La televisión cubana decidió, finalmente, poner fin al
silencio en el debate y la difusión de la política que se desarrolla en el país
con relación al acceso a Internet y las redes nacionales, en sus Mesas Redondas
Informativas del 7 y 8 de agosto. Difícil que en dos horas de transmisión se
puedan satisfacer todas las interrogantes y preocupaciones acumuladas tanto
tiempo por la población, pero ha sido bueno dar el primer paso.
Dos cosas me han quedado claras después de ver estos
programas: la primera es la imperiosa necesidad de superación comunicativa para
muchos de nuestros funcionarios, pues deberían cumplir eficientemente con su
labor de comunicar a la ciudadanía las políticas instituidas, en cuanto son funcionarios
públicos. Además de las complejidades
tecnológicas: con excepción del funcionario de Cubarte, pocas veces he visto
más útil las interrupciones del moderador.
No me considero un neófito en el tema, pero debo admitir que
me fue muy difícil comprender algunos aspectos y es fácil ver que, para
entenderles, habrán pasado mucho trabajo muchas personas en Cuba, totalmente
desligadas a las cuestiones tecnológicas. Al menos mi padre, que es FANÁTICO
(así, con mayúsculas) a las Mesas Redondas –pero por su edad está muy alejado
de la generación informática–, a los 15 minutos apagó su televisor y se puso a
hacer labores domésticas.
La segunda observación está más relacionada con el
contenido: me queda claro que, al parecer, han avanzado con cierto éxito las
estrategias de desarrollo de la incorporación de Cuba a la red con una
perspectiva desde las instituciones hacia la ciudadanía… pero falta mucho
camino por recorrer a la inversa.
Cualquier persona medianamente clara en cuestiones de economía-política
comprende las dificultades del país en la contratación de un mayor ancho de
banda a los proveedores del servicio de Internet a Cuba –que, por demás, entendí
que son estadounidenses. También es comprensible, por las mismas razones, la
prioridad que se le ha dado al fortalecimiento de las redes de educación, salud
y cultura: a la par de ofrecer abundante información a la población, para el
desarrollo de sus principales programas sociales, promueve avances
indiscutibles de la Revolución.
Pero ese es un enfoque desde arriba, desde lo que la
institucionalidad promociona y le interesa que la gente vea, tanto en Cuba como
en el exterior. Sin embargo, desde abajo los intereses varían… y surgen las
insatisfacciones.
Por lo general, amén del poco conocimiento que tenemos sobre
todo lo que podemos encontrar en las redes nacionales, la gente sabe dónde localizar
lo que busca para sus necesidades profesionales o educativas. O si no, trata de
encontrarlo en el buscador Google, Wikipedia o EcuRed, y si se puede –o
interesa profundizar– se siguen sus enlaces externos. De ahí que se cree tanto
desconcierto cuando se limita el acceso a estos buscadores, como quedó demostrado
en las preguntas recibidas por el programa.
¿Para qué más la gente entra a la red? Para revisar su
correo electrónico y para compartir en las redes sociales.
En el primero de los casos, quien no tenga una cuenta
institucional –por razones de trabajo– no le queda más remedio que hacerse una
cuenta en Internet, si tiene acceso o para cuando lo tenga (y la gente se lo
busca). No existe un servidor nacional que oferte gratuita y ampliamente este
servicio, de ahí que los accesos a Gmail, Yahoo y otros servidores mails externos
sean tan populares en Cuba (con el consiguiente consumo de conectividad
internacional del país).
¿No sería más útil y beneficioso –para todas las partes– que
contemos con servicio de email nacional gratuito y abierto mientras se cobre la
conexión, como en todas partes?
