lunes, 12 de agosto de 2013

Internet, redes nacionales y la ciudadanía

La televisión cubana decidió, finalmente, poner fin al silencio en el debate y la difusión de la política que se desarrolla en el país con relación al acceso a Internet y las redes nacionales, en sus Mesas Redondas Informativas del 7 y 8 de agosto. Difícil que en dos horas de transmisión se puedan satisfacer todas las interrogantes y preocupaciones acumuladas tanto tiempo por la población, pero ha sido bueno dar el primer paso.

Dos cosas me han quedado claras después de ver estos programas: la primera es la imperiosa necesidad de superación comunicativa para muchos de nuestros funcionarios, pues deberían cumplir eficientemente con su labor de comunicar a la ciudadanía las políticas instituidas, en cuanto son funcionarios públicos. Además de las complejidades tecnológicas: con excepción del funcionario de Cubarte, pocas veces he visto más útil las interrupciones del moderador.

No me considero un neófito en el tema, pero debo admitir que me fue muy difícil comprender algunos aspectos y es fácil ver que, para entenderles, habrán pasado mucho trabajo muchas personas en Cuba, totalmente desligadas a las cuestiones tecnológicas. Al menos mi padre, que es FANÁTICO (así, con mayúsculas) a las Mesas Redondas –pero por su edad está muy alejado de la generación informática–, a los 15 minutos apagó su televisor y se puso a hacer labores domésticas.

La segunda observación está más relacionada con el contenido: me queda claro que, al parecer, han avanzado con cierto éxito las estrategias de desarrollo de la incorporación de Cuba a la red con una perspectiva desde las instituciones hacia la ciudadanía… pero falta mucho camino por recorrer a la inversa.

Cualquier persona medianamente clara en cuestiones de economía-política comprende las dificultades del país en la contratación de un mayor ancho de banda a los proveedores del servicio de Internet a Cuba –que, por demás, entendí que son estadounidenses. También es comprensible, por las mismas razones, la prioridad que se le ha dado al fortalecimiento de las redes de educación, salud y cultura: a la par de ofrecer abundante información a la población, para el desarrollo de sus principales programas sociales, promueve avances indiscutibles de la Revolución.

Pero ese es un enfoque desde arriba, desde lo que la institucionalidad promociona y le interesa que la gente vea, tanto en Cuba como en el exterior. Sin embargo, desde abajo los intereses varían… y surgen las insatisfacciones.

Por lo general, amén del poco conocimiento que tenemos sobre todo lo que podemos encontrar en las redes nacionales, la gente sabe dónde localizar lo que busca para sus necesidades profesionales o educativas. O si no, trata de encontrarlo en el buscador Google, Wikipedia o EcuRed, y si se puede –o interesa profundizar– se siguen sus enlaces externos. De ahí que se cree tanto desconcierto cuando se limita el acceso a estos buscadores, como quedó demostrado en las preguntas recibidas por el programa.

¿Para qué más la gente entra a la red? Para revisar su correo electrónico y para compartir en las redes sociales.

En el primero de los casos, quien no tenga una cuenta institucional –por razones de trabajo– no le queda más remedio que hacerse una cuenta en Internet, si tiene acceso o para cuando lo tenga (y la gente se lo busca). No existe un servidor nacional que oferte gratuita y ampliamente este servicio, de ahí que los accesos a Gmail, Yahoo y otros servidores mails externos sean tan populares en Cuba (con el consiguiente consumo de conectividad internacional del país).

¿No sería más útil y beneficioso –para todas las partes– que contemos con servicio de email nacional gratuito y abierto mientras se cobre la conexión, como en todas partes?

Estoy seguro que, en caso de existir, sería de la preferencia de la gente, por las dificultades que se conocen cuando se tiene una cuenta electrónica en el exterior. Recuerdo que CubaSi, en sus inicios, ofreció esta posibilidad… pero desapareció casi de inmediato. Ahora ha surgido la oferta Nauta, pero sólo visible en los puntos de Etecsa (con sus colas y sus horarios para no-trabajadores) y cobrada en CUC, lo que la hace inaccesible para la mayoría de la ciudadanía.

En el segundo caso, a pesar de los ingentes esfuerzos en muchas instituciones de cortar el acceso a las redes sociales… es inevitable, porque es luchar contra la propia esencia de la creación de redes: la socialización. Pero tampoco existe una red nacional donde podamos socializar, aunque se han hecho sus intentos (hubo una que llegó a ser famosa, de la Universidad Central de Las Villas –muy parecida a Facebook–, entre otros foros que han surgido y desaparecen).

Existe una apreciación, sobre todo entre el personal dirigente, que las redes sociales son una pérdida de tiempo y hacen disminuir la eficiencia de sus trabajadores. Esto es echarle la culpa a la red de los problemas de organización del trabajo: si las personas pierden el tiempo en las redes sociales es porque no tienen nada que hacer, o porque no se les exige por su rendimiento. Es como ir a una biblioteca y, en lugar de concentrarte en el estudio, te dedicas a mirar a los demás y a comentar banalidades.

No por gusto se han hecho tan populares estas redes: con las posibilidades que ofrecen hoy día, se han convertido en una herramienta útil para tener un acceso más eficaz y directo a la información que te interesa ante el inmenso y diseminado volumen de información de Internet; puedes modificar tu perfil de tal forma que se adecua a tus intereses personales. Además de ser un vehículo de difusión de tu trabajo y mantenerte en contacto con aquellas personas que te interesa, sin contar el beneficio que tiene para el país la posibilidad de irrumpir en ellas de forma proactiva.

¿Para qué más le interesa a la ciudadanía el acceso a la red? Para vender y comprar lo que necesite (a pesar de los obstáculos que se le ha puesto a Revolico), para postear y comentar opiniones (aunque no hay ningún servidor nacional que ofrezca posibilidades abiertas de blogs), para que se faciliten sus trámites y gestiones ciudadanas (a pesar del fracaso del Portal del Ciudadano).

Ahora que se anuncian nuevas posibilidades de acceso a la red sería bueno adecuar más las políticas a la perspectiva de los intereses ciudadanos (sin descuidar los avances institucionales, pues aún quedan organismos –incluso a los más altos niveles, como la Asamblea Nacional– que al parecer le dan poco interés, a juzgar por su poca utilidad y actualización).

El sueño de la informatización de la sociedad no podrá lograrse si no se toman en cuenta las necesidades de la ciudadanía, pues su impronta y su participación son las que la hará más auténtica. No hay dudas de que ello redundará en beneficio del socialismo próspero y sustentable que estamos llamados a construir.

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