, reseñó su libro La polémica infinita: Aureliano vs. Chibás y
viceversa (Editorial Quevecor, 2004), una batalla que calificó de
“importancia capital para mi familia y para la honra de mi padre”. Destacó el
respeto que merecen todas las personalidades, “pero mayor respeto merecen la
verdad y la historia”.
La historiadora Ana Cairo, por su parte, también hizo
referencia a su libro Eduardo Chibás:
Imaginarios (Editorial Oriente, 2010) que fue el resultado de muchos años
de investigación sobre el tema y donde se recoge la razón por la cual aún mueve
muchas pasiones: “no hay una versión definitiva y única”, sino un “arcoiris” de
puntos de vista desde los imaginarios que se construye cada quien a partir de
los hechos. “En la historia no existen ángeles, sino seres humanos, con sus
cosas buenas y malas”, resaltó.
Llamó la atención sobre un elemento muy importante: el papel
que jugó la prensa amarillista de la época para desacreditar la figura de
Chibás –en algo parecido a lo que hoy se llama “guerra mediática”, dijo– pues “su
trayectoria ha sobrevivido, su leyenda ha ido más allá de su vida y bajo su
devoción se forjaron miles de jóvenes, de lo más patriótico y de mayor valor,
que se incorporaron a la lucha revolucionaria seguidos por su ejemplo.”
En ese mismo sentido tomaron la palabra varios antiguos
miembros de la Juventud Ortodoxa, que rechazaron cualquier crítica destinada a
destruir la imagen de Chibás y destacaron el papel que tuvo en la historia de
Cuba. “La perfección humana no existe –dijo Pedro Ríos–; con los errores y las
virtudes, nadie puede negar que Chibás fue un hombre que logró aglutinar mucho
pueblo al terreno de la política de aquella época, que estaba enferma de
corrupción”. Ante esa realidad su lema de “Vergüenza contra dinero” fue un
detonante, que atrajo a su programa lo mejor de la juventud del centenario y a
las personas que libraron la batalla definitiva de la Revolución.
Max Lesnik, quien anunció que había venido desde Miami especialmente
a este debate, rememoró pasajes de su historia como joven ortodoxo muy cercano
a Chibás y, al estilo de la prédica política de entonces, sintetizó el
sentimiento del pueblo ante el ejemplo de su líder: “El disparo del 5 de agosto
sirvió para movilizar a su pueblo y recuperar la confianza que había perdido momentáneamente,
tras un error político de cálculo que –insistió– no puede borrar su historia”. A
la vez indicó que si existía interés político en sus acciones –aspirando a la
Presidencia de la República– era para, desde su cargo como Presidente,
construir un país mejor.
Criticó fervientemente a quienes calificó de pretender hacer
“una crucifixión” de Chibás, al que han insultado con epítetos tan terribles
como “demagogo”, “anti-pueblo”, “bandido de la palabra”, etc. y culminó con palabras
de Fidel: “de aquel hombre y de aquella prédica, surgió una patria nueva” y “la
historia de la Revolución y del 26 de julio está íntimamente ligada a Chibás,
fue la continuidad de su ejemplo… que ha dejado de ser la causa, la idea, la
ilusión de un Partido para convertirse en la de todo un pueblo”.
Quienes asistimos al encuentro tuvimos el privilegio de
contagiarnos con un debate cargado de pasión y de historia, donde unos jóvenes
–ya canosos– volvieron a la carga para defender ideas políticas que, estén
donde estén y tengan el enfoque que tengan, son reflejo de la más legítima
diversidad de opiniones y continúan tributando, de forma enriquecedora, al
pensamiento revolucionario de la nación cubana.
De lo que no cabe dudas es de la imperiosa necesidad –como
resaltó Miguel Barnet esa tarde– de rescatar figuras de nuestra historia que se
han erigido como defensores de la patria; y de la pertinencia de que la UNEAC
esté en el centro de estos debates porque, a decir de su Presidente, ello forma
parte esencial de la cultura cubana.
miércoles, 19 de junio de 2013
Esos corazones insensatos
En un final, de eso se tratan las telenovelas: de
entretener a la gente y sacarla de sus preocupaciones diarias… aunque en
ocasiones la realidad sea mucho más rica y tremebunda que cualquier increíble
trama que se presenta en ellas. Uno conoce cada situaciones reales… ¡que meten
miedo! que si salen en telenovelas no queda más remedio que apagar el
televisor.