Estoy seguro que, en caso de existir, sería de la
preferencia de la gente, por las dificultades que se conocen cuando se tiene
una cuenta electrónica en el exterior. Recuerdo que CubaSi, en sus inicios, ofreció esta posibilidad… pero desapareció
casi de inmediato. Ahora ha surgido la oferta Nauta, pero sólo visible en los puntos de Etecsa (con sus colas y
sus horarios para no-trabajadores) y cobrada en CUC, lo que la hace inaccesible
para la mayoría de la ciudadanía.
En el segundo caso, a pesar de los ingentes esfuerzos en muchas
instituciones de cortar el acceso a las redes sociales… es inevitable, porque es
luchar contra la propia esencia de la creación de redes: la socialización. Pero
tampoco existe una red nacional donde podamos socializar, aunque se han hecho
sus intentos (hubo una que llegó a ser famosa, de la Universidad Central de Las
Villas –muy parecida a Facebook–, entre otros foros que han surgido y
desaparecen).
Existe una apreciación, sobre todo entre el personal
dirigente, que las redes sociales son una pérdida de tiempo y hacen disminuir
la eficiencia de sus trabajadores. Esto es echarle la culpa a la red de los
problemas de organización del trabajo: si las personas pierden el tiempo en las
redes sociales es porque no tienen nada que hacer, o porque no se les exige por
su rendimiento. Es como ir a una biblioteca y, en lugar de concentrarte en el
estudio, te dedicas a mirar a los demás y a comentar banalidades.
No por gusto se han hecho tan populares estas redes: con las
posibilidades que ofrecen hoy día, se han convertido en una herramienta útil
para tener un acceso más eficaz y directo a la información que te interesa ante
el inmenso y diseminado volumen de información de Internet; puedes modificar tu
perfil de tal forma que se adecua a tus intereses personales. Además de ser un
vehículo de difusión de tu trabajo y mantenerte en contacto con aquellas
personas que te interesa, sin contar el beneficio que tiene para el país la
posibilidad de irrumpir en ellas de forma proactiva.
¿Para qué más le interesa a la ciudadanía el acceso a la
red? Para vender y comprar lo que necesite (a pesar de los obstáculos que se le
ha puesto a Revolico), para postear y
comentar opiniones (aunque no hay ningún servidor nacional que ofrezca
posibilidades abiertas de blogs), para que se faciliten sus trámites y gestiones
ciudadanas (a pesar del fracaso del Portal
del Ciudadano).
Ahora que se anuncian nuevas posibilidades de acceso a la red
sería bueno adecuar más las políticas a la perspectiva de los intereses
ciudadanos (sin descuidar los avances institucionales, pues aún quedan
organismos –incluso a los más altos niveles, como la Asamblea Nacional– que al
parecer le dan poco interés, a juzgar por su poca utilidad y actualización).
El sueño de la informatización de la sociedad no podrá
lograrse si no se toman en cuenta las necesidades de la ciudadanía, pues su
impronta y su participación son las que la hará más auténtica. No hay dudas de
que ello redundará en beneficio del socialismo próspero y sustentable que
estamos llamados a construir.
lunes, 12 de agosto de 2013
lunes, 5 de agosto de 2013
#StopUSembargovsCuba
The United
Nations General Assembly considers every October since 1992 –or November,
according to the agenda– a resolution presented by the Cuban delegation with
the title Necessity of Ending the
Economic, Commercial and Financial Embargo imposed by the United States of
America against Cuba. For more than 20 years it has been approved, year by
year, with the support of the vast majority of countries represented in this
important international organization.
The
resolution is a brief draft, where the title expresses the most important idea.
In the text can be read: [The General
Assembly] «Reiterates its call upon all States to refrain from promulgating and
applying laws and measures of the kind» of «unilateral application of economic and trade
measures by one State against another that affect the free flow of
international trade».
The session
where this resolution is considered has a special connotation in the United Nation’s
system: it is one of the very few moments when the General Assembly room is
full of delegations and one of the very few moments when most delegations can accuse
the United States for its foreign policy. At the same time, it is also one of
the very few moments when the US delegation feels more isolated in the United
Nations, with a speech that is rejected by almost everyone.
