viernes, 12 de julio de 2013

Recordar a Guillén


Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7279


El Poeta Nacional cubano estuvo de cumpleaños este 10 de julio. Nicolás para los más allegados, Guillén para este pueblo que aún lo recuerda con cariño, lo respeta y lo admira, aún tiene mucho que decirnos en pleno siglo XXI, a 111 años de su nacimiento.

El homenaje de la UNEAC —su organización, la que él fundara en 1961 junto a un grupo de intelectuales revolucionarios— empezó temprano en la mañana, con una ofrenda floral ante la escultura que le recuerda en el jardín de la casona de 17 y H. Le acompañaron Abel Prieto y Miguel Barnet, junto a trabajadores y miembros de la organización, previo al primer encuentro de la Comisión Preparatoria del próximo VIII Congreso de la UNEAC, que no por gusto escogió este día para reunirse.

En la tarde continuó el tributo y nada mejor que un Coloquio para analizar su legado, organizado por la Fundación que lleva su nombre, en donde se celebró no solo su cumpleaños sino también el aniversario 60 del asalto al Cuartel Moncada. Porque, sin dudas, Revolución y Guillén están indisolublemente ligados.

El panel Todo empezó de esta manera, alegórico a su espíritu fundacional, incluyó a la investigadora Ana Cairo quien disertó sobre “Los 40 y 50 según Guillén”, a Denia García Ronda que habló sobre “La paloma de vuelo popular: Exilio y Víspera” –rindiendo tributo a este trascendental poemario de su obra literaria, en su aniversario 55 de publicado– y a Guillermo Rodríguez Rivera quien profundizó en un tema ineludible: “Guillén y la Revolución cubana”.

De tanto que se ha hablado y leído a Guillén, pudiera parecernos que lo conocemos todo, pero nada más alejado de la realidad. El propio Nicolás Hernández Guillén, nieto del poeta y Presidente de la Fundación, se alegró de que los panelistas no recorrieran caminos trillados y analizaran nuevas aristas, que ayudan a seguir profundizando en su estudio para las nuevas generaciones de cubanos.

Ana Cairo planteó temprano el reto al analizar en el trabajo poco conocido del poeta entre las décadas del 40 y 50 del pasado siglo, cuando se mueve entre dos zonas muy vinculadas, como vasos comunicantes: el periodismo y la poesía. La trascendencia de su obra en ese momento es como cronista de la época, que se convierte en lectura obligada para quien quiera entender la Cuba de ese período. Aseveró que, participando de esa forma en la vida social cubana, los gobiernos de Grau San Martín y Prío Socarrás se pueden estudiar de una forma deliciosa a través de sus escritos.

En su análisis, Ana Cairo fue más atrás, cuando se forjó esa faceta de Guillén, al trabajar como Jefe de Redacción en la revista humorística El Loco del año 1934, realizando humorismo y sátira con claras alusiones a la política de entonces. Posteriormente, desarrolló su labor periodística profesional en la revista Mediodía, donde escribía artículos y décimas con incidencia social. Todo ello sirvió de entrenamiento al magnífico cronista en que se convirtió, desarrollando una gran habilidad para seleccionar la información y reseñar, con maestría singular, los sucesos más interesantes del día o la semana en el país.

Destacó además la gran sensibilidad que tenía Guillén para la política, hacia la cual sentía mucho entusiasmo. Ello abrió una interesante observación en la vida del poeta: la estrecha relación que existió entre el Che y Guillén, dos hombres tan diferentes y entre los que indudablemente surgió una gran empatía. Tal vez porque al Che –hombre de política– le interesaba mucho la poesía y a Guillén –hombre de poesía– le interesaba tanto la política, señaló.

En ese sentido, Ana Cairo rememoró que el primer recital de poesía realizado en Cuba tras el triunfo de la Revolución lo protagonizó Guillén junto al Che en febrero de 1959, ante los soldados analfabetos que se encontraban en La Cabaña. Este recital se reeditó en agosto de 1960, durante un congreso médico al que había sido invitado el Che y al cual invitó a Guillén, para repetir esa experiencia.

Como muestra de esa empatía, Nicolás Hernández Guillén recordó algo que se ha conocido poco: entre las pertenencias que se encontraron en la mochila del guerrillero se encontraba una agenda de notas en las que el Che había copiado varios textos de escritores trascendentes y del que más tenía era de Guillén, con 15 de sus poemas. Por su parte, entre la creación artística de Guillén se pueden encontrar 5 poemas dedicados al mítico guerrillero.

