domingo, 27 de octubre de 2013

Cambios ¿En serio?

Mucho han dado que hablar los cambios de la «actualización del modelo económico», tanto en Cuba como más allá. Los más optimistas vimos en ellos una posibilidad de salvar al socialismo, con una nueva ruta… los más pesimistas hablaron de cambios “cosméticos” y “temporales”, que no conducían a nada.

Tal vez uno de los mayores aciertos de la Revolución cubana ha sido realizar los cambios básicos en cada momento, para adecuar el modelo a su contexto histórico. No todos los cambios que algunos hubieran querido, es verdad, ni a la velocidad que otros hubieran deseado… pero, en la realidad, la Cuba de hoy no se parece a la de los 90, mucho menos a la de los 80 o a la de los 60. Aunque en esencia sigue siendo la misma.

En esta última etapa, muchos han sido los cambios. Unos eran inaplazables –me refiero a las prohibiciones absurdas, como el acceso de nacionales cubanos a los hoteles y la compra-venta de carros y casas–, otros eran complejos e incuestionables –como el cambio de la ley migratoria, el anunciado fin de la dualidad monetaria–, pero otros… a algunas personas se les hace muy difícil de entender.

Desde la más alta tribuna política del país se ha reiterado en los últimos años la necesidad del «cambio de mentalidad» para transformar conceptos erróneos que la propia Revolución engendró en su afán de justicia social, pero que condujeron al excesivo paternalismo y al igualitarismo. Sin embargo, parece que algunos no se han enterado, o están sentados tan cómodamente en sus buroes –aferrados a los viejos métodos– que no se quieren enterar.

Uno de los cambios que más impacto ha tenido en la población ha sido la demandada rectificación a la controversial «ofensiva revolucionaria de 1968», que nacionalizó todos los pequeños negocios, merenderos, timbiriches y quincallas.

Gracias a ello, desde hace un par de años ha resurgido un increíble número de estos pequeños establecimientos privados –fijos o ambulantes, con sus respectivos pregones– que venden cualquier cosa útil al por menor. Sin dudas ha resultado de beneficio para nuestro depauperado comercio minorista y para el pueblo que la consume. Igualmente, ha significado un alivio para la economía de no pocos miles de personas que, en gran parte, deambulaban antes por las calles en el entonces floreciente negocio del mercado negro.

Sin embargo, al parecer, las posiciones dogmáticas aún están vigentes. No demoraron las críticas desde algunos sectores y hasta en el periódico Granma –que se supone debería defender las políticas trazadas por el propio Partido– no faltaba un viernes con ataques incisivos a carretilleros y vendutas, de parte de ciudadanos “preocupados” con el mismo viejo argumento de que «se hacen ricos estafando al pueblo».

Hasta que se decidió, recientemente, convertir en contravención que los merolicos vendieran productos industriales, sean nacionales o importados. A la burocracia le molesta la prosperidad ajena a ella y tiene el poder para destruirla.

No se puede tapar el sol con un dedo. Nuestro comercio interior estatal está lleno de desidia y nuestras tiendas –en pesos cubanos y en CUC– no han sido capaces de brindar una oferta dinámica y satisfactoria a la población. Ya pasaron los tiempos en que las personas dejaban de ser profesionales para vender en una «shopping»… que ni en sus mejores tiempos fueron eficientes.

El pequeño negocio que ha florecido paga sus impuestos y tiene su clientela, eso es lo que más debe importarle al Estado. Ni se hacen ricos ni estafan al pueblo.

Cerrarles esta opción de empleo será volcar nuevamente a las calles a miles de personas que han estado ganando su dinero honradamente –al menos en su mayoría, porque para quienes violen la ley está la policía– y darle renovadas fuerzas al ilegal mercado negro, del cual conocemos demasiado. Sin contar las consecuencias políticas, al facilitarle a aquellos “pesimistas” que confirmen su predicción de que los cambios eran “cosméticos” y “temporales”.

La vieja pregunta de “¿prohibir o regular?” pasa ahora por nuevos derroteros y para asumir los cambios en estos tiempos hará falta, además de un «cambio de mentalidad», cambiar de las decisiones políticas a las personas que –en contra de las políticas trazadas– aún permanecen ancladas en el pasado.

1 comentario:

  1. Te conozco y sé que eres una de las personas más inteligentes y sabias que he conocido pero déjame decirte que vivo en la tristeza al saber cada día y no por El País, El Diario el Mundo o el Miami Herald, que Cuba, desde hace muchos años necesitó y necesita cambios importantes en su modelo económico, sino quiere perder y lo digo con dolor, las más elementales conquistas sociales de la REVOLUCIÓN.

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