The last
opportunity, on 13 November 2012, the resolution was approved by 188 nations;
only 3 countries voted in favor (USA, Israel and Palau) and 2 abstained
(Marshall Islands and Micronesia). At the end of the voting process, there is a
very long line in front of the Cuba chair, to congratulate the highest
representative of the island for its victory. But it is not the Security
Council: the General Assembly resolutions are not mandatory; they only express
a political will.
This
political conflict began much earlier, when President Kennedy signed on 7
February 1962 the regulations of the embargo
policy towards Cuba, as a continuity of pressures against the Cuban
government to destroy its revolutionary process. Many people believe it was a
result of Soviet support and Cuban declaration of a “Socialist revolution”, but
the reality is that this declaration happened on 17 April 1961 and the United
States was using economic pressures even before: limiting the “sugar quota” in
1960 –from which Cuba was totally dependent– until its elimination on 31 March
1961 and reducing all ties with Cuba, until braking diplomatic relations on 3
January 1961.
The
objectives of the embargo policy are
clear in a 1960 State Department memorandum on this regard: «Most Cubans support
Castro. There's no effective political opposition (...) the only foreseeable
means to alienate internal support is by creating disillusionment and
discouragement based on lack of satisfaction and economical difficulties. We
should immediately use any possible measure to cause hunger, desperation and
the overthrow of the Government».
As a result,
in this more than 50 years there hasn’t been normal trade or tourism between
the two countries, the prohibition for Cuba to use US dollars in any
international transaction has caused several damages to the Cuban economy, the
same as –among others– the prohibition to import any product that contains at
least 10% of American components and vice versa, that has created great
problems for the Cuban foreign trade.
The
strengthening of this policy, with the Cuban
Democracy Act of 1992 –known as Torricelly
Act– and the Cuban Liberty and Democratic Solidarity (Libertad) Act of 1996 –Helms-Burton Act–, leaded to bigger problems as they contained the prohibition
to any American subsidiary all over the world to trade or invest in Cuba, the
prohibition to any ship entering to Cuba to stop in any American harbor 6
months before or after it, the extraterritoriality
of the embargo and its codification.
Because of
this codification, included in Section
102 Title I of the Helms-Burton Act, the US administrations have lost
their possibility to change any regulation of the embargo. As it became
American law, it only can be changed by the Congress, where they have some
congressmen –basically of Cuban origin, who respond to the rich extremists Cuban-Americans
based in Miami– whose main political agenda is not to change it and to
jeopardize as much as possible the relationship between the two countries.
Those
people claim that Cuba needs the embargo because it helps to justify its failure.
It is true that sometimes it’s been used by some cunning managers to hide their
inefficiencies… but nothing better to go against this excuse than lifting it, as
soon as possible. The best demonstration that the Cuban government fights
hardly against the embargo is the 22 resolutions approved by the UN General
Assembly, with the great support of the international community.
What is a
reality is that this policy has caused to the Cuban economy the waste of more
than 900 billion US dollars in these 50 years and its consequences are faced by
normal Cuban people in their daily life: there are huge problems to receive
advanced medicines for patients in their universal and free health care system,
Cubans create all kind of parts and pieces to repair equipments, work strongly
to find funds to restore buildings, have developed an incredible ability to
avoid the US restrictions to find markets for their products... and a long
etcetera.
But
limitations go beyond their borders and many Cubans traveling and living abroad
have felt its consequences, as well as foreign companies and persons trying to
do business with Cuba; such as the difficulties applied by Austrian BAWAG Bank in 2007 to Cubans living
there and having a bank account with them, or the 619 million fine imposed to
the Dutch ING Bank by the US Treasury
Department in 2012.
Even the American
economy is affected by this policy, not only because of the people who want to
travel to Cuba and those who would love to have normal ties for their
businesses, only 90 miles away: according to the US Chamber of Commerce the
American government wastes 1.2 to 3.6 billion dollars per year to implement the
embargo.