Nicolás también se preguntó sobre el posible origen de esa relación, tal vez porque el Che hubiera conocido la obra de Guillén desde Argentina, donde ya era conocido hacía años. A partir de una reflexión que hiciera Guillermo Rodríguez Rivera, sobre la estancia de Guillén en Guatemala durante el gobierno de Jacobo Arbenz, también surgió la posibilidad de que se hubieran encontrado entonces, cuando coincidieron los dos durante los momentos revolucionarios de esa nación centroamericana. Conjeturas aún por investigar en la vida del poeta.

Por su parte, Denia García Ronda, al analizar el poemario La paloma de vuelo popular, profundizó en el optimismo consciente que se desbordó siempre de la obra de Guillén, reflejo de su firme convicción ante el cambio revolucionario en Cuba, de la inevitable victoria de las fuerzas progresistas en el país en poco tiempo. La publicación de este libro en Buenos Aires tres días antes del triunfo de la Revolución fue una premonición de lo inevitable –que ya habría anunciado desde 1951 en Elegía a Jesús Menéndez– y un saludo a la victoria.

Calificó este poemario como “el libro del exilio de Guillén”, escrito durante su peregrinar por diferentes países en la segunda mitad de la década del 50, agravado por “manos en la sombra” que lucharon denodadamente por hacerle la vida angustiosa dondequiera que estuviera, por ser un poeta cubano comunista con gran prestigio internacional. Sin embargo, destacó que la colección no refleja a un viajero recogiendo experiencias por donde pasa, sino a un luchador que añora y que confía en el cambio seguro de su patria.

Esta reflexión dio la oportunidad a Guillermo Rodríguez Rivera para resaltar la visión política que tuvo Guillén, más allá de las percepciones que tenía el Partido Socialista Popular –el Partido Comunista, al que pertenecía–, que avizoró en el movimiento revolucionario del Moncada y de la Sierra como el eje del cambio en Cuba, el que provocaría una transformación radical en el país.

En La paloma de vuelo popular el poeta avizora la Revolución, enfatizó, previendo el “cambio de época” que tuvo lugar en Cuba y en Latinoamérica posteriormente. A tal punto que, como recordara Nicolás Hernández Guillén en fecha tan temprana como 1953 su abuelo le diría a Gabriel García Márquez: “en el panorama cubano la única esperanza es un joven llamado Fidel Castro”.

Otro tema tratado, que no por conocido tuvo menos trascendencia, fue el relacionado con el racismo en la obra de Guillén. Guillermo Rodríguez Rivera, al referirse a la atención de este asunto en los trabajos del poeta, destacó su firme creencia en la abolición de la discriminación racial a partir del triunfo de la Revolución y los cambios sociales que implicaron, lo cual ha debido transcurrir por caminos más complejos.

Por su parte, Ana Cairo llamó la atención en que tal vez la amplia difusión que han tenido algunas de sus obras ha creado la ilusión de que Guillén tenía una idea utópica sobre la eliminación de la discriminación racial en Cuba. Sin embargo, alertó sobre la necesidad de continuar profundizando en los textos del escritor, sobre todo en aquellos que escribió en los años 60 para la agencia de prensa soviética Nóvosti, donde se observa la claridad que tenía el Poeta Nacional entre la aspiración de abolir la discriminación racial y las dificultades que enfrentaba la sociedad al respecto. Otra de las líneas aún por investigar en la vida del escritor.

La velada culminó con la declamación del poema de Natacha Santiago Elegía en Carnaval para la palomao Siempre es 26, dedicado a la memoria de Nicolás Guillén y al asalto al Cuartel Moncada, y un concierto del grupo La otra mitad, con la interpretación de algunos de los poemas de Guillén musicalizados.

Un homenaje justo y profundo para quien fue fundador y poeta, patriota y cronista, revolucionario y trascendente. Para todos quedó clara la importancia de estudiar a fondo su legado pues, por mucho que nos parezca conocido, aún quedan espacios que estudiar.
Como sentenciara Nicolás Hernández Guillén, su obra nos entrega mucho conocimiento sobre su visión y sus consideraciones en aspectos fundamentales de la nación cubana, que serán de gran utilidad en estos tiempos para enfrentar las dificultades y prever el futuro. Esa es la entrega más comprometida del artista revolucionario que fue Nicolás Guillén.

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