Sin embargo, con esta no me pierdo un capítulo… y quien
me llame por teléfono a esa hora tendrá que hablar con la contestadora
automática ¡Porque esta buenísima! Dinámica, con tramas bien llevadas,
simpática y picante en los momentos precisos, bien ambientada, excelentemente actuada…
una mezcla profesional de buenas formas de hacer televisión, que ni aburre ni
desespera (excepto en el caso de Marina, aclaro).
Tanto, que me hace recordar dos íconos inolvidables de
las telenovelas brasileñas, que causaron furor en las pantallas cubanas: “Roque
Santeiro” y “Vale Todo”. Con “Insensato Corazón” uno se divierte tanto, de tan
buena gana, que no quieres que se acabe.
En lo que a trama se refiere, me encanta ese mensaje –muy
a tono con su título– que hace honor a la razón de ser de toda telenovela: en
cuestiones de amor el corazón es insensato, se fija en cualquiera y nadie puede
hacer nada en su contra.
Desde la millonaria pragmática y cansada de pretendientes
interesados, que se queda con el Adonis descerebrado que le da la diversión y
la seguridad que los señoritos ricos no pueden ofrecer –la Vivi siempre tiene el mejor bocadillo de
la novela–; la modelo voluptuosa, de cuna pobre y honesta, que destruye matrimonios
y le guarda fidelidad –casi perfecta– al banquero corrupto y asesino; la
ambiciosa capaz de hacer cualquier cosa para subir en la escala social, de
familia aparentemente feliz pero insatisfecha en el amor, que no puede
renunciar a sus orígenes y termina con un ex presidiario de igual calaña –eso sí:
¡con un cuerpo de sueño!
Y hablando de insensateces, como toda buena telenovela
que se adentre en las complejidades del corazón, no teme en tratar el tema “gay”,
sin tapujos ni miramientos del horario –para el enojo de los conservadores,
protectores de la fe religiosa, que se quejan y repiten que ya no ven
telenovelas brasileñas, porque “¡no hay ninguna en que no haya una trama de maricones!”.
Levantando la parada, es que no hay 1 personaje “gay”,
sino… ¡4! Desde la pajarita estereotipada, la “perra”, la “sugar”, refinada en
el mejor gusto para las modelos; pasando por el “amanerado evidente”, que se
vuelve loco con los buenos mozos que hacen ejercicios en la playa de Copacabana…
hasta –¡por fin!– el profesor de la Facultad de Derecho, muy varonil y asumido
en su sexualidad, que desarrolla una historia muy bonita con un empleado sencillo
–el más bello de los galanes de la telenovela, por cierto–, muy confundido en
sus gustos, que transita por un cambio muy creíble en su sexualidad, de los
brazos de una novia poco exigente a un amor que lo va dominando, en contra de
sus propios prejuicios.
Si elogioso es el tratamiento a la diversidad de amores
–no sólo en lo que llaman “ambiente gay”, sino en general–, mención especial
merece la forma en que se critica a la homofobia: su exponente es un temerario periodista,
progresista en sus ideas políticas, luchador por las causas justas y en contra
de la corrupción, el atropello… siempre que no sea en la sexualidad de las
personas, porque de repente se transforma en el más machista, homofóbico y
violento de los personajes.
Esos ejemplares por aquí abundan… que lo de
“revolucionario” (o “revolucionaria”) se les pierde cuando de sexualidad se
trata.
Aunque seamos honestos:
no es la gran cosa, pero entretiene. Y demuestra que se puede hacer telenovela
–con toda la carga de banalidades que eso implica– y trascender. Que, a pesar
de Marina y su tontería, se puede elaborar un producto de consumo que
entretiene y hace reflexionar, sin grandes pretensiones ni didactismos. ¿Qué
más se puede pedir?
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