Too much
money and pain –at both sides– for too long because of a policy that has
demonstrated to be obsessive, obsolete and a failure, taking into account its
original purposes.
More than
50 years later, it hasn’t had important effects on the social support of the
Cuban government, even when it has been accompanied by armed threats, terrorist
actions, manipulation of information and propaganda campaign, organization and
support of fabricated groups to destabilize the country.
It is time
to #StopUSembargovsCuba
martes, 23 de julio de 2013
Conocimiento y ejemplo para las nuevas generaciones de cubanos
Publicado en: http://www.uneac.co.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=7300
En la literatura histórico-social, los textos biográficos y testimoniales tienen una particular trascendencia en la preservación de la memoria histórica de la nación; sobre todo, para dar a conocer la vida y la obra de aquellas personas que han sido ejemplo de nuestros valores más preciados.
Esa ha sido la divisa que impulsó al escritor Humberto Rodríguez Manso, historiador de la UNEAC y Secretario Ejecutivo de la Fundación Nicolás Guillén, al escribir el libro Raúl García Peláez: una historia de vida (Editora Política, 2013). Para Rodríguez Manso, los principios revolucionarios que sustentó García Peláez deben ser de conocimiento y ejemplo de las nuevas generaciones de cubanos, pues “se caracterizó por su ejemplaridad y su plena dedicación al servicio de la Revolución cubana. Ejerció con amor el don sagrado de la amistad y la lealtad. Diestro en el consejo formador, su palabra era honesta y aleccionadora; su caballerosidad era innata en él, su decencia era congénita”.
La presentación del libro, el pasado miércoles 17 de julio en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC, fue realizada por Jorge Risquet Valdés, quien fuera elegido –junto a Raúl García Peláez– entre los 100 miembros del primer Comité Central del Partido, el 3 de octubre de 1965, y luego como miembros del Secretariado del Buró Político del PCC.
Risquet rememoró no sólo la enorme capacidad de trabajo de Raúl en ambas responsabilidades, sino su brillante hoja de servicios a la Revolución desde mucho antes, cuando en las filas ortodoxas denunció el asesinato de Jesús Menéndez y repudió el golpe de estado de Batista en 1952, al igual que su ferviente lucha –junto a Cándido González– en el Movimiento 26 de Julio en su natal Camagüey, cuya célula provincial fuera fundada en una finca de su familia a mediados de 1955.
Destacó además su labor diplomática como Embajador en la URSS por 6 años y en Afganistán, donde se requería de un compañero que poseyera “la experiencia, la firmeza y la sabiduría política necesaria” para una misión tan compleja, en donde “demostró su audacia y talento político”.
En el prólogo del libro se puede leer la alta valoración que Eusebio Leal también le atribuye a la función diplomática de Raúl: “Con su abnegada labor, él demostró aquella máxima de que los embajadores han de cumplir instrucciones, pero que sus opiniones y valoraciones deben servir a su propio país para formarse una idea clara de aquel en el cual ejercen representación. Todo buen diplomático sabrá sortear escollos, fomentar la amistad, unir lazos y evitar esa apatía en que algunos se sumergen, limitándose sólo a escribir informes referenciales que no pocas veces distorsionan la realidad”.
El libro, escrito en forma testimonial, recoge las vivencias del autor y de numerosas personas que acompañaron a García Peláez durante su trayectoria revolucionaria –como Armando Hart, Julio Camacho Aguilera, Faustino Pérez, Faure Chomón, Raúl Valdés Vivó, Jorge Enrique Mendoza, entre muchos otros–, que también incluyó la clandestinidad ante la persecución de los soldados de Batista, el exilio en México, la limpia del Escambray, la Secretaría del Comité Provincial de las ORI en Matanzas y su trabajo en el Ministerio de Comunicaciones, al final de su vida.
El autor, Humberto Rodríguez Manso (Camagüey, 1931), es Licenciado en Periodismo y Contador profesional; ha sido condecorado con las medallas Raúl Gómez García y Centenario del Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén. Recibió dos medallas por Misión Internacionalista en Angola y Nicaragua, posee medallas por la lucha clandestina y aniversarios de las FAR. Ha publicado también los libros La Peregrina, Un siglo de anhelado regreso, Cándido González Morales, revolucionario sin tacha y México en Guillén.
Raquel Riverón, viuda de García Peláez, agradeció visiblemente emocionada el homenaje en que se convirtió la presentación del libro, ante una sala abarrotada de personas que desafiaron la lluvia y entre quienes se encontraban Miguel Barnet, Presidente de la UNEAC, y Nancy Morejón, Presidenta de la Asociación de Escritores.
Sin embargo, dos momentos impactaron al auditorio reunido esa tarde, que quedaron como el mejor recuerdo de Raúl García Peláez. Raquel pidió permiso a Guido López Gavilán para terminar su intervención con palabras de su testimonio en el libro y concluyó: “me gustaría que todos le recordaran con su imagen siempre sonriente”.
Por su parte, Jorge Risquet cerró su intervención destacando un hecho que simboliza la personalidad de Raúl, cuando organizó a un grupo de personas que fueron al Surgidero de Batabanó a recibir a Fidel y los moncadistas –tras la amnistía que los sacara del Presidio Modelo de la Isla de Pinos– y al encontrarse Raúl le dijo: “con usted, Fidel, y la Revolución, hasta la muerte”.
lunes, 22 de julio de 2013
Los periodistas en Congreso… otra vez
Los asociados de la UPEC acaban de terminar su 9no Congreso,
una nueva oportunidad de hacer balances del trabajo de la prensa en los últimos
años y de analizar la política informativa del país. Una vez más pudieron
criticar, al duro y sin guante, los problemas que identificaron en ese complejo
proceso informativo… que llevamos décadas por solucionar.
Yo no soy de los más viejos en esto y recuerdo que, cuando
estaba en la Universidad y daba mis primeros pasos en tratar de entender los
problemas políticos del país y del mundo, se hizo el llamamiento al 4to
Congreso del Partido –un proceso que tuvo una amplia participación popular en
1991, tras el derrumbe del socialismo en Europa del Este– en el que la prensa
fue uno de los objetivos colimados por muchos.
Y se le criticaba más o menos lo mismo desde entonces, lo
que se ha reiterado periódicamente en estos más de 20 años tras cada Congreso
de la UPEC: el secretismo, el triunfalismo, las medias verdades, el síndrome de «la tuya»
–esa genial frase que se le adjudica a Retamar, en referencia a la publicación
de airadas respuestas ante ofensas y mentiras que no se publican (nunca nos enteramos de cuándo nos mentaron
la madre)–, los silencios inútiles ocupados oportunistamente por otras
fuentes interesadas en destruirlo todo… en fin, tener una prensa dinámica,
revolucionaria, que se parezca más al país en que vivimos.
Y a medida que van pasando los años, los problemas aumentan
y se le agregan nuevos retos. Ahora tenemos algo que hace 20 años era
impensable: las nuevas tecnologías de
la información y las comunicaciones, que han venido a hacer un periodismo cada
vez más plural y participativo.
Ya en un post anterior,
alabando la entrada de TeleSur a nuestro mundo informativo nacional, me refería
a cómo se puede hacer un periodismo revolucionario, dinámico, popular,
participativo y con el uso oportuno de las tecnologías. Entiendo que el gremio
periodístico defienda a ultranza la profesionalidad de la prensa, pero debemos
estar claros que el periodismo en el siglo XXI recorre caminos mucho más allá
de las fronteras de las Universidades y la conformación de la noticia se ha
vuelto un hecho colectivo… para bien y para mal: lo mismo para denunciar la
represión policial contra los campesinos colombianos del Catatumbo, que para
mentir sobre supuestos éxitos armados de la oposición siria, para denunciar el espionaje
de los poderosos por las redes sociales o para crear estados de opinión contra
los vendedores ambulantes.
Como siempre, en este Congreso se escucharon algunas
intervenciones brillantes, otras no tanto y algunas –cada vez menos, por
suerte– machacando más en las justificaciones del inmovilismo mediático.
Pero como decía alguien recientemente, la UPEC ni es dueña
de los medios ni traza las políticas; por lo tanto, en sus manos no está resolver
el problema. Sin embargo, sí le toca un papel de alerta, de señalamiento, de catarsis –si, no hay que tenerle miedo a
ese término, también es necesaria la catarsis para que avancen las políticas–
después de tanto tiempo sin acabar de poner las cosas en su lugar.
Para asombro de muchos la intervención más espectacular vino
de Miguel Mario Díaz-Canel, quien elocuentemente mostró un derroche de
autocríticas y visiones de futuro que bien pudieron despertar la esperanza a
quienes queremos una renovada prensa en Cuba, mientras más temprano mejor.
Aunque sorprendió a otros que el resumito que diera el Noticiero no se
pareciera mucho a su profunda y valiente intervención… y, además, que quien no
lo vio en la Mesa Redonda de ese día se quedó con las ganas de saber lo que
dijo porque, a pesar de ser Vicepresidente Primero, no le tocaron versiones
taquigráficas al día siguiente en la prensa nacional.
Una vez más, ojalá y este Congreso sea un renovado estímulo para
elaborar políticas que conduzcan a una prensa atractiva, moderna y aterrizada, para
cumplir con el Objetivo de Trabajo No. 70 de la Conferencia Nacional del
Partido, el cual aboga porque los medios «informen de manera
oportuna, objetiva, sistemática y transparente la política del Partido sobre el
desarrollo de la obra de la Revolución, los problemas, dificultades,
insuficiencias y adversidades que debemos enfrentar; supriman los vacíos
informativos y las manifestaciones del secretismo, y tengan en cuenta las
necesidades e intereses de la población.».
Más que
posible, es necesario.
lunes, 15 de julio de 2013
Parlamento, democracia y participación
La Asamblea Nacional del Poder Popular acaba de terminar la primera sesión de su 8va Legislatura. Otra vez el máximo órgano de poder en Cuba se enfrenta a una legislatura renovada, en esta ocasión con un 67% de nuevos miembros, un número importante porque indica que su mayoría se estrena en este ejercicio.
Y otra vez pasan sus “debates” sin penas ni glorias a imagen vista de la población, con excepción de algunas intervenciones puntuales –incluyendo la de Raúl, siempre crítica y precisa, la de Murillo y la de alguna que otra persona… como René, con ese lenguaje llano y sentido. Pero, en casi todos los casos, presentadas en forma de instrucciones –o explicación de decisiones ya tomadas– de los dirigentes hacia los parlamentarios y, por extensión, hacia la ciudadanía.
Tal parece que en el Parlamento no se discuten los problemas que preocupan ahora mismo a los ciudadanos, los que están en la boca de todos en las calles. Y no sé si esa impresión es porque en verdad no sucede o porque el pequeño resumen que presentan –dos programas de una hora y media cada uno para todas las reuniones de las comisiones y la plenaria de la Asamblea– no lo muestra, lo que vendría a sumarse a los problemas que conocemos de la política informativa en el país.
Alguien que ha participado en otras ocasiones en estas reuniones me comentó que si, que se armaban tremendos debates… pero la gente no los ha visto. Y eso que el artículo 80 de la Constitución de la República establece que «las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular son públicas, excepto en el caso en que la propia Asamblea acuerde celebrarlas a puertas cerradas por razón de interés de Estado». [1] Y no todo deberá ceñirse a ese ambiguo término de interés de Estado, mucho menos cuando se trata del interés de la ciudadanía.
El Presidente en la sesión de clausura habló de cuestiones medulares para la nación, sobre la indisciplina social y el desorden institucional –que hace rato nuestro pueblo maneja–, y su reconocimiento por la máxima dirección del Estado establecen un momento de reflexión importante para organizar estrategias e intentar hallarles una solución, pero… ¿cuánto de eso se discutió entre los parlamentarios? Igual sucede con las trascendentales políticas económicas tomadas, en cumplimiento de los Lineamientos del 6to. Congreso del Partido, que fueron informadas por Murillo… ¿y qué discutieron los representantes del pueblo al respecto?
Rosa Luxemburgo, esa incuestionable líder del movimiento comunista internacional, con una profunda e indiscutible formación marxista, indicaba que de lo que se trataba era de «conquistar el poder político para crear una democracia socialista, en reemplazo de la democracia burguesa» [2]. O sea, un acto de permanente creatividad para garantizar «la participación más activa e ilimitada posible de la masa popular, la democracia sin límites».[2]
Y no viene al caso ahora profundizar en la obsolescencia o no del concepto de “democracia”, sobre todo por el entendimiento que ha tenido como el predominio de la mayoría sobre la minoría, un concepto que nació sesgado –excluyendo a mujeres y esclavos– y ha sido uno de los más vilipendiados en la historia de la humanidad. Hay quien ha querido compensarlo poniéndole apellido: “democracia participativa”, lo que aún está por demostrarse pues, hasta aquellas más democráticas, siguen erigiéndose sobre la base de la representación. Por eso la interpretación de Rosa Luxemburgo suena más completa: «la participación más activa e ilimitada posible de la masa popular».
Sobre esa base, en el contexto de la presente actualización del modelo económico, es perentorio continuar buscando fórmulas –de forma creativa– que garanticen una mayor y más completa participación de la ciudadanía en los órganos del poder popular y las decisiones políticas.
Ya en un post anterior comentaba algunas ideas para lograr una mejor interacción entre el pueblo y los delegados y diputados que eligieron, para que no tuvieran que esperar otros cinco años en volver a verles. Pero la participación también pasa, indudablemente, por que la ciudadanía conozca a plenitud lo que se discute en los órganos del poder popular pues, como dice nuestra Constitución en su artículo 3, es en el pueblo donde radica la soberanía y no a la inversa: «la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado». [1]
Y de paso, aunque no menos importante, le permite a la ciudadanía conocer el desempeño de las personas a quienes le confió su mandato de representación ante los órganos de poder, los que deberán asumir con toda responsabilidad la soberanía del pueblo.
Cambios saludables, que no requieren de transformaciones legales –porque en realidad están contenidos en nuestras normas jurídicas–, los cuales harán más dinámica nuestra democracia y una ciudadanía más consciente de sus derechos y deberes. Una información que, en la medida que sea más completa, nos hará más responsables hacia la sociedad.
NOTAS:
[1] Constitución de la República de Cuba, en: http://www.gacetaoficial.cu/html/constitucion_de_la_republica.html
[2] Rosa Luxemburgo, Democracia y Dictadura en “La Revolución Rusa” (http://www.marxismo.org/files/11Larevolucionrusa_0.pdf)
Y otra vez pasan sus “debates” sin penas ni glorias a imagen vista de la población, con excepción de algunas intervenciones puntuales –incluyendo la de Raúl, siempre crítica y precisa, la de Murillo y la de alguna que otra persona… como René, con ese lenguaje llano y sentido. Pero, en casi todos los casos, presentadas en forma de instrucciones –o explicación de decisiones ya tomadas– de los dirigentes hacia los parlamentarios y, por extensión, hacia la ciudadanía.
Tal parece que en el Parlamento no se discuten los problemas que preocupan ahora mismo a los ciudadanos, los que están en la boca de todos en las calles. Y no sé si esa impresión es porque en verdad no sucede o porque el pequeño resumen que presentan –dos programas de una hora y media cada uno para todas las reuniones de las comisiones y la plenaria de la Asamblea– no lo muestra, lo que vendría a sumarse a los problemas que conocemos de la política informativa en el país.
Alguien que ha participado en otras ocasiones en estas reuniones me comentó que si, que se armaban tremendos debates… pero la gente no los ha visto. Y eso que el artículo 80 de la Constitución de la República establece que «las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular son públicas, excepto en el caso en que la propia Asamblea acuerde celebrarlas a puertas cerradas por razón de interés de Estado». [1] Y no todo deberá ceñirse a ese ambiguo término de interés de Estado, mucho menos cuando se trata del interés de la ciudadanía.
El Presidente en la sesión de clausura habló de cuestiones medulares para la nación, sobre la indisciplina social y el desorden institucional –que hace rato nuestro pueblo maneja–, y su reconocimiento por la máxima dirección del Estado establecen un momento de reflexión importante para organizar estrategias e intentar hallarles una solución, pero… ¿cuánto de eso se discutió entre los parlamentarios? Igual sucede con las trascendentales políticas económicas tomadas, en cumplimiento de los Lineamientos del 6to. Congreso del Partido, que fueron informadas por Murillo… ¿y qué discutieron los representantes del pueblo al respecto?
Rosa Luxemburgo, esa incuestionable líder del movimiento comunista internacional, con una profunda e indiscutible formación marxista, indicaba que de lo que se trataba era de «conquistar el poder político para crear una democracia socialista, en reemplazo de la democracia burguesa» [2]. O sea, un acto de permanente creatividad para garantizar «la participación más activa e ilimitada posible de la masa popular, la democracia sin límites».[2]
Y no viene al caso ahora profundizar en la obsolescencia o no del concepto de “democracia”, sobre todo por el entendimiento que ha tenido como el predominio de la mayoría sobre la minoría, un concepto que nació sesgado –excluyendo a mujeres y esclavos– y ha sido uno de los más vilipendiados en la historia de la humanidad. Hay quien ha querido compensarlo poniéndole apellido: “democracia participativa”, lo que aún está por demostrarse pues, hasta aquellas más democráticas, siguen erigiéndose sobre la base de la representación. Por eso la interpretación de Rosa Luxemburgo suena más completa: «la participación más activa e ilimitada posible de la masa popular».
Sobre esa base, en el contexto de la presente actualización del modelo económico, es perentorio continuar buscando fórmulas –de forma creativa– que garanticen una mayor y más completa participación de la ciudadanía en los órganos del poder popular y las decisiones políticas.
Ya en un post anterior comentaba algunas ideas para lograr una mejor interacción entre el pueblo y los delegados y diputados que eligieron, para que no tuvieran que esperar otros cinco años en volver a verles. Pero la participación también pasa, indudablemente, por que la ciudadanía conozca a plenitud lo que se discute en los órganos del poder popular pues, como dice nuestra Constitución en su artículo 3, es en el pueblo donde radica la soberanía y no a la inversa: «la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado». [1]
Y de paso, aunque no menos importante, le permite a la ciudadanía conocer el desempeño de las personas a quienes le confió su mandato de representación ante los órganos de poder, los que deberán asumir con toda responsabilidad la soberanía del pueblo.
Cambios saludables, que no requieren de transformaciones legales –porque en realidad están contenidos en nuestras normas jurídicas–, los cuales harán más dinámica nuestra democracia y una ciudadanía más consciente de sus derechos y deberes. Una información que, en la medida que sea más completa, nos hará más responsables hacia la sociedad.
NOTAS:
[1] Constitución de la República de Cuba, en: http://www.gacetaoficial.cu/html/constitucion_de_la_republica.html
[2] Rosa Luxemburgo, Democracia y Dictadura en “La Revolución Rusa” (http://www.marxismo.org/files/11Larevolucionrusa_0.pdf